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Tusk (2014)

Por el Cine/TV

Tusk (2014)En la nota anterior, Hank Scorpio analizó el pasado reciente de Kevin Smith y los tropezones que precedieron y motivaron "Tusk". Esta vez, la cita es para analizar la última creación cinematográfica del director de culto, acerca de... bueno, mejor que se los cuente la persona que viene investigando el tema.

Desde su limitado estreno en Estados Unidos en setiembre, Tusk ha recibido las críticas más divisivas de la carrera de Kevin Smith. Como es de esperarse, la reacción y aprecio al film dependen de si uno es fan (o no) de Kevin, o a menos abierto a películas con alto contenido "WTF?".

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El argumento es básicamente el mismo que el que se narra en el episodio de SModcast, con los agregados necesarios para justificar la duración de un largometraje. Wallace Bryton (Justin Long, uno de los puntos altos de Zack & Miri Make a Porno), es un famoso, engreído y explotador podcaster, quien se dirige a Canadá en un intento fallido por entrevistar a una versión más morbosa del infame Star Wars Kid de cuando YouTube estaba en pañales. Presionado por conseguir material que justifique el episodio de la semana entrante, Wallace encuentra en un bar un aviso prometedor que lo dirige al domicilio del excéntrico Howard Howe (Michael Parks). Nada es lo que parece y Wallace terminará haciendo honor a su nombre (en inglés Pablo Morsa se llamaba Wally Walrus) de la manera que todos suponemos. Mientras tanto, en los Estados Unidos, su frustrada novia (Génesis "la Pumita" Rodríguez) y su sidekick (Haley Joel "solía ver gente muerta" Osment) se convertirán en el equipo de búsqueda del sufrido Wallace, ayudados por un inspector canadiense muy particular.

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Si bien ha sido promocionada como una película de terror (el tráiler está compaginado de esa forma), Tusk cuenta con varias de las marcas de fábrica de Smith. Damos por descontado las numerosas instancias de humor escatológico, los largos monólogos con cámara fija, cameos a cargo de miembros habituales de su troupe y referencias a granel. Al tratarse de una cinta bajo el nuevo sello de SModcast Pictures, estas últimas no provienen de su célebre y trillado Askewniverse, sino de los cientos de episodios de su archivo podcastero, casi como para afirmar que lo primero ha quedado en el pasado. O al menos hasta que salga Clerks 3. Para los escuchas mas acérrimos, a quienes realmente está dirigida la película, el solo mencionar al Detective Frank Garmin, la hamburguesería Gimli Slider, el jugador de hockey Gregory Gumtree, un ringtone que exclama "more margaritas!", o un cuadro del perro salchicha Shecky probablemente arrancarán una sonrisa de reconocimiento.

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La crítica principal que se le ha adjudicado a Tusk es la inabilidad de Smith (voluntaria para algunos, ineptitud para otros) de decidirse por lo que intenta ser la película. La primera mitad exhibe un manejo de tensión y suspenso inusual en el director, y es una lástima que la segunda mitad desperdicie una premisa más que intrigante a favor de momentos de comedia forzada que no funcionan. La aparición del detective Guy Lapointe, casi un personaje prostético con acento exagerado de Mike Myers, no es más que un extenso cameo de una estrella de Hollywood clase "A", quien trabajó por cacahuetes como favor personal al director. Smith se engolosina de tal forma dirigiendo al actor en cuestión, que no parece siquiera haber editado su improvisada actuación. Si uno escucha el comentario del director en el DVD, las escenas con Lapointe son de hecho las únicas en las que Kevin cierra su bocota. Es en esto que se quizás se lamenta la ausencia como productor y co-editor de Scott "cable a tierra" Mosier*; aunque hay quienes aprueban de este Kevin "sin filtro".

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Independientemente del resultado final, entre los aciertos de Tusk se destacan un mejor manejo de la cámara (algunos dirán, "por fin se mueve"), una narrativa menos lineal y un pelín más compleja de lo que Smith nos tiene acostumbrados (abiertamente influenciada por Pulp Fiction) y el casting de Long y Parks. Long interpreta al protagonista menos querible de la fauna de slackers de Smith como si se tratara de una meta-confesión del director. Por un lado tenemos al "viejo Wallace", un cagón sentimental y marihuanero que solía llorar mirando a Winnie Pooh y nos saturaba con referencias de Star Wars. En contraste, el "nuevo Wallace" es un sorete mercenario que se toma su hobby demasiado en serio (el logo de su podcast es un calco del de SModcast), y se dedica a complacer a sus fans e ignorar a los críticos. Por lo visto al nuevo Wallace no le ha ido tan mal, forrándose de dinero gracias a la venta de remeras, shows en vivo y prospectos para una serie televisiva en AMC (ecos de Comic Book Men). El resto del elenco es, quizás, el primero en una película de Smith que no inspira empatía alguna. Resulta difícil hinchar tanto por Wallace como por su hipócrita novia, quien se aferra en vano a lo poco que queda del viejo Wallace.

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En lo que todos estamos de acuerdo, el hallazgo indiscutido de Tusk, es el fascinante personaje de Howard Howe, el Vincent Price-esco y macabro anfitrión compuesto con maestría por el gran Michael Parks. Howe es, hasta la fecha, el vehículo más eficaz para la engatuzante logorrea de Smith, elevando sus remembranzas de Ernest Hemingway a algo casi de otro film. La primera escena con Wallace enfrenta a dos narradores de generaciones diferentes. Uno landriscinesco, el otro más rialesco, si se quiere. A medida que el terror se hace más palpable, la fachada de Howe deja lugar a un psicópata impredecible. Es una verdadera lástima que Tusk no haya conservado su concepción original, casi teatral, centrada exclusivamente en el claustrofóbico conflicto entre cazador y presa.

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En su lugar, Smith cambia de tono y género abruptamente para enchufarnos a Guy Lapointe, determinado a dar con el escurridizo Howe de una vez por todas. Y es entonces cuando la película se estanca. El rol fue originalmente ofrecido a Quentin Tarantino antes de ser adoptado (y estirado) por un actor que puede (y debe) rendir más, pero que lamentablemente se ha convertido en una triste caricatura de sí mismo. Su largo e innecesario flashback con Parks (un duelo de acentos que nada agrega a la trama) es, extrañamente, la escena favorita del director, prueba de que muchas veces no somos nuestros críticos más objetivos. Este tajante cambio de tono sería el equivalente de si en el medio de El Silencio de los Inocentes apareciera el Inspector Clouseau persiguiendo a Buffalo Bill. (Nota del Editor: o el capitán Stottlemeyer de Monk persiguiendo a Buffalo Bill... ¿cómo estaría eso?)

Un crítico de esos que a Smith lo quieren tanto, lo comparó a cuando, después de mostrarnos la primera mitad de una película inteligente, aparece un inexplicable monstruo de excremento para literalmente cagarlo todo (ver Dogma). Es frustrante ver cómo Smith, digamos que por falta de discipina y auto control, no pueda con su genio y se limite a dejar prendida una cámara delante de Lapointe, seguramente mientras se fuma uno, como diciéndonos, "¿vieron a quién conseguí?". El influyente New York Times fue aún más lapidario cuando afirmó que "hay una efectiva película de terror dentro de Tusk, pero solo dura veinte minutos. El resto es grasa de morsa". Es también probable que, al forzar un film clase "B" deliberadamente malo y sacado de su contexto original (una conversación informal entre amigos llena de copiosas referencias a un universo hermético), Tusk pierda su gracia para la mayoría del público.

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La decisión consciente y cojonuda de alternar y fusionar géneros tan dispares como la comedia y el terror en una sola película no es novedosa, aunque sí algo difícil de lograr. Los ejemplos exitosos son contadísimos, con clásicos innegables como Evil Dead 2, Shaun of the Dead, Dead-Alive, Gremlins o An American Werewolf in London. Tusk arranca con polenta, pero pasada la primera hora renguea transitando la delgada línea entre lo grotesco y lo rídiculo. No alcanza los grados de repulsión de The Human Centipede y su secuela, pero como comedia tampoco es lo más gracioso de Smith. "Ni chicha ni limonada", diría mi abuela.

Aunque Smith no quiera admitirlo, este giro casi nos obliga a considerar a Tusk como una película en dos partes, sin llegar a sentirse tan orgánica como From Dusk Till Dawn o los dos volúmenes de Kill Bill. La primera mitad combina los elementos más inquietantes de Misery, Freaks, Hostel y hasta el documental Grizzly Man. En una hora de metraje, Smith le propone al espectador una fábula de moralidad retorcida con toques de road movie que sabemos que va a terminar mal, además de un homenaje satírico/carta de amor a Canadá. Cuando finalmente vemos la aberrante Franken-morsa de Howe en todo su iluminado esplendor (las sombras y la sutileza nunca fueron características de Smith), la mesura y el poder de sugestión se van al carajo y el terror pasa de ser psicológico a los monstruos ochentosos de Stuart Gordon (Re-Animator, From Beyond). Cuando Smith le pidió al mago de los prostéticos Robert Kurtzman que creara una "morsa-Leatherface" (en referencia al icónico asesino serial de The Texas Chainsaw Massacre), el artista lo tomó literalmente.

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En cierto sentido Tusk sigue la misma fórmula de Red State, con gente joven, arrogante y regalada que cae víctima de Michael Parks. Después de que Wallace padece cosas inenarrables, la cinta termina abruptamente. La diferencia es que en Red State hay un cierto mensaje, mientras que en Tusk no queda claro si la nihilista conclusión es en serio o en joda. Smith nos muestra un desenlace poco creíble pero con cierto contenido emocional, para acto seguido reírse literalmente en nuestras narices por lo que acabamos de presenciar (no se levanten durante los créditos). El ambiguo final ha tenido interpretaciones disímiles. La madre de Smith admitió sentir un poco de compasión por Wallace, mientras que el realizador y sus seguidores sugieren que hay que tomárselo para la chacota. En las manos correctas, Tusk tenía el potencial de convertirse en una pesadilla hecha celuloide. El insatisfactorio final (curiosamente, la única parte del podcast que se muestra tal cual) hace que la película pierda puntos en su conjunto.

Réquiem para una morsa

Para Kevin Smith, el hecho de que tengamos entre nosotros una película como Tusk representa varias cosas. Por un lado, que las ideas pueden brotar en los lugares más inesperados y que prácticamente cualquier persona con un mínimo de tecnología y ganas de expresarse puede crear contenido y hacerlo accesible al público en forma casi inmediata. Por supuesto que la contracara es, justamente, lo que sus detractores sostienen: la celebración de la mediocridad y la existencia de films "que nadie pidió ni deberían existir".

Tusk (2014)

Tusk también es una película feroz, desprolija y fascinante, un exponente del nuevo indie cinema 2.0 de Smith donde la escasez de recursos estimula la creatividad, pero esta vez respaldado por años de experiencia detrás de la cámara. Salvando las distancias con Martin Scorsese y su Wolf of Wall Street, Tusk tampoco parece la obra de un director veterano. Resulta interesante comparar el nuevo rumbo de Smith con las trayectorias de colegas independientes de su generación como Richard Linklater, Robert Rodríguez, Quentin Tarantino, los hermanos Coen o Spike Lee. El realizador sostiene que ha llegado a un punto en su carrera en que ya nada le importa un carajo (si esto es algo positivo o no, queda a discreción del consumidor) y que, de ahora en más, se dedicará a hacer las películas que a él le gustaría ver pero nadie se compromete a hacer. De hecho, la compañía distribuidora de Tusk ya se ofreció a hacer lo propio no solo con Clerks 3, sino también con Yoga Hosers y Moose Jaws, inminentes incursiones dentro del universo canadiense de Tusk, el Askewniverse del nuevo siglo.  

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El desarrollo y la concreción de Tusk invitan a la reflexión: ¿es cualquier idea lo suficientemente sólida como para justificar una película de 100 minutos? Repasando el mentado SModcast #259, una vez que el germen de Tusk parece agotarse, Kevin y Scott empiezan a riffear sobre las "Mejores Galletitas del Mundo" de Bart y Judy, el servicio de una simple pareja estadounidense que con mucho amor hornea sus propias galletas y las envía a domicilio. Por supuesto que tratándose de SModcast, la historia da un giro siniestro cuando Smith se pregunta si el negocio de los tortolitos no es más que una forma de deshacerse de evidencia criminal incriminatoria. No me extrañaría que la anécdota (al igual que tantas otras) sea incorporada a una futura cinta de SModcast Pictures.

Sin que Smith se lo propusiera, también encontré paralelos reveladores con la canción homónima de Fleetwood Mac que figura en una escena clave de Tusk. En su momento el track fue una creación experimental que marcó un giro de 180 grados para la banda en relación a sus álbumes más famosos. Si bien no gozó de las cifras de ventas de, por ejemplo, "Rumors", "Tusk" fue un single divisivo entre los fans más incondicionales del grupo. La letra habla crípticamente de un destructivo affair que deterioró las relaciones entre los miembros de la banda, donde el instinto, los deseos y los impulsos salvajes priman sobre la lógica, lo racional y lo civilizado. Igual que sucede en Pippy Hill, la aíslada mansion de Howe.

Tusk (2014)

El afecto y la lealtad de Smith por sus fans es innegable, y los miles de #walrusyes son prueba de que el sentimiento es mutuo. Sus shows en vivo a menudo se convierten en "charlas motivacionales" donde Kevin los incita a crear su propio podcast ("si yo puedo hacerlo, cualquiera puede"). La triste realidad es que el mercado está saturado desde hace tiempo y solo unos pocos elegidos lo han convertido en algo lucrativo. No cualquier geek puede contar con la fanbase de Kevin Smith para bancar sus propios proyectos... Por otra parte, hay que resaltar que la pasión por lo que uno hace es fundamental para cualquier emprendimiento, por más que pueda convertirse en un arma de doble filo a riesgo de perjudicar la objetividad, la calidad y el buen gusto.

Seguramente le esté buscando el pelo al colmillo (y ande precisando un editor menos generoso que Hijo de Chuck Norris) (Nota del Editor: gracias, querido) pero lo cierto es que Tusk se disfruta mejor en su hábitat natural: como una midnight movie sin pretensiones en una sala llena de fans con ojos vidriosos luciendo precarias caretas de morsa, tal y como sucedió en su estreno oficial en el Festival Internacional de Cine de Toronto. Pero a veces la historia de fondo termina siendo tan o más interesante que la obra en cuestión, de ahí que siga obsesionado con una ridícula película sobre una morsa humana esclavizada que vi hace meses (y fue sacada de cartel a las dos semanas).

Tusk (2014)

¿Es Tusk desastrosamente espantosa o secretamente brillante? ¿Las dos cosas? ¿Un film de culto esperando ser descubierto? ¿Una comedia de humor negro con toques de horror surrealista y moralidad absurda y barata? ¿Una parábola gótica que hubiese funcionado mejor como un corto en blanco y negro sobre la pérdida de la humanidad? Después de tanto tiempo pensando y escribiendo al respecto, me temo que la respuesta es y seguirá siendo #walrusIdon'tknow


*El pragmático de Scott ha decidido estirar sus alas por cuenta propia y hoy en día se dedica a proyectos de lo más diversos. Escribió para la serie animada Ultimate Spider-Man y el largometraje Free Birds y produjo recomendables documentales disponibles en Netflix como Best Kept Secret, A Band Called Death y Milius.

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