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Unbreakable Kimmy Schmidt, temporada 3

Por el Cine/TV

Unbreakable Kimmy Schmidt, temporada 3Trece episodios llegaron y se fueron a gran velocidad, gracias a la alta calidad de los guiones y los personajes establecidos, desde los protagónicos hasta los terciarios. Quizás estemos ante la mejor de las tres temporadas y eso no es decir poco.

Unbreakable Kimmy Schmidt, temporada 3

En la primera tanda de episodios de Unbreakable Kimmy Schmidt, estrenada por Netflix en 2015, conocíamos a la increíblemente positiva joven del título, recién mudada a Nueva York después de una década y media de cruel cautiverio.

Lo primero que nos atrapó de la serie fue la forma como Ellie Kemper encaraba a esa joven que tuvo que hacerse fuerte para sobrevivir y que se encontró con un mundo muy distinto al que existía cuando fue llevada por la fuerza a un búnker subterráneo, sin mencionar que ella ya no era una adolescente y que ahora vivía en una de las principales metrópolis del mundo.

De inmediato conocimos a Titus Andromedon, el extravagante concubino de Kimmy, un negro gay que llegó para recuperar parte de aquel estereotipo homosexual de antaño, una vez que los medios de comunicación aprendieron a mostrar al homosexual como mucho más que una amaneramiento. Y Titus es muchísimo más que eso, claro está, pero además es un personaje que no esconde su femineidad ni sus ganas de llevarse el mundo por delante.

Unbreakable Kimmy Schmidt, temporada 3

El cuadro principal lo completaron Lillian, la delirante dueña del apartamento que alquilan y Jacqueline, la esposa trofeo que le dará a la señora Schmidt su trabajo más estable. Tina Fey produce esta serie con mucho humor al límite de lo "correcto", en especial en lo relacionado al trauma vivido por la protagonista y el evidente estrés postraumático.

Costó acostumbrarse al humor absurdo, que por momentos distraía de historias bien contadas. La propia Fey interpretó a uno de los personajes menos creíbles de ese mundo poco creíble.

La segunda temporada fue irregular, entre intentos de abrazar el absurdo que no necesariamente funcionaban, y cambios en el statu quo de algunos personajes que costó aceptar. Por suerte, el cierre de la temporada fue mucho más fuerte que el comienzo.

Pasó 2016, y este 2017 recibimos la tercera tanda de trece episodios, que en lo personal estuvieron en lo más alto de la serie en cuanto a disfrute. Tanto, que se hacía difícil no mirarlos de corrido, por más que intentara que no se terminaran tan pronto.

Unbreakable Kimmy Schmidt, temporada 3

Un elemento fundamental, que se consolidó en esta temporada, fue la construcción de un universo. Los guionistas ya cuentan con personajes secundarios y terciarios, que a semejanza de los habitantes de Springfield son utilizados para elevar momentos de humor. Lo mismo con referencias tan disímiles como los zepelines de la familia Snyder o el videojuego que parodia a Pokemon Go.

No sería suficiente sin la fuerza de los cuatro protagonistas. Kimmy es quien puede parecer más repetitiva en su búsqueda naif de una forma de ganarse la vida, aunque la labor actoral siga estando en buen nivel. Tituss Burgess tiene grandes momentos, consolidando su personaje de Titus como miserable, pero también muy celoso y capaz de reaccionar como la mismísima Reina B (Beyoncé).

Los parlamentos de Lillian están más afinados y hay menos remates que se extienden durante demasiados segundos, por suerte para Carol Kane. Y la enorme Jane Krakowsi se destaca como nunca desde que comenzó la serie, dejando ya abandonado su papel de rubia tonta.

Hay algunas adiciones interesantes, en especial Peter Riegert (el teniente Kellaway en The Mask) como el archienemigo de Lillian en su lucha contra la gentrificación, un estudiante de filosofía que hace buenas migas con Kimmy, y el compositor amante de las conspiraciones. Pero habrá tiempo y espacio para Xanthippe, Mikey, Mimi, la maravillosa Deirdre, los Snyder, Coriolanus Burt, las otras mujeres topo y Yuko, por supuesto.

Unbreakable Kimmy Schmidt, temporada 3

Cada arco tiene una resolución, aunque no tan clara como para marcar un final de temporada. Lo sé porque cuando terminó el episodio 13, me sorprendí de que era el 13 y que ya no quedaba nada más para ver (snif). La culpa es de Netflix, que ahora te da cinco segundos entre un capítulo y otro, y es menos de lo que tardo en encontrar el control remoto dentro de la batibatamanta que me protege del frío.

Se pasó volando y es una muy buena señal. La serie terminó de posicionarse como una de las mejores comedias de estos tiempos, el elenco sabe lo que está haciendo y los guionistas se aprovechan del universo establecido. ¿La parte mala? Esperar a que llegue una temporada nueva, tarareando una y otra vez la pegadiza música de la presentación. Eso será una... ya sabés... una transición fascinante.

Como siempre, si entienden inglés, eviten los subtítulos en español. A lo sumo pónganlos en inglés, para seguir los diálogos.

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