Home Columnas Delante de la Pantalla Delante de la Pantalla: Carry on, my Wayward Son

Delante de la Pantalla: Carry on, my Wayward Son

Por el Delante de la Pantalla

Delante de la Pantalla: Carry on, my Wayward SonSupernatural fue renovada para una 7ª temporada recientemente, luego de una 6ta serie de 22 capítulos centrados (o re-centrados) en los hermanos Winchester. Las aventuras de Sam, Dean, Bobby, Crowley, Castiel y compañía merecen ser expandidas, por las razones que detallaremos.

Delante de la Pantalla: Carry on, my Wayward SonSupongo que mis patrones de conducta no son un secreto, a esta altura: veo muchas cosas, paso constantemente minuto tras minuto frente al televisor investigando, probando, disfrutando (y detestando) distintas propuestas. De todo lo que consumo, pocas cosas me producen alegrías más viscerales que uno de los shows más parejos, mejor escritos y actuados de toda la televisión norteamericana actual. “Supernatural”, la serie de la CW sobre dos hermanos cazadores de monstruos y demás aberraciones, es esa serie, a mi gusto una heredera espiritual de ENORMES shows como fueron Buffy y Angel. Supernatural es una de las propuestas televisivas más sólidas de nuestros días, como intentaré demostrar en algunos parrafitos breves, a continuación.

Para neófitos y otros desentendidos, “Supernatural” es una serie creada por Eric Kripke que se centra en las aventuras y desventuras de dos hermanos, Dean (Jensen Ackles) y Sam (Jared Paladecki) Winchester, junto con toda una constelación de personajes secundarios que los rodean, apoyan y amenazan, que van desde el rey del Infierno hasta un ángel con voz ronca y un camionero-mecánico con corazón de oro. Como mencioné alguna vez, esta serie, que en un principio comenzó como un 'monster-of-the-week' con toques Buffyescos pero tono más sombrío y lúgubre, fue desarrollándose lenta y metódicamente en complejidad argumental, hasta conformar uno de los momentos televisivos más disfrutables que mi dieta catódica tiene en nuestra contraparte a la temporada de otoño estadounidense.

Delante de la Pantalla: Carry on, my Wayward SonUno de los fuertes indiscutidos de la serie es su apoyatura en actuaciones de primer nivel. Tanto los actores principales como el cast secundario, encabezado por Jim Beaver como Bobby Singer, mentor y padre sustituto de los hermanitos, Misha Collins como el genial angel Castiel y Mark Sheppard como el ácido e ingenioso demonio Crowley, le ponen ganas y alma a sus papeles, generando momentos de genuina calidez, risa o miedo en los espectadores. Sin dudarlo un segundo, pongo entre las primeras cosas que me atraen de la serie las actuaciones de un cast parejo, competente y sólido (además de todo, parecen estar muy a gusto trabajando unos con otros; Jensen, de hecho, fue padrino de la boda de Jared, que se casó con una de las actrices que interpretaron al demonio Ruby en la serie, para que vean que TAN en serio se toman las relaciones interpersonales los actores en la serie).

Delante de la Pantalla: Carry on, my Wayward SonEl punto más sólido de la propuesta, sin duda, es su guión. Supernatural parecía ser en su primera temporada un show de capítulos autocontenidos, con poco desarrollo de un “meta-plot” más elaborado. En forma progresiva, las historias de caza de los hermanos empezaron a complejizarse en tanto se revelaba, como trasfondo, una trama mucho más detallada. En escena entraron, más allá de los demonios, wendigos, cambiaformas, vampiros, hombres-lobo y demás monstruillos, un conjunto de ángeles que empezaron a mostrar la hilacha de un enfrentamiento acérrimo con sus hermanos caídos, con la omisión palpable y notoria de la intervención de un Dios que en la serie se encuentra totalmente ausente. La historia del arranque de la familia en el negocio de “cazar demonios”, protagonizada por un demonio de ojos amarillos y señalada por el trágico destino de la madre de los Winchester, mutó y progresó implicando muertes varias y sacudidas argumentales complejas, hasta llegar a un escenario apocalíptico en el que ángeles y demonios convertirían a la Tierra en un paisaje desolado. La sexta temporada, sobre la que hablaremos en breve, además de suponer la partida de Kripke como guionista regular, implicó una “vuelta a las raíces”, que dejó un cierto gusto amargo a los fanáticos de las líneas argumentales más elaboradas de temporadas posteriores a la primera, pero que convenció progresivamente con la calidad de los guiones implicados. Supernatural volvía así a sus comienzos, sin ignorar su carga previa de historias de vida, muerte, resurrección y mucho rock clásico.

Delante de la Pantalla: Carry on, my Wayward SonEn cierta medida, la historia siempre giró alrededor de dos hermanos, un Impala y un revólver Colt. De todas formas, otros arcos abarcaron temas como el determinismo, la voluntad del individuo frente al destino aparentemente inmutable, el legado de distintas generaciones, la lealtad filial y las familias (dis)funcionales que conformamos en la vida con los que nos importan(y que por más que no compartan sangre ni alas con nosotros, pueden ser considerados tan “hermanos” como los de nuestra familia genética. La historia de los Winchester está plagada de broncas y decepciones monumentales, de escupirle en la cara al destino para hacer un camino propio, de no dejarse vencer por fuerzas increíblemente hostiles que no buscan más que su propia autosatisfacción, de no quebrarse por las piñas en el trayecto, la gente que cae en la lucha o lo desesperante que puedan ser las probabilidades. Es la historia del individuo común y promedio, sin mucho más curriculum que el de poner toda la carne en el asador para que las cosas no se vayan al diablo (o al Diablo).

Delante de la Pantalla: Carry on, my Wayward SonLa forma en la que están desarrollados estos temas merece ser analizada. Los guiones de Kripke y seguidores están cargados de referencias culturales pop, humor autorreferencial y momentos de absoluta genialidad en los diálogos. La serie ha demostrado con creces cómo se pueden lograr visiones absolutamente épicas con un presupuesto relativamente limitado y ganas de escribir guiones interesantes que impliquen dejar la mayor parte de lo que se debería ver a sugestión del espectador. Algunas de las criaturas más espeluznantes de la serie, como por ejemplo los Hellhounds, son invisibles, con lo que se salva elegantemente la brecha entre un muñeco de goma/CGI espantosa y lo que podría llegar a imaginarme en los recovecos siniestros de su propia mente el espectador. Recordemos, el monstruo asusta hasta que lo ves: una vez que el terror se hace explícito y concreto, gran parte del sentido de amenaza se pierde (lección que convendría aprender a un inmenso número de producciones de terror de cuarta categoría de la actualidad). Pero la genialidad en el retrato de los paisajes y personajes no se remite exclusivamente a las criaturas. Las visiones del Cielo, el Infierno y el Purgatorio que la serie nos ha brindado han sido retratos excelentes desarrollados con recursos limitados y altísima efectividad a la hora de transmitir sensaciones sin recurrir a parafernalia o “explosiones” visuales.

Delante de la Pantalla: Carry on, my Wayward SonOtro elemento fundamental que caracteriza a la serie, más allá de su humor más que efectivo, es la rotura de la “4ta pared” que transformó a Supernatural en el show más “meta” que recuerde. No sólo existen legiones de fans de Sam y Dean Winchester en el mundo ficticio de Supernatural, sino que los actores mismos han “atravesado el muro” y terminado en nuestro lado de  la realidad, en el medio del set de filmación de la serie, para acabar en una matanza general de Misha Collins, Eric Kripke, Bob Singer y demás involucrados reales en el show. Con constantes referencias a la conciencia de Sam y Dean como actores de una historia de ficción, cada temporada aumentan más la apuesta en cuanto al número de “guiñadas” para el espectador.

Ahora sí, para quienes estén viendo la serie y no hayan terminado de ver la sexta temporada, comienzan mínimos spoilers específicos que pueden llegar a arruinarles la experiencia. Por favor, si están en este grupo, no lean los siguientes párrafos spoileríficos, que estarán convenientemente delimitados entre líneas horizontales:


Delante de la Pantalla: Carry on, my Wayward SonLa sexta temporada fue bastante atípica, con una “vuelta a orígenes” que, sinceramente no me convenció en sus capítulos iniciales. La idea era interesante, pero no terminaba de funcionar. Ahora bien, cuando la línea argumental empezó a tomar impulso, las cosas mejoraron mucho. La pérdida del alma de Sam, la participación de Muerte, lo siniestro de las motivaciones del abuelo de los hermanos, Crowley y compañía, Castiel vs. Rafael, el Purgatorio y la importancia de las almas, y al final de temporada, la transformación de Castiel y su antagonización (así como el poder ilimitado con el que termina), transformaron a esta temporada de una serie de capítulos pobres en algo digno del manto de una serie que encontró su pico narrativo en la quinta temporada.

No era tarea fácil. Supernatural heredaba un arco de cinco temporadas, con lo que todo reinicio posterior iba a parecer pobre. Gracias a Castiel, las cosas funcionaron y con el final de la sexta tenemos el panorama planteado para una séptima temporada cargada de las cosas que queremos ver en esta historia atrapante: cazadores, ángeles renegados, demonios y monstruos espantosos, humor y mucho rock clásico.


Ya sea en la vida real o en una serie de televisión, no se puede pedir mucho más que esto, ¿no?

Si no están viendo Supernatural, se están perdiendo una de las mejores propuestas guionadas originales del momento. Carguen las armas con sal, dibujen pentáculos en el suelo, y no permitan que nadie les diga cómo van a terminar las cosas, ni siquiera cómo deben empezar, y van a estar en perfecta sintonía con los hermanos Winchester. Que suenen las campanas del infierno mientras un Impala recorre las carreteras perdidas de este mundo abandonado de la mano de dios y que las historias de los individuos comunes que se interponen entre los depredadores y nosotros sean contadas, una y otra vez, mientras un profeta borracho escribe palabras sin sentido dictadas por la voz de una deidad ausente en una máquina de escribir abollada.

El resultado vale la pena y se los recomiendo.

Columnas
next8
Up, up and away!
Valid HTML5 Valid CSS3