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El cine de Terry Zwigoff

Por el El Pito de Lázaro

El cine de Terry ZwigoffEl hombre encargado de llevar al cine a los historietistas Robert Crumb y Daniel Clowes se merecía que le dedicáramos algunas líneas. A continuación, un repaso por la corta (pero muy intensa) filmografía de Terry Zwigoff, director de joyas como Crumb y Ghost World.

Hay historias que merecen ser contadas y, afortunadamente, hay personas que se animan a hacerlo. Fanático del blues de la década de los 20 y 30, y seguidor de la obra del músico Howard "Louie Bluie" Armstrong, Terry Zwigoff (Wisconsin, EEUU, 1949) sintió la necesidad de contar la historia del multi-instrumentista, impulsado por la admiración y con casi nulos conocimientos previos sobre técnicas de filmación. Con la ayuda de terceros que le enseñaron lo mínimo indispensable, filmó en un período de tres años el documental Louie Bluie (1985), sin mayores pretensiones que la de exhibírselo a sus amigos en el living de su casa. Como suele suceder en este tipo de casos, la película no tuvo mayor trascendencia en su momento (tuvo una presencia por demás tímida en el circuito de festivales) alcanzando el reconocimiento y su justa revalorización dos décadas más tarde.

De esta manera un tanto errante dio inicio la carrera cinematográfica de Zwigoff. Su cine trata sobre personajes solitarios, marginales, esos sujetos invisibles que tanto le gustan al historietista Daniel Clowes, por lo que era inevitable que los caminos de ambos terminaran por cruzarse. Pero ya habrá tiempo para hablar de esa relación.

El cine de Terry Zwigoff
La presencia inconfundible de Robert Crumb.

Siempre bordeando un estilo de comedia incómoda, con muchas dosis de cinismo y misantropía, no es casualidad que su siguiente proyecto haya sido un documental sobre Robert Crumb, el padre de la historieta underground norteamericana y con quien llegó a forjar una estrecha amistad.

Titulado simplemente Crumb, el documental se estrenó en 1994 y es una verdadera obra maestra, quizás solamente superada dentro de su propia filmografía por Ghost World (2001).

Zwigoff contextualiza la vida del artista apelando a contar la historia de su dura infancia en New Jersey (Crumb compartió la cama con uno de sus hermanos hasta los 16 años), y como espectador, uno va construyendo los hipotéticos caminos que podría haber tomado la vida del historietista, en lugar de llegar a consolidarse como uno de los artistas más influyentes y venerados de la historieta mundial. Si hay algo que queda claro desde el inicio es que estamos ante una historia de salvación personal a través del arte. De hecho, el propio Crumb así lo manifiesta en los primeros minutos de la película.

La familia ocupa un lugar central en el esquema propuesto por el director, y es así que conocemos a sus dos hermanos, Charles y Max. El primero, depresivo y encerrado en las cuatro paredes de un cuarto del que apenas sale y, el segundo, casi un ermitaño que duerme sobre una cama de clavos y que también tiene una fuerte inclinación hacia el arte plástico.

Crumb aparece como una figura única; uno de esos sujetos difíciles de encasillar y que por ello tanto incomodan a determinados círculos del mundo del arte. Así como no encajó en la secundaria, paradójicamente tampoco lo hizo en la década de los 60, a pesar de ser la etapa de éxito más importante de su carrera. Estamos en la época de la primavera hippie, con Crumb haciendo portadas para discos de Janis Joplin, y con su arte entrando en sintonía con los aires de liberación sexual de la época (el gusto por las mujeres voluminosas y sus distintos fetiches son temas siempre presentes en su obra). Pero claro, Crumb no era un hippie y tampoco pretendía serlo, porque Crumb es Crumb, un sujeto que logró sobrevivir a sus propias locuras y obsesiones convirtiéndolas en el objeto de su arte.

En ese sentido, Zwigoff lo muestra como una fuerza creativa imparable, continuamente alerta del entorno para plasmarlo en trazos en su libreta. Alguien que no se detiene a pensar en lo que hace, sino que simplemente lo hace.

A pesar de su éxito, Crumb sigue siendo un marginal, alguien que, quizás sin proponérselo, dinamita desde adentro el sueño americano. Como muestra de ello, Zwigoff pone también en pantalla testimonios de quienes acusan al artista de misógino, racista y hasta de pornógrafo.

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Enid y Rebecca, habitantes de un mundo fantasma.

Con Crumb, Zwigoff consiguió un documental soberbio y quedaba entonces por ver cuál sería su siguiente paso. Y el hombre no defraudó. Cruzando a la vereda de la ficción, se daría la mano con otro maestro de la historieta, Daniel Clowes, para llevar al cine una de sus obras más emblemáticas, Ghost World.

Estrenada en el 2001, es la historia de Enid y Rebecca (Thora Birch y Scarlett Johansson, respectivamente), dos adolescentes que están viviendo los últimos coletazos de la secundaria, con la interrogante que significa el futuro en esa etapa de la vida. Solitarias, irónicas, inteligentes y siempre con comentarios filosos respecto a quienes las rodean; típicos personajes del universo del director.

Enid, a simple vista la más dura de la dupla, comienza a forjar una amistad con Seymour (un gran Steve Buscemi), un coleccionista de viejos discos de blues de las primeras décadas del siglo pasado (¿les suena?). En definitiva, dos almas solitarias que se encuentran. Pero claro, acá no hay finales felices. O sí, dependiendo de cómo uno lo mire. El personaje de Seymour fue creado especialmente para la película, tomando algunos elementos de un par de personajes que sí aparecen en la historieta y, por qué no, también del propio Zwigoff.

Ghost World le valió a Zwigoff y Clowes una nominación a los premios Oscar en la categoría de mejor guión adaptado y es, para quien escribe, una de las mejores adaptaciones (sino la mejor) de una obra comiqueril a la gran pantalla.

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La famillia menos pensada de Bad Santa.

Tras el buen recibimiento de Ghost World, tuvo la posibilidad de trabajar con los hermanos Coen en un proyecto producido por ellos pero que habían declinado dirigir. De esta manera nace Bad Santa (2003), película que nuevamente tuvo una muy buena aceptación, pero cuya realización le significó varios dolores de cabeza.

Protagonizada por Billy Bob Thornton, Bad Santa es la historia de uno de esos Papa Noel que se pueden encontrar en los centros comerciales en épocas navideñas y que en sus ratos libres se dedica a saquear la caja fuerte del sitio de turno.

Como no podía de ser otra manera (más aún en una película de Zwigoff) el Santa de Thornton es un borracho agresivo y despreciable que va acompañado de su colega, un enano-elfo interpretado por Tony Cox, y que mantiene una relación seudo amorosa con Sue (Lauren Graham, la madre en la serie Gilmore Girls), una mujer que tiene un fetiche con la figura de Santa y que mantiene sexo con Thornton (disfraz incluido) mientras le grita "fuck me Santa!".

La cosa no es tan sencilla y en la vida de Santa aparece un gordito simpaticón, solitario, y que está convencido de estar en presencia del mismísimo gordo regalero.

Sin dudas, toda una galería de personajes absolutamente disfuncionales, que poco a poco comienzan a forjar un vínculo especial, y en donde Zwigoff parece darnos a entender que a veces la verdadera familia puede encontrarse en el lugar menos pensado.

A no confundirse: no hay en Bad Santa una historia con una moraleja edulcorada, sino una comedia negrísima y repleta de cinismo. De hecho, aquellos dolores de cabeza que mencionaba unas líneas más arriba surgieron a partir de ciertos tires y aflojes con el estudio, el cual pretendía incluir algunos momentos que hiciesen la película más apta para el consumo masivo, lo que generó que se negara a participar de la filmación de determinadas escenas. (1)

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El maestro y el alumno en Art School Confidential.

Bad Santa fue otra piedrita en el zapato del sueño americano (¿qué más antinorteamericano que un Santa borracho y depravado?) y un nuevo punto alto en la carrera del director. El último trascendente, antes de lo que él mismo denominó un "fiasco": Art School Confidential (2006).

Luego del intermezzo de Bad Santa, Zwigoff retornó al universo Clowes para llevar al cine la adaptación de una de sus historias cortas (cuatros páginas publicadas originalmente en la serie Eightball), titulada Art School Confidential.

La película cuenta la historia de Jerome, un joven que desde niño tiene inclinaciones hacia el dibujo y la pintura, y el choque que para él significa su ingreso a una escuela de arte, en la que se da de frente con una realidad bastante distinta a la que idealizó.

Si bien la palabra "fiasco" es un tanto desmedida, no deja de ser cierto que se trata de una película despareja, con claros problemas de ritmo y rebusques argumentales que terminaron atentando contra su ejecución. En líneas generales, la película fue destrozada (en la taquilla y en la prensa especializada), quizá con bastante más saña de la que ameritaba.

El principal acierto de la cinta se encuentra en la manera en que se narra la debacle de Jerome (interpretado por un apenas correcto Max Minghella), que va desde su idealización inicial del mundo del arte hasta su condición final de búsqueda del éxito a como dé lugar.

Si bien el guión corrió por cuenta del propio Clowes, la no intervención de Zwigoff en el mismo posiblemente tenga algo que ver con el ciertamente decepcionante producto final.

Art School Confidential fue un tropezón importante en una carrera que venía en pleno ascenso, y tan duro fue el golpe que desde el 2006 hasta hoy no hay certezas respecto a cuál será su nuevo proyecto. Ojalá reaparezca pronto. Hay una fila enorme de personajes que están esperando por él.


(1) hace un par de años se lanzó en DVD una edición con un corte que respeta el guión tal como fue concebido originalmente, de punta a punta.

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