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Inútiles - Crisis en finitas

Por el Inútiles por 5.000
Inútiles - Crisis en finitas

Todo coleccionista de cómics en algún momento debe haberse enfrentado al creciente problema de espacio dado por la acumulación de cada vez más ejemplares en su biblioteca. Repasamos aquí algunas alternativas existentes para su correcta administración y conservación, esperando que alguna les sirva.

Antes de arrancar, sepan que esta nota es casi tan vieja como este sitio. El título se me ocurrió mucho antes de encontrarle la vuelta a la temática. Y aún más tiempo pasó para que finalmente me decidiera a escribirla. Resultando este hermoso choclo que espero puedan disfrutar.

Llega un momento en la vida de todo coleccionista en que las revistitas esas que juntamos mes a mes empiezan a ganar cada vez más espacio en la biblioteca. Además, su estructura, extremadamene flexible y en ciertos casos fácilmente deteriorable, es un dolor de cabeza a la hora de decidir de qué manera almacenarlas. Sumado a que claramente el papel que las convierte en lo que son no fue pensado para climas húmedos como el nuestro. Así que la solución es protegerlas o resignarnos a que el tiempo ponga cada cosa en su lugar, que en nuestro caso sería el basurero más cercano.

Cuando la colección está en pañales, seguramente la opción más efectiva sea mantenerlas en bolsitas especialmente diseñadas, con su correspondiente cartoncito para mayor firmeza. Suavizando de esta manera el deterioro por humedad, polvo y dobleces involuntarios. Pero la solución más efectiva no implica ser la más práctica. Recordemos que más allá de todo, esto es un hobby y lo divertido está en disfrutarlo, olerlo, tocarlo.

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Vista detallada de una típica estantería de finitas.
Delante de ellas, un guardián de biblioteca. De esos que algunos incautos confunden con macaquitos.

Cuando el hobby crece, cada centímetro pasa a ser un bien preciado, y tanta bolsa y cartoncito comienzan a comernos espacio vital para el crecimiento (siempre saludable) de la colección. Allí es entonces donde arrancan los verdaderos problemas y una pregunta sencilla pasa a tener una respuesta no tan trivial. ¿Qué hacer con tanto papel? Relegarlo a un rincón olvidado de nuestro hogar seguramente sea la última de las opciones, reservada para cuando la batalla esté completamente perdida.

Algunos temerarios deciden cortar por lo sano e ir poco a poco migrando su colección de finitas a tps (trade paperbacks). Esos objetos del demonio que recopilan varios cómics (generalmente seis) en cuidadas y compactas ediciones, quitándole parte de la gracia a eso de seguir una serie mes a mes, siendo a veces decisivos incluso para fijar la extensión de los arcos argumentales de nuestros personajes favoritos, ganándoles pulseadas hasta a los guionistas más pintados. Pero hay que reconocerles a los tps que por lo general reducen algo el volumen y mejoran en protección, además de lo lindo que se ven todos juntos de lomito.

Quienes han perdido completamente el corazón, deciden que el papel es prescindible y comienzan a ver su colección como una secuencia interminable de bits, sin ningún tipo de sustancia, pero que nunca envejece y es una papa de mover en las mudanzas. Para quienes aún creemos que el tacto y el olfato son parte esencial de este asunto, mecanismos que nos ayudan a volver atrás varios años, cuando nuestro mayor temor era aparecer en la lista negra de Ultratón o ir a tomar Fanta con Pelusita, esta solución es lo más parecido a que Superman decida un día cortarse el mechón de la frente. Va a seguir estando ahí, pero nunca será lo mismo.

Así que si nuestro anhelo es que las finitas sigan formando parte de nuestras vidas, algo tenemos que hacer. Soluciones existen muchas y a continuación paso a enumerar algunas.

Bolsas

Las bolsas popularmente han sido la primera línea defensiva para la preservación de nuestros cómics. Las dos opciones más difundidas son las de mylar y las "poly" (de polipropileno), siendo las primeras las de mayor aceptación (y también las más costosas).

En teoría las bolsas de mylar tienen una gran cantidad de cualidades que superan a las poly en términos de conservación. En un primer acercamiento se las nota mucho más firmes al tacto, además de venir con una solapita que nos permite "sellar" el cómic como si estuviese dentro de un sobre. Algunas incluso poseen una banda de pegamento añadida que nos evita el tener que recurrir a la cinta adhesiva para mantener la solapa en posición (si se deciden por esta opción, les recomiendo las que tienen el pegamento en el frente opuesto de la bolsa, en lugar del interior de la solapa).

Ambos tipos de bolsa pueden encontrase en el mercado en varios tamaños, siendo las poly las más comunes y diversas. Las de mylar sin embargo pueden "fácilmente" conseguirse en tamaños específicos para los diferentes formatos de cómic1. Aunque si nuestra preferencia es almacenar arcos completos en una misma bolsa, en algunos casos éstas últimas quedan directamente fuera de competencia. De todas formas es posible almacenar aproximadamente unos 12 cómics en una bolsa de mylar... vean si no:

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Batman #608 a #619 (las 12 entregas de Hush) dentro de la misma bolsa de mylar.

En la práctica la mayor diferencia que se percibe entre una y otra es que las poly comienzan a volverse "rugosas" con el paso del tiempo, generando notorias ondulaciones sobre su superficie. Mientras que las de mylar se mantienen siempre lisas, lo que en comparación las hace más robustas.

TIP: Si optamos por guardar más de un cómic por bolsita, lo mejor es ir rotándolos al apilarlos de manera de alternar sus lomos de izquierda a derecha. De esta forma entra alguno más por paquete y evitamos el molesto efecto de "u" o "abananamiento" que mayormente afecta a las tapas.

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Prueba #1: pila alternada vs. pila sin alternar, ambas con 25 cómics.
Noten cómo en la segunda pila los cómics superiores comienzan a curvarse sobre la izquierda.

1 El formato comic book fue cambiando su tamaño con el paso del tiempo, volviéndose más angosto. Así que las bolsas de mylar se fabrican según las diferentes Edades a las que puede pertenecer un cómic: Magazine (las más anchas), Golden, Regular/Silver, Current (las más angostas).

Backing Boards

Los backing boards son esos cartoncitos blancos que por lo general se emplean cuando los cómics se almacenan en forma individual, es decir, de a uno por bolsita. Cada cómic es colocado junto con su correspondiente backing board dentro de la bolsa, otorgándole una mayor firmeza que lo protege de dobleces involuntarios y conserva mejor sus esquinas.

Estos cartoncitos, especialmente diseñados, son libres de ácido, lo que garantiza que no repercutirán negativamente en la conservación del cómic. Al igual que ocurre con las bolsas, vienen en diferentes tamaños que también se corresponden con las diferentes Edades.

Como ya mencioné más arriba, el mayor inconveniente se presenta cuando nuestra colección comienza a crecer, ya que en una estantería con 100 cómics implica que haya a su vez 100 cartoncitos entre ellos. Así que cuando el espacio apremia y una nueva biblioteca no es una opción, los backing boards comienzan a ser vistos con diferentes ojos y a ser el centro de atención a la hora de prender el fuego en un asado con amigos, 100% acid free.

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Prueba #2: 50 backing boards apilados equivalen a Hush + Broken City + As the Crow Flies = 23 cómics.

Comic Binding

Una opción un tanto más drástica es el comic binding (literalmente: encuadernado de cómics), que básicamente implica convertir determinado volumen de finitas en un vistoso tapa dura, generalmente cosido a mano para una mejor manipulación. Pero bueno, si hacemos esto, en la práctica estaríamos dejando de tener una colección de finitas, sumado a la consiguiente pérdida de su valor individual en el mercado. Algo a tener en cuenta si de verdad pensamos algún día pasarlas a cobre, o nomás sea para jetear entre nuestros conocidos.

Varias discusiones han habido sobre este tema, que de hecho posee su propio sitio web: comicbinding.com

El método CGC (Certified Guaranty Company)

Cuando enviamos uno de nuestros cómics para que sea graduado por la CGC2, este regresa envasado al vacío y dentro de un plástico protector, junto con el correspondiente certificado de garantía según su grado de conservación: Mint, Near Mint, Fine, Good, Poor, etc. Es en ese momento cuando el objeto cómic se convierte en un cuadrito.

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Action Comics #1 graduado por CGC en 8.5 sobre 10 (Very Fine Plus).

Donde se nos ocurra sacarlo de su protección, la garantía se pierde y es necesario volver a enviarlo a la CGC si es que queremos que recupere el pedigree. Además, estamos pagando simplemente para que un tercero nos de su opinión, que por más experta que sea sigue siendo subjetiva, hecha a ojo, sin ningún método científico que la respalde... aunque sería muy iluso desconocer que para la mayoría, la palabra de CGC "es ley".

Así que nomás sería recomendable conservar un cómic de esta manera si de verdad consideramos que podemos llegar a venderlo en un futuro y que mientras tanto no pensamos volver a leerlo, sentirlo u olerlo. Si lo que queremos es un adorno, hay opciones más económicas que involucran un buen scanner y un marquito hecho a medida. Aunque gustos son gustos y cada loco con su tema.

2 CGC no es la única compañía que se dedica al graduado de cómics, pero sí la más antigua y reconocida.

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Obviamente existen muchas más alternativas. Tenemos por ejemplo las bolsas tipo ziploc, los folios transparentes perforados (ideales para almacenar en biblioratos), carpetas plásticas, cajas archivadoras y un largo etcétera. Casi tantas posibilidades como el espacio y recursos que tengamos disponibles.

A un click están los comentarios para compartir opciones y/o sugerir alternativas. Quién les dice que no se encuentren con la respuesta que mejor le calce a su colección.

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