Home Columnas Preso de mis palabras Preso de mis palabras, capítulo 7

Preso de mis palabras, capítulo 7

Por el Preso de mis palabras

Preso de mis palabras, capítulo 7Si creemos lo que nos dice el autor menos vendido de la editorial, sobre las experiencias personales que se cuelan en lo que uno escribe, este muchacho no tuvo una buena semana. ¡Qué importa! Lo importante es que nos trae, de manera gratuita, un cuento sobre "My Little Pony".

Preso de mis palabras, capítulo 7

"¿Cuánto hay de biográfico en tus papiros?". Si me dieran una moneda por cada vez que escuché esa pregunta, seguiría encerrado en esta celda sin una sola moneda. Pero si algún día empiezo a tener lectores y ellos tienen esa duda y sus dudas se cobraran en monedas... supongo que tendría unas cuantas monedas.

Algunos piensan que por vivir encerrado no se puede escribir acerca de experiencias personales. Se nota que no leyeron mis cuentos "La rata que viene a visitarme por las noches", "La pelela desbordante" y "Escuché a los guardias conversando y creo que hablaban de mí". Ni esos ni los otros, como ya fue establecido en el primer párrafo.

Todo lo que me ocurrió desde 1980 hasta ahora determinó que hoy esté encerrado en el palacio de la editorial, escribiendo para sobrevivir. Podría haber elegido otro camino, pero decidí ser el artífice de mi propio fracaso.

Esto significa que incluso en los papiros sobre ciencia ficción o visitas extraterrestres hay un poco de todo lo que leí, todo lo que miré por televisión y lo poquito que viví.

Después, por supuesto, están aquellas historias "basadas en hechos reales", aunque cambie algunos detalles para no ofender a las personas involucradas y cambie algunos finales para que no sean todos tristes.

Sí, hoy no es mi mejor día en la celda y se está reflejando en el texto. Así que por la vía de los hechos estoy demostrando cómo lo que me pasa termina colándose entre las cosas que escribo.

Preso de mis palabras, capítulo 7

¿En qué estaba? Ah, que en un momento vinieron los guardias a buscarme porque (otra vez) fui el escritor menos vendido del palacio y saben lo que eso significa: ejecución por decapitación.

Esta vez ni me resistí. No porque tuviera fe en otro episodio de sueño del Sultán, sino porque cualquier cosa iba a ser mejor que quedarme encerrado comiéndome la cabeza. Aunque eso significara que seguía pegada a mi torso.

Llegué hasta donde estaba el pope de la editorial, pedí que acercaran un banquito y coloqué el cuello en uno de los bordes, para hacer más fácil el trabajo al operador de la cimitarra. Al Sultán no le hizo mucha gracia que no opusiera resistencia y decidió esperar hasta que se me pasar la tranquilidad.

Se durmió antes de que eso sucediera. Yo aproveché para leer un cuento viejo, de uno de mis papiros más autobiográficos y el que lo inició todo: Sobredosis Pop (2003). Como lo mío nunca fue la coherencia (ni el valor, ni la iniciativa, ni la lógica) elegí un cuento que no tiene un pelo de anecdótico, excepto el hecho de que mi hermana miraba la mencionada serie televisiva y yo seguramente la miré alguna vez con ella. Chau, me guardo otra semanita.


My Little Pony

Preso de mis palabras, capítulo 7La cita era en la glorieta al salir el sol, y minutos antes ya se hallaban dos Little Ponies esperando la llegada del resto de la pequeña tropilla. Allí estaban Espuma de Mar, (la más sabia, y quien había concertado la cita) y su hija, Espuma de Meo. Bajo los primeros rayos del Astro Rey exhibían sus largas cabelleras, sus coloridos cuerpos y sus exclusivos accesorios: peines, cepillos, peinecitos, cepillitos y espejitos de colores. Batteries not included. Each sold separately.

Tan pronto como comenzó a aclarar, trotando por la pradera hicieron su aparición Sol de Invierno, Estrella de Ninja, Hombres de Negro y Pedazo de Alcornoque. Luego se les fueron uniendo Guisos de Abuela, Algodón de Azúcar, Ave de Rapiña, Robert de Niro, Probabilidad de Chaparrones y Calambre de Huevo.

-Aún faltan dos de nosotros. -dijo Estrella de Ninja, haciendo un recuento.

Uno de los ausentes apareció tan pronto terminó de decir la frase. Se trataba de Flecha de Plata, que venía bajando por el arco iris, luego de una pasantía de dos meses con los Ositos Cariñosos (también conocidos como Cariñositos). Su descenso era algo agitado, ya que la bosta que había dejado en el arco iris en el viaje de ida lo hacía resbalar. A pesar de todo llegó sano y salvo a la glorieta, con todos los demás.

Entonces Ave de Rapiña le preguntó a Sol de Invierno:

-¿Dónde está Carré de Cerdo?

-La última vez que lo vi estaba en la despensa. Con toda la alfalfa, el heno y la paja terminará sumamente gordo.

-¡Y le saldrán pelos en los cascos! -interrumpió otro Pony, que estaba escuchando.

-Oh, Flecha de Plata, cállate. Sabes que eso es sólo un mito.

Para evitar que el mitin continuara desvirtuándose, Espuma de Mar debió tomar la palabra:

-¡Silencio! Comenzaremos los festejos sin él.

La voz de Espuma de Mar lo decía todo. En realidad no la voz propiamente dicha, sino las frases moduladas con ella. Más precisamente: "¡Silencio! Comenzaremos los festejos sin él". Con esto, la cuadrúpeda retomó las riendas de la conversación.

-Como todos sabrán, nuestra querida amiga Batida de Coco está a punto de dar a luz, y tal como indica la tradición Pony, es el deber del resto de nosotros asistir al nacimiento de un nuevo miembro de la comunidad. El granjero me ha comunicado personalmente que la frecuencia de las contracciones de la futura madre sufre de una aceleración superior a g (tomando g=10 m/s2). ¡El pequeño ya llega!

En ese momento partieron hacia el establo, emitiendo un fuerte y fingido relincho de alegría.

El granjero estuvo presente durante el parto. Siempre estaba presente, porque siempre era el padre del animal que estaba por llegar al mundo (¿de qué otra forma, si no, podrían existir animales que hablan?).

Al recién nacido lo llamaron Hernia de Disco. A continuación, la manada le eligió un símbolo que se adecuara a su nombre, optando por un óvalo que representaba una vértebra y un rayo que lo atravesaba. En ese momento el granjero se retiró a la forja, y por los próximos 45 minutos permaneció en ese lugar, ajeno a las miradas del resto.

Hernia de Disco tenía la piel blanca y unos largos cabellos rubios, y sus ojos eran verdes como sapo de otro pozo. Los demás Ponies estaban embelesados y hacían macacadas, provocando la risa del pequeño. El arco iris se hizo evidente cruzando el cielo azul y las preciosas criaturas del bosque bailaban y componían odas en honor al potrillito, que se disponía a iniciar una siesta. Todo era perfecto.

El granjero volvió al establo cargando en sus manos un pesado fierro de marcar animales. El extremo estaba al rojo vivo, como recién sacado del fuego, y en él se hallaban esculpidos con gran maestría el óvalo y el rayo, los símbolos de Hernia de Disco. La sonrisa nívea del bebé dio paso al rostro del más tremendo horror imaginable. Mientras el recién nacido luchaba con todas sus fuerzas por escapar de aquella infame tortura dando pequeñas coces, el resto ayudaba al granjero sujetando las extremidades del indefenso caballo. Todos los Ponies adultos observaron hipnotizados por el morbo el momento exacto en que el hombre utilizaba el utensilio ardiente para desintegrar la epidermis del jovencito. Luego de dejar el fierro durante 5 o 6 minutos, de manera que los trazos permaneciesen nítidos, retiró su herramienta. Este movimiento lo realizó con alguna dificultad, ya que la carne viva del potrillo se asía del metal como una sustancia pegajosa. Durante todo ese rato los bellos ojos de Hernia de Disco casi salieron de sus órbitas, y de no haber sido por la apretada mordaza (que su propia madre le puso) sus gritos se hubieran oído en la tierra de Frutillitas. Cuando lo liberaron permaneció quieto, paralizado del terror, sudando copiosamente y castañeteando los dientes.

Mientras él se recuperaba de la traumática experiencia, los demás Little Ponies salían a la pradera a jugar al vóleibol, a peinar y cepillar sus crines y a tomar baños en su establo.

Columnas
next8
Up, up and away!
Valid HTML5 Valid CSS3