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Reseña: Avengers #1 a #6

Por el Reseñology

Reseña: Avengers #1 a #6Con Bendis fuera de los Avengers, es hora de que Jonathan Hickman le imprima su sello a los personajes más emblemáticos de La Casa de las Ideas. Ya no más héroes conversando alrededor de una mesa durante páginas y páginas, ahora la mano viene por el costado cósmico. ¡Bienvenido sea!

Reseña: Avengers #1 a #6

Luego de 8 años al frente de la franquicia de los Avengers, el guionista Brian Michael Bendis partió hacia nuevos y mutantes horizontes. Quizás, y sin quizás, lo haya hecho un tanto más tarde de lo que a varios les hubiese gustado, con un conjunto de series que pedían a gritos, y desde hace un buen tiempo, un cambio de timón. Tampoco es cuestión de caerle a Bendis ya que gracias a él, en aquel lejano año 2004 en el que tomó las riendas de estos personajes, el grupo más emblemático de la Casa de las Ideas volvió a los primeros planos luego de navegar en la incertidumbre durante un importante período.

La era Bendis comenzó con una pateada de tablero (el recordado arco Disassembled), para de inmediato meterse de lleno en la construcción de una historia que tendría su gran explosión años después en el evento Secret Invasion. Para ese entonces, los Avengers de Bendis ya habían dejado de interesarme, por motivos que no vienen al caso y que quedarán para una futura nota que posiblemente nunca escriba (en lo más íntimo de mi ser, creo que nunca logré perdonarle House of M y aquel infame "No more mutants").

El nuevo status quo posterior a Secret Invasion mostró lo último verdaderamente valioso de sus Avengers, con una serie como Dark Avengers que recuperaba el pulso narrativo perdido, y que mostraba a un Norman Osborn interesantísimo y siempre al límite del colapso emocional.

Tiempo más tarde vendría el relanzamiento de la franquicia de la mano de la nueva Heroic Age, aunque poco me interesaba lo que tenía para decir.

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Uno de los clásicos esquemas gráficos de Jonathan Hickman

La noticia de la llegada de Jonathan Hickman a partir de la iniciativa Marvel NOW me devolvió las esperanzas, en tanto se trata de un guionista que ha demostrado tener grandes ideas y una capacidad para contar historias a partir de una estricta planificación, como lo atestigua su paso por los Fantastic Four o Secret Warriors. Si además era capaz de volcar en los Avengers algunos de los conceptos barajados en sus trabajos más personales, el combo no podía ser más auspicioso.

Los seis números contemplados en esta reseña presentan una estructura distinta a la que Hickman ha elegido para sus anteriores títulos superheroicos, con un arco argumental inicial de tres números, seguido de otros tres focalizados cada uno de ellos en un personaje distinto, sin que esto signifique detener la marcha de una locomotora argumental que tendrá su desenlace parcial al final del número 6.

Para el inicio (y sólo para el inicio), Hickman recurre a un grupo reducido de personajes que serán de rápida identificación para quienes hayan llegado al cómic siguiendo los pasos de la película de Joss Whedon. Por ahí andan el Capitán América, Iron Man, Thor, Hulk, Black Widow y Hawkeye. Sin embargo, de inmediato, Hickman deja en claro que la tónica de sus Avengers será de dimensiones épicas, y en sintonía con la fuerte tendencia cósmica que ha estado predominando en la Casa de las Ideas y de la que él es uno de los principales impulsores. Ya no más personajes conversando en una habitación a lo largo de páginas interminables (Bendis, te estoy mirando). De hecho, los primeros tres números recuerdan a aquellos de Grant Morrison en JLA, con un equipo conformado por el núcleo principal de personajes de la editorial haciendo frente a una amenaza proveniente del algún rincón del universo.

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Los Avengers atrapados por The Garden, en los lápices de Jerome Opena

Luego de un par de páginas en las que se muestran una serie de sucesos de los que recién tomaremos conocimientos en los números por venir, Hickman traslada la atención a Tony Stark y Steve Rogers, quienes llegan a la conclusión de que las amenazas son cada vez más poderosas a interminables, y por lo tanto, no queda otra que la expansión del grupo. "We have to get bigger" es la sentencia, y el Avengers World del título cobra más sentido.

Para clarificar este punto, Hickman enfrenta a los Vengadores a un grupo llamado The Garden el cual, tomando como base de operaciones a Marte, tiene por objetivo transformar al planeta Tierra y convertirlo en un lugar mejor. Por supuesto, su noción de "un lugar mejor" es bastante discutible. Rápidamente los Avengers caen, y el Capitán América es devuelto a la Tierra a modo de advertencia. Por supuesto, esta gente no cuenta con que el Cap volverá, y que lo hará con un grupo multiplicado.

Si hay algo para criticarle a Hickman en el cierre de este mini arco argumental es la resolución del mismo, con unos Avengers triunfales gracias a la intervención de un personaje demasiado conveniente para la destrabar la situación.

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Hyperion minutos antes de desembarcar en nuestro universo

A partir del número 4 y durante las dos entregas siguientes, la atención de cada episodio se concentra en uno de los nuevos miembros del equipo. Se trata de una elección que funciona bien en las circunstancias actuales de publicación (Avengers es un título que cuenta con dos números por mes, a diferencia de las tradicionales series mensuales), y que de ninguna manera atenta contra el ritmo narrativo (sí contra nuestro bolsillo, pero ese es otro cantar).

Por supuesto, en ese doble juego que se plantea entre la presentación del personaje en cuestión y el continuar con la historia de fondo, algunos números están mejor resueltos que otros. Precisamente son los números 4 y 5, dedicados a Hyperion y Smasher, respectivamente, los que entregan las historias más interesantes.

Hickman presenta una nueva versión de Hyperion, que si bien toma algunos rasgos de las varias encarnaciones que ha tenido el personaje, en todo momento respira aires renovados. Se trata de un número que encierra más elementos de los que uno podría detectar en una primera lectura y que posiciona a Hyperion como un personaje central en el esquema del autor. Un número que cobrará significancia a medida que avancemos hacia las entregas posteriores de la serie. Asimismo es el capítulo en el que se nota la mano del Hickman más personal, en tanto introduce en el origen del personaje algunas reflexiones de corte filosófico-social, y en ese sentido, recuerda a su trabajo en Red Mass for Mars.

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Smasher y su destino en la Guardia Imperial de los Shi'ar

El capítulo de Smasher (Isabel Dare) muestra que detrás de todo héroe suele haber una importante historia personal, y es junto al de Hyperion el que tiene una mayor carga emocional. Nuevamente, la acción tiene lugar mayoritariamente en el espacio, esta vez en el ámbito del Imperio Shi'ar. Inteligentemente, Hickman traza de manera muy acertada el contraste entre el origen terrestre y campesino del personaje, con su destino como soldado de la Guardia Imperial.

El número 6, centrado en la nueva Captain Universe seguramente sea el más flojo. Sin embargo, ante la dificultad que debe significar escribir sobre un personaje que virtualmente lo puede todo, Hickman opta por un encare que apela a su costado humano, nuevamente con un contrapunto, esta vez entre la faceta omnipoderosa del personaje y su arista más frágil y vulnerable, con una historia de vida dolorosa y pesada para llevar a cuestas.

Hickman no está solo, y en estos primeros números tiene la compañía de los dibujantes Jerome Opeña y Adam Kubert. Opeña, quien se encarga del mini arco inicial, es un artista que cobró notoriedad recientemente en su pasaje por la aclamada serie Uncanny X-Force de Rick Remender. Su estilo, ultra detallado y de viñetas amplias, le imprime a los números en los que participa un toque widescreen que calza a la perfección con el tono buscado. Hay que decir que su trabajo se destaca cuando quien lo acompaña es el colorista Dean White, sin dudas, uno de los más competentes de la actualidad. En los números 2 y 3 White es auxiliado por otros colegas y cuando son ellos quienes intentan darle vida a los trazos de Opeña, el resultado no es tan satisfactorio.

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Captain Universe en plena sesión de terapia

Los números 4 a 6 corren por cuenta de un viejo conocido, Adam Kubert. Nadie va a negar la calidad del trabajo de uno de los hijos del gran Joe, aunque por momentos, en especial en el número 4, se nota que los tiempos apremiaban. Ya más asentado para los números siguientes, los lápices de Kubert adquieren la calidad a la que nos tiene acostumbrado, aunque uno no puede dejar de extrañar a Opeña. Kubert, a diferencia de aquel, opta para su número inicial por largas viñetas verticales, que serían el horror de más de un claustrofóbico. Esto se modifica para los números de Smasher y Captain Universe, y el barco retoma su rumbo.

Para el final del número 6, queda la sensación de que todo recién comienza. La revelación, cuyas pistas fueron apareciendo en cada una de las distintas entregas de la serie, promete la reinvención de un concepto ya manejado en el universo Marvel hace un par de décadas, y que en manos de Hickman puede alcanzar una nueva "luz" (pun intended).

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