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Reseña: Demon Knights #4

Por el Reseñology

Reseña: Demon Knights #4El asedio al pueblo en donde se encuentran los protagonistas parece no terminar más, y el guionista decide dedicarle tres cuartas partes del cómic a una visión con características de flashback. Lejos de congelar la acción, revela elementos que la aceleran en direcciones inesperadas.

Reseña: Demon Knights #4

Reseña: Demon Knights #4En la primera página, el Caballero Luminoso está lamentándose de la muerte con la que cerraron el número anterior, cuando cae en una especie de trance. Si en otros cómics el flashback puede enlentecer las acciones, en este caso las dirige por otro carril, justo cuando el carril anterior estaba empezando a cansar.

De la mano de Merlín (piloto de la visión) viajamos al pasado para presenciar la caída de Camelot. El viejo dice que ocurrió hace "9.000 años" por más que el primer número afirma que sucedió hace cuatro siglos, así que podría tratarse de "un" Camelot de tantos. De cualquier manera, las fechas no cierran para justificar la presencia en esa escena de un singular elemento: el Santo Grial.

No esperaba que la historia introdujera este elemento, ni mucho menos ilustrarlo con un fragmento de La Última Cena, dado que los cómics de supertipos se meten poco con la religión. Pero Paul Cornell elige esta excusilla (mi traducción de McGuffin) cuando podría optar por la espada de Excalibur, y con esto mueve un poco al lector. Era necesario.

La visión de Merlín recorre el pasado (confuso en cuanto al tiempo, aunque explicita que eso del tiempo lineal no corre con él... lo que explicaría al Grial) y un futuro en donde le sucederán cosas malas al "Caballero". Supongo que también cosas buenas, pero las visiones suelen centrarse en las cosas horribles que van a ocurrir, como algunos pastores evangélicos.

Ahora hay que encontrar al Grial, y así los Siete Samuráis se convierten en la Comunidad del Anillo. Eso está muy bien.

Por si faltaba algo, el cierre del cómic es un verdadero momento QMP (¿Qué mierda pasó?), que deja la mandíbula del lector al nivel del suelo. Siempre y cuando el lector esté disfrutando del cómic tirado en el piso.

Cornell se redime del número anterior, que igual era disfrutable, y Diógenes Neves junto a Michael Choi (presente y pasado, si no me equivoco) cumplen con el cometido de mostrar lo que el guionista escribió, sin un arte despampanante pero poniendo el resto donde hay que ponerlo (la última página, por ejemplo).

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