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Reseña: Dial H #1

Por el Reseñology

Reseña: Dial H #1En un tiempo donde los teléfonos funcionaban a disco, un dial permitía transformarte en un superhéroe al azar con solo discar H-E-R-O. La última encarnación de esta premisa la trae a nuestros tiempos, sin perder el espíritu lúdico que la convirtió en favorita alguna vez.

Reseña: Dial H #1

Reseña: Dial H #1Antes que nada, vale la aclaración: no conocía la obra de China Miéville antes de leer este cómic, aunque tenía buenas recomendaciones. Por primera vez lo busqué en Google imágenes mientras escribía esta reseña, y me extrañé al ver su perfil casi de presidiario, cuando me imaginaba a una vieja canosa pidiendo que tasen sus joyas en La Fontaine.

Sí conocía la historia del dial que te otorga superpoderes al azar si uno disca H-E-R-O. De hecho, recuerdo con cariño la serie de 2003 en la que el aparato de origen desconocido iba cambiando de manos y afectando las vidas de aquellos que se lo cruzaban.

Con ese cúmulo de información y desinformación llegué a Dial H, una de las series de la "segunda ola" de DC, llegada para suplantar a otras series que no lograron un gran impacto entre los lectores.

Prometían la misma premisa: alguien que encuentra un artefacto que le da poderes sobrehumanos y el conocimiento acerca los mismos. A diferencia de Resurrection Man, que tiene que andar descubriendo sus nuevos poderes cada vez que vuelve a la vida, el que usa el dial se convierte en un superhéroe totalmente constituido, con traje y todo.

Todo comienza con Darren y Nelse, dos fulanos de mediana edad y físicos reales. A través del primero nos enteramos que el segundo perdió empleo, pareja y estado atlético, y ahora fuma tanto que ya sufrió una suerte de ataque al corazón. No es lo que se dice un "candidato perfecto" para protagonizar una serie de DC (en el Universo Marvel ni siquiera existiría, porque sabemos que allí los cigarrillos fueron eliminados mágicamente por Mephisto).

Una cabina telefónica en medio del callejón en el que Darren está siendo molido a golpes hará que Nelse se transforme en "Boy Chimney", un larguirucho personaje con cara de Guardián de la Cripta y un humo jodido saliendo de su sombrero. ¡Poderes irónicos, actívense!

Durante todo el cómic queda claro que Miéville no nos está contando la historia completa. Darren anda en algo raro y los mismos que le dieron su merecido ya tenían problemas con otra supercriatura antes de que llegara B.C. (cuyos diálogos, cabe mencionar, son exageradamente crípticos).

No será la única creación del dial en este número, y aunque el primero se llevó los aplausos de muchos lectores en Internet, mi preferido fue Captain Lachrymose (Capitán Lacrimoso), el héroe más Emo del mundo. Con flequillo planchado y maquillaje corrido por las lágrimas, hará que los malosos recuerden los momentos más tristes de sus vidas, para incapacitarlos.

El arte de Mateus Santolouco es "desprolijo con personalidad", menos "feo" que Travel Foreman y más garabateado. Acompaña muy bien a la acción, considerando que los protagonistas son gente con anatomías variadas que están lejos del ideal inalcanzable de la mayoría de los superhéroes.

Una buena historia, que combina elementos suficientes (dentro y fuera de la página) como para seguir prestándole atención.

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