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Reseña: Dial H #2

Por el Reseñology

Reseña: Dial H #2El artefacto que otorga superpoderes al azar queda inmerso en una historia de crimen organizado, con unos cuantos metahumanos en la vuelta. Hay una larga historia que se va contando mes a mes, y que exige un poco más del lector que el cómic promedio.

Reseña: Dial H #2

Reseña: Dial H #2Nelse descubrió un antiguo teléfono monedero en el que, si uno disca los números que forman la palabra "héroe" (H-E-R-O), queda transformado en un superhéroe al azar. A diferencia de Resurrection Man, la transformación viene con los conocimientos acerca de todas las nuevas habilidades, y hasta del nombre clave del personaje.

Después de sacar a su amigo de problemas con los mafiosillos para los que trabaja (el amigo), hizo lo que cualquiera de nosotros haría. Volvió al teléfono y lo probó unas cuantas veces, permitiendo que el guionista China Miéville y el dibujante Mateus Santolouco experimenten con unas cuantas ideas descartables (lástima que la portada de Brian Bolland tenga a esos mismos héroes y el pobre Santolouco sufra las comparaciones odiosas).

Claro que Nelse está inmerso en un universo diferente al nuestro. Así que además de chivear con los poderes, se dedicó a detener algún crimen, y la mente de este tipo apático, con una vida tan descuidada como su físico, comenzó a pensar en cómo poner a estos poderes al servicio del bien.

De fondo hay una historia de crimen organizado (los mencionados mafiosillos) y al menos tres personas más con capacidades poderosas diferentes: una vieja calandraca, una mujer misteriosa y un forzudo de dedos largos. Si uno lee el cómic a las apuradas puede marearse, pero los pedacitos de información están entregados de forma ordenada.

Con un gran poder no solamente viene una gran responsabilidad, sino que también vienen grandes consecuencias, y Nelse deberá aprender sobre la marcha que el juego de la intimidación no es tan sencillo.

El número tiene suficiente acción, pero a la vez es parte de una historia que da la impresión de estar cuidadosamente planeada, incluso en esos momentos (¿morrisonianos?) en los que Miéville parece saltearse parte de la acción.

Dial H tiene un protagonista imperfecto, a quien acompañamos durante sus primeros pasos en el mundo de las capas y otros artículos coloridos. Su historia, que gana en sucesivas lecturas, es otro islote de originalidad en los Nuevos 52. Siga así.

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