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Reseña: Swamp Thing #4

Por el Reseñology

Reseña: Swamp Thing #4Cuatro números completos y Alec Holland que todavía no acepta ser la Cosa del Pantano. Esperando lo inevitable, los lectores seguimos conociendo el rico legado del Pantanal, y a un enemigo que puede destruirlo todo... y que está cada vez más cerca de Alec.

Reseña: Swamp Thing #4

Reseña: Swamp Thing #4Hasta ahora, la relación entre la Cosa del Pantano y el Hombre Animal es beneficiosa para ambas series. Comparten una mitología (Rojo-Verde) y un poderoso enemigo, al tiempo que no exigen al lector que siga ambos títulos... aunque deberían hacerlo, ya que se trata de dos de las mejores piezas del Universo DC (en mi humilde opinión y todo eso).

El mes pasado conocimos a William, un niño que no podía abandonar su celda de plástico transparente porque la clorofila terminaría con su vida en cuestión de segundos. Poco después de conocerlo, los que terminaban con su vida (y de forma truculenta) eran quienes lo rodeaban. La historia cerraba con el pequeño caminando hacia el horizonte, cual Lucky Luke descaballado y descabellado.

Las locas locas aventuras del botija asesino continúan en el #4 en un típico café de Texas, donde también hará de las suyas. Mientras tanto, Alec Holland (que nunca fue la Cosa del Pantano) y Abby (medio hermana de William) no terminan de ponerse de acuerdo en cómo enfrentar a este enemigo, sobre todo porque Alec sigue sin aceptar el papel que el destino eligió para él. Como si hubiera nacido en una familia de doctores y decidiera poner una rotisería.

Otra revelación en sueños, de esas que abundan en la serie, aporta nueva información acerca de quién es bueno y quién es malo en toda esta historia. No habrá tiempo para que Alec actúe en consecuencia, ya que el cómic termina y el protagonista está a punto de encontrarse con (uno de) su(s) enemigo(s).

La historia relega un poco a William con respecto al #3, y por eso no alcanza aquella excelencia. Los ancestros de la Cosa del Pantano siguen dedicando páginas y páginas a contar, y por momentos parece que trataran al lector de tonto, insistiendo sobre lo mismo. Por suerte frenan a último momento, o aportan algún dato útil. Es que Scott Snyder sabe lo que hace, aunque por momentos parezca ahogarse por el exceso de cariño que le tiene al personaje y todo lo que lo rodea.

En los lápices está Marco Rudy, quien hace un gran esfuerzo para que se disimule la falta absoluta de Yanick Paquette (el mes pasado estuvo a medias), y casi que lo consigue. Cada una de sus páginas está diagramada reflejando la acción que allí se cuenta, con algunas viñetas de bordes rotos y otras que llenan la página de flores. Contado parece demasiado, pero eso y sus correctos dibujos cumplen con la función de llevar al lector a través de todo lo que ocurre, y dejarlo con ganas de más.

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