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Reseña: The Manhattan Projects #3

Por el Reseñology

Reseña: The Manhattan Projects #3El más reciente huésped de la Casa Blanca debe decidir si aprueba un arma que terminaría con la Segunda Guerra Mundial, pero a un costo altísimo. Mientras tanto, los científicos locos juegan con el cuerpo del huésped de la Casa Blanca que acaba de salir.

Reseña: The Manhattan Projects #3

Reseña: The Manhattan Projects #3Hasta ahora, cada número de The Manhattan Projects utilizó una mecánica diferente. El primero era una especie de "primer día de trabajo" de Oppenheimer, a quien acompañábamos y con quien compartíamos la sorpresa de lo que ocurría dentro del proyecto (con flashbacks a su vida familiar). El segundo presentaba a varios personajes y nos mostraba el reclutamiento de uno de ellos.

Acá tenemos dos historias, con algunos puntos de contacto, que corren en paralelo durante todo el cómic. Ambas están motivadas por el fallecimiento de Franklin Delano Roosevelt, el presidente de los Estados Unidos.

En la que llamaremos Historia A, Harry S. Truman es reclutado desde una extravagante reunión masónica (con un toque de Magios) para hacerse cargo del trabajo que dejó vacante el finado. En una de sus primeras reuniones al mando del país del Norte, se entera acerca del Proyecto Manhattan y debe tomar una dificilísima decisión acerca de una bomba que podría terminar la guerra.

Se trata de una historia alternativa, así que habrá que leerla para descubrir cuál es la voluntad de Truman acerca de la bomba y qué piensan los físicos acerca de lo que Truman decida.

La que llamaremos Historia B, comienza con el traslado del cadáver de Roosevelt hasta un lugar seguro, en donde la cuadrilla de científicos locos tratará de hacer algo con ese pedazo de carne sin vida.

Las páginas finales, en donde ambas historias empiezan a mezclarse en un ritmo cada vez más frenético, son una joyita. Allí conoceremos la nueva naturaleza de FDR y la decisión de este Truman alternativo con respecto al poder nuclear. El final lo deja a uno enganchadísimo.

Cada uno de los tres números de este cómic, además de estar contados de manera distinta, queda bastante compartimentado del resto. Más allá de que los personajes se mantienen y el marco es el mismo (es el nombre de la publicación), parecen poco encadenados.

Quizás estaría bueno, ahora que los personajes fueron presentados y pasaron por sus primeras crisis, que se construyan historias desarrolladas en números consecutivos. Jonathan Hickman es capaz de eso y mucho más.

Del dibujo de Nick Pitarra tengo que volver a hablar bien. Su trazo nervioso y la cinética de sus personajes lo hacen perfecto para la serie. Que sigue en buen nivel, pero es hora de que apunte a la excelencia.

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