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Tomo Uno - George Sprott (1894 - 1975)

Por el Tomo Uno

Tomo Uno - George Sprott (1894 - 1975)La gente de Drawn & Quarterly editó en el 2009 una joyita del canadiese Seth, titulada "George Sprott (1894 – 1975)". En este caso no vamos a reseñar la lujosa publicación original, pero si una más que digna edición española que supo encontrarse en librerías de plaza.

Quienes hayan leído las distintas entregas de esta columna, o al menos su columna cero, sabrán que el propósito de Tomo Uno es rescatar el valor de la obra impresa, tanto por su contenido como por su condición de objeto, sin que esto signifique un rechazo a sus primas digitales. Precisamente, el Tomo Uno del día de hoy es un claro ejemplo de cómo el soporte papel puede redimensionar una obra que nació en otro formato, y llevarla de inmediato al podio de los clásicos.

La historia en cuestión es George Sprott (1894-1975), del canadiense Gregory Gallant, más conocido por su nombre artístico: Seth. George Sprott nació en formato digital en la sección Funny Pages del New York Times Magazine, y fue publicada en sucesivas entregas que incluyeron un prólogo, 23 capítulos y un epílogo. En el año 2009, la siempre exquisita editorial canadiense Drawn & Quarterly la llevó al papel, en un tomazo (lo de "tomazo" es literal), que terminó convirtiéndose en una bestia de unos 31 cm de ancho por 36 cm de alto.

Tomo Uno - George Sprott (1894 - 1975)George Sprott cuenta la historia del personaje que da título a la obra, un veterano aventurero que tuvo sus quince minutos de fama durante su juventud, a partir de sus expediciones en el ártico. Expediciones que fueron filmadas y televisadas en un programa de cable en el que el propio Sprott oficiaba de presentador y entrevistador. Algo así como un Jacques Cousteau de los hielos.

La historia toma como punto de partida los últimos días de la vida de Sprott, quien sigue al frente del programa, pero ahora alejado de sus épocas doradas. "Un día miré a mi alrededor y ví que había nuevos jóvenes por todas partes, y que yo no era uno de ellos", dice Sprott. Precisamente, ahí está uno de los temas centrales de la obra y que a esta altura ya es recurrente en toda la bibliografía de Seth: el paso inexorable del tiempo, los fantasmas del pasado que regresan para atormentarnos, y la nostalgia por épocas vividas que no van a repetirse.

Seth juega con un ir y venir constante entre el pasado y el presente, sin que ésto signifique una idealización de las décadas pasadas (de hecho, hay varios aspectos de la vida de Sprott que son más bien repudiables, o al menos cuestionables), sino que el pasado en George Sprott aparece como un etapa llena de vitalidad, en oposición con la quietud del presente.

Seth es un creador que exprime como pocos el lenguaje secuencial de la historieta, y dota a su obra de un ritmo muy particular que justamente acentúa ese contraste entre una y otra etapa. En ese sentido, no es casual que muestre al Sprott del presente atrapado en las cuatro paredes de una diminuta oficina, que nada tiene que ver con la inmensidad y libertad del paisaje de la tundra, más de una vez visitada por el propio personaje en sus reiteradas expediciones.

Tomo Uno - George Sprott (1894 - 1975)Quizás como fruto de su nacimiento serializado en el New York Times Magazine, cada página de George Sprott funciona también como una historia autocontenida (cada una tiene su propio título), que nos muestran distintos momentos de la vida de Sprott así como de su personalidad. En lo que es un recurso interesante, Seth intercala un tipo de narrativa propia del documental (con testimonios a "cámara" de personas que conocieron a nuestro protagonista) con los comentarios de un narrador externo.

En cuanto a los lápices, Seth es un gran dibujante y aprovecha al máximo las dimensiones de la página, algunas de las cuales cuentan con hasta 30 viñetas, pero siempre cuidando hasta el último detalle de los rostros y locaciones. El uso del color es igual de importante. Si bien en cada página hay un color predominante, en algunos casos Seth aprovecha para destacar con un segundo color determinadas viñetas, ya sea para lograr algún efecto narrativo buscado, como para dejar en claro que se trata de una historia distinta dentro de la macro-historia de esa página.

Por todo esto, George Sprott es una obra que, en un primer momento llama la atención por su forma, pero inmediatamente se queda en nosotros por su contenido. Por eso, su merecido Tomo Uno.

George Sprott: la forma.

Si bien unos párrafos más arriba les mencionaba las dimensiones del tomo publicado por Drawn & Quarterly, no es esa la edición que cayó en mis manos. En mi caso, se trata del tomo publicado por Random House Mondadori, tomo del que me hice gracias a un llamado matinal del colega multiversero conocido como Arqui. Quienes me conocen, saben que llamarme un sábado de mañana sólo se justifica ante un hecho de cierta magnitud, y la aparición de un George Sprott en una librería de plaza entra en esa categoría. La edición de Mondadori, si bien carece del lujo de su equivalente canadiense (no es tapa dura ni tampoco viene con las letras de tapa grabadas) de todas formas respeta de manera bastante fiel las medidas originales, teniendo 26 cm de ancho por 30 cm de alto.

La tapa acartonada pero flexible no es algo negativo, sino que facilita la lectura y manipulación de un tomo que en su versión original debe ser bastante pesado y cuya lectura en cama seguramente produzca tendinitis.

Otro punto a favor es que fueron respetadas las páginas desplegables de su interior, que agregan un toque importante de diseño y estilo.

Tomo Uno - George Sprott (1894 - 1975)

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