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Tomo Uno: La Fábrica de Vinagre

Por el Tomo Uno

Tomo Uno: La Fábrica de VinagreEdward Gorey era un fantástico ilustrador, cuya obra conocí en Chile casi por casualidad. Mi primer contacto con él fue a través de un prolijo estuche conteniendo tres de sus más de 100 libros. Una muestra de impecables dibujos y mucho humor negro.

Tomo Uno: La Fábrica de Vinagre

Tomo Uno: La Fábrica de VinagreRecorriendo la Feria del Libro de Santiago, encontré un local que importaba cómics desde España. No necesariamente de autores españoles, sino ediciones muy correctas de tipos como Jim Woodring (me traje un hermoso "Frank" en tapa dura).

Entre tantos libros de arte secuencial, hubo un autor que no termina de calificar para el género, pero del que conseguí una edición muy linda de su trabajo. No lo conocía, por lo que fue una ganancia doble.

Se trata de Edward Gorey. "Tim Burton le robó todo", me dijo un amigo chileno que me acompañaba en mi recorrida por los locales. Suficiente como para llamar mi atención y pedirle al vendedor que le sacara el nylon a la cajita con tres libros suyos.

Queda claro por dónde venía el comentario. Gorey era un ilustrador estadounidense cuyo estilo sombrío y naif recuerda las obras del director de Hollywood, así como a Charles Addams, aunque menos humorístico. Como si al hombre más depresivo del mundo le ordenaran dibujar un libro para niños.

La Fábrica de Vinagre (The Vinegar Works) se define como "tres tomos de enseñanza moral" y recopilan sendos trabajos de Gorey: Los Pequeños Macabros (The Gashlycrumb Tinies), El Dios de los Insectos (The Insect God) y El Ala Oeste (The West Wing).

La primera es una de sus obras más famosas, tanto que algún conocimiento tenía de la misma pese a no individualizar a Gorey. Son 26 dibujos de niños, debajo de los cuales y utilizando cada una de las letras del abecedario (en inglis) relata cómo murió cada uno de ellos.

"La J es de James, que tomó lejía por error", escribe Gorey, pero el dibujo no muestra al niño revolcándose en el piso. Es aun peor, porque muestra a James subido a una escalerita, revisando un montón de botellas. Gorey nos muestra al niño vivo, sin posibilidades de gritarle ni advertirle acerca de su inminente deceso.

El problema con estos libros es que el autor solía escribir en rima, lo que genera un problema enorme para los traductores. Hay dos posibles caminos, y cualquiera dejará insatisfecho al lector. Se puede hacer como los que traducen las canciones de los Simpson y cambiar por completo el sentido original, solamente para lograr la rima. Aquí, la gente de Libros del Zorro Rojo opta por la traducción literal.

Así, antes de James está "Ida, que se ahogó en un lago". Y cualquiera que sepa un poco de inglés no puede dejar de pensar en "lake" y "mistake" y sentir que está perdiendo la musicalidad del original. Una buena opción hubiera sido mantener, en tamaño más pequeño, el texto en inglés.

Pasemos al segundo libro, también concebido en rima (es mejor esto que la nada, muchachos). Pese a tener muchas muertes menos que el anterior, es más sombrío, ya que detalla la búsqueda de una niña por parte de su familia. La pequeña Millicent estaba jugando en el parque cuando fue abducida por unos insectos en automóvil. Contado puede parecer gracioso, pero en manos de Gorey es una suerte de historia infantil sin moraleja ni final feliz. Estremecedor.

Leídos en el orden sugerido en la caja, queda para el final El Ala Oeste, un libro que no tiene problemas de traducción porque carece de palabras. Así que disfrutaremos de una treintena de dibujos de Gorey, quien describe los diferentes ambientes de una casa (o de muchas, no importa), en los cuales queda la sensación de que podrían haber ocurrido las cosas más terribles.

Esto se construye mediante la acumulación de dibujos "incómodos", al punto de que cuando vemos una alfombra enrollada contra una pared, suena lógico pensar que dentro de ella esté el cadáver de alguno de los habitantes de la casa.

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La forma.

Los tres pequeños libritos, de 15,8 x 13,5 centímetros cada uno, vienen en un prolijo estuche de cartón. Junto a ellos viene un pliego con detalles acerca de la vida de Gorey y algunas de sus frases célebres.

Las ilustraciones, carentes de color (¡obvio!), se ven a la perfección tanto en el interior como en las prolijas tapas duras.

Una adición impecable, tanto en forma como en contenido, para la biblioteca de cualquier loquito amante del humor negro. Hacele caso a Nano.

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