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A god somewhere

Por el Cómics

A god somewhereLa pregunta surgió miles de veces desde que se popularizó el cómic de superhéroes: ¿qué sucedería si alguien obtuviera poderes en un mundo como el nuestro? El guionista John Arcudi se propuso contestar esta pregunta y el resultado, lejos de ser perfecto, al menos es intenso.

A god somewhere

A god somewhereLa historia gira en torno a tres amigos "normales": los hermanos Eric y Hugh Forster, y Sam Knowle, a quien los dos primeros conocen al defenderlo de una golpiza que estaba recibiendo por el hecho de ser negro.

Se formará un fuerte lazo, aunque por ahí ande una muchacha por la que dos de ellos tienen fuertes sentimientos. Más allá de esto, John Arcudi construye una creíble relación, con diálogos veraces y situaciones cotidianas.

Antes de que termine el primero de los cuatro capítulos, sucede "lo imposible". Una explosión, o un meteorito, o lo que sea, le da a Eric poderes superiores al de cualquier mortal, incluyendo la capacidad de volar, superfuerza, invulnerabilidad y otros chiches a los que estamos acostumbrados.

Claro que este cuento no ocurre dentro de Tierra-1, Tierra-15 o Tierra-XKCD, sino en una realidad parecida a la nuestra, por lo que el mundo (y sobre todo Eric) no permanece inmutable al hecho.

Arcudi acierta más de lo que erra, bastante más, pero sus equivocaciones (al menos a criterio de quien reseña) afectan bastante el "puntaje" final del cómic, por subjetivo que esto sea.

Eric atraviesa una clarísima curva, con un mundo que lo alaba casi como una figura mesiánica, él que se la cree, sufre delirios de grandeza y termina convirtiéndose en un monstruo. Sin embargo, la primera cagada que se manda (segundo cliffhanger de la miniserie) es demasiado oscura, incluso para alguien que está perdiendo la chaveta.

Ni siquiera Sam, el amigo que por momentos recuerda a Jim Wilson (aquel sidekick que tuvo Hulk en los '70), logra entender por qué lo hizo. Creo que ni Eric ni Arcudi saben qué contestar.

No me molesta la falta de información, pero es demasiada la que nos faltará al final de la historia. Podríamos no saber la motivación pero conocer el origen, o viceversa. Sin embargo, la historia vista a través de Sam nos deja demasiadas preguntas y no de una buena manera.

El arte de Peter Snejbjerg es irreprochable, luciéndose igual que en la Light Brigade de Peter Tomasi (quien casualmente es editor de A god somewhere). Su estilo da una dosis de realidad, sin perder de vista que se trata de un cómic.

El balance es satisfactorio, pero la intensidad con la que Arcudi encara la historia merecía que se mejoraran un par de temas puntuales que hacen tambalear una premisa interesante.

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