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Asterix: El Papiro del César

Por el Cómics

Asterix: El Papiro del CésarEl papel del periodismo, las noticias filtradas y la presión por tener una primicia son los temas de este nuevo álbum de Ferri y Conrad. Lo que podría ser una mina de oro en manos de René Goscinny termina siendo una historia simpática con un ritmo desparejo.

Asterix: El Papiro del César

Asterix: El Papiro del CésarEn la reseña de Asterix y los Pictos, libro publicado a finales de 2013 y que marcó el debut de Jean-Yves Ferri y Didier Conrad como equipo creativo detrás del irreductible galo, mencionaba que el debut había sido bastante cómodo.

Aquella primera aventura utilizaba el clásico recurso de llevar a Asterix y Obelix a algún territorio extranjero, para reírse de las costumbres de unos y otros, y presentarnos a un elenco básicamente nuevo (y desechable).

Este segundo álbum de Ferri y Conrad toma una decisión lógica e intercala un álbum de paseo internacional con una historia centrada en la relación entre los romanos (más precisamente Julio César) y la aldea que resiste ahora y siempre al invasor.

Pese a que aparece en contadas escenitas repartidas a lo largo del libro, la presencia del capo máximo del Imperio se hace sentir. Como en otras ocasiones, un castigo o la promesa de un castigo terminan repercutiendo en la vida de los tranquilos aldeanos.

El guionista tiene la intención de aplicar la lógica asterixiana a un tema de actualidad, como es el manejo de la información, la filtración de datos y el apuro por una primicia. El Wikileaks de turno es un papiro (de ahí el nombre) del manuscrito escrito por el César en el que con honestidad habla de las batallas perdidas contra los galos.

En las dos primeras páginas nos enteramos de la existencia del manuscrito, la decisión de eliminar el papiro polémico y la pérdida del mismo. Todo parece demasiado rápido, cuando pudieron utilizarse más viñetas para "disfrutar" de esta intriga palaciega.

La aventura comienza a desarrollarse en dos frentes: en Roma seguimos a Bonus Promoplús, editor del César y responsable de hallar ese documento que lo deja muy mal parado. A la aldea llega (de nuevo, muy rápido) Doblepolémix, poseedor del papiro e inspirado física y espiritualmente por Julian Assange.

Aquellos que hayan leído las historietas de Asterix de más pequeños probablemente desconozcan que las referencias a personajes del momento eran moneda común, y que por las páginas dibujadas por Albert Uderzo pasaron Jacques Chirac, Winston Churchill y varios actores de Hollywood. Hasta Promoplús está basado en una figura política francesa, bastante desconocida por estas tierras.

Si bien los habitantes de la aldea se comportan tal y como los recordábamos, y no faltan los cruces verbales y físicos de siempre, ni Ferri ni Conrad logran hacer que estos dos nuevos personajes trasciendan. Promoplús es otro asesor bajito romano que carece de los poderes de Detritus (La Cizaña) y la motivación de Doblepolémix queda perdida en una subtrama del jefe Abraracúrcix, que no aporta nada al resultado final.

Por ejemplo, recién en la página 30 (de 44), el periodista protagoniza una escena interesante, cuando imagina los titulares de una futura entrevista con Julio César. Y su primera aparición había sido en la página 7.

El principal problema de esta historia, que no es mala pero desperdicia su potencial, parece ser el ritmo. Mientras los romanos se desesperan por buscar el papiro y llegan hasta aquel rincón de la Galia, el trío protagónico (Asterix, Obelix y Panorámix) escapan de la acción para protagonizar una mini aventura en el bosque druida, con la tradición oral como débil excusa.

Cuando, como era de esperarse, todo termina confluyendo en la puerta de la aldea, tampoco queda mucho tiempo para el desenlace. Y pese a que Conrad la clava en el ángulo también en las escenas de peleas, la acción parece concluir tan rápido como se puso en marcha, es decir, en un par de páginas.

Quizás la misma historia, con más páginas dedicadas a los asuntos más satíricos y menos al recorrido por un bosque que poco innova, podría haber levantado vuelo en lugar de carretear. Lo mismo si los dos recién llegados fueran más genéricos de lo que son.

Tampoco ayuda que uno se dé cuenta que hay chistes que se pierden en la traducción y no esté seguro de si existían maneras de salvarlos. Nunca podré acostumbrarme después de las pésimas traducciones de las ediciones con las que me hice fan de este cómic.

Al final, el álbum no es una aberración y continúa con éxito la tarea de hacer que nos olvidemos de las últimas desventuras de Uderzo en solitario. Pero Ferri está lejos de hacer que siquiera pensemos en haber encontrado a un heredero de René Goscinny.

Asterix: El Papiro del César está en las mejores librerías y calculo que en las otras también.

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