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Astérix y los Pictos

Por el Cómics
Astérix y los Pictos

El primer álbum de Jean-Yves Ferri y Didier Conrad logra su modesto objetivo: hacer que los lectores se olviden de "¡El cielo se nos cae encima!" con la creación de una aventura del montón, que no es poca cosa. A partir de ahora, sólo queda crecer hacia arriba.

Astérix y los Pictos

Astérix y los PictosJean-Yves Ferri y Didier Conrad tenían la dificilísima tarea de continuar con la "franquicia" de Astérix el Galo, que en sus ediciones impresas jamás había salido sin la presencia de René Goscinny y/o Albert Uderzo.

Por otro lado, tenían la facilísima tarea de pergeñar un cómic mejor que ¡El cielo se nos cae encima!, la bosta ardida publicada en 2005, tan infame que es el único tomo de la saga que no tengo en papel, ya que la leí de prestado y decidí jamás vivir bajo el mismo techo que esa historieta.

Con este punto de partida, Astérix y los Pictos queda en el cómodo punto medio entre las mejores historias de la dupla creativa original y los momentos más flojos, muchos de ellos (vale decirlo) de Uderzo en solitario.

Comodidad parece ser la palabra clave de Ferri y Conrad. Esta primera aventura utiliza el clásico recurso del extranjero que llega a la aldea irreductible y requiere los servicios de la pareja protagónica para solucionar algún problemilla.

En el pasado recorrieron Francia, visitaron España, Córcega, Inglaterra, Bélgica y hasta Egipto. Esta vez viajarán a Escocia, donde encontrarán nativos nombrados con juegos de palabras, anacronismos varios, villanos de turno y romanos. Siempre habrá romanos.

El visitante de turno Mac Loch tiene una historia de amor que recuerda a Tragicómix y su Falbalá, sumado a los juegos de poder en las aldeas que también apareció en más de un álbum.

La historia se toma un tiempo antes de dejar la Galia y mientras tanto seremos testigos de los típicos intercambios entre los aldeanos, como la pica entre el pescadero y el herrero, la chochez de Edadepiédrix y los delirios de grandeza del jefe. Los personajes femeninos están un poquito más presentes, con Karabella a la cabeza. De nuevo, sin descubrir la pólvora pero con la sensación de que los autores quieren y respetan a Astérix.

Quizás lo que falte sea el "gran tema" que aparecía en las primeras historias, un ítem alrededor del cual se desarrollaba toda la aventura, como el capitalismo en Obélix y Compañía, los vendedores de mentiras (y quienes las compran) en El Adivino o el proceso de urbanización en La Residencia de los Dioses. Lo otro, lo estrictamente "para todo público" funciona y bien.

Menciono a la pasada que la traducción, como de costumbre, es aceptable y punto. A diferencia de lo que ocurre con las ediciones inglesas, donde un mismo equipo de traductores trabajó durante años, a veces en comunicación con Goscinny y Uderzo, los españoles podían cambiar el nombre de uno de los personajes secundarios de una aventura a la siguiente, sin razón alguna. Acá uno sabe los lugares en los que se está perdiendo un juego de palabras, aunque muchos de ellos hubieran sido imposibles de traducir.

En cuanto al arte de Didier Conrad, no solamente respeta el canon (y eso está muy bien, hay una enorme cantidad de dibujantes que trabajan respetando las guías artísticas de Disney, Los Simpson y muchos más). También devuelve el detalle en el trazo y las figuras que algunos de las últimas historias, de Uderzo y sus ayudantes, habían descuidado.

Astérix y los Pictos es una digna adición a la mitología de los galos. Es de esperar que el nuevo equipo creativo se saque el miedo del debut y se anime a jugar con ideas más profundas para futuras ediciones.

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