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DMZ vol. 5: The Hidden War

Por el Cómics

DMZ vol. 5: The Hidden WarLas historias unitarias acerca de personajes puntuales son un clásico en las series de cómics. En el caso de DMZ, el quinto tomo recopila seis de estas historias, que intercalan la presentación de nuevos jugadores con la profundización de viejos conocidos.

DMZ vol. 5: The Hidden War

DMZ vol. 5: The Hidden WarLas series de cómics suelen intercalar arcos de cinco o seis números con historias unitarias, en las que muchas veces se aprovecha para dar descanso al dibujante titular.

Y después están aquellas series que deciden tomarse un semestre a contar un manojo de historias cortas. 100 Bullets lo hizo con "Six Feet Under the gun", seis historias consecutivas acerca de personajes puntuales de la saga (Dizzy, Cole, Benito, Lono, Graves y Wylie).

En el caso de DMZ, ese honor le corresponde a "The Hidden War", el quinto tomo, que recopila los números 23 a 28. No es una jugada sencilla parar la máquina durante medio año y dedicarse a las pinceladas finas. El guionista Brian Wood lo intenta y lo consigue... aunque con dificultades.

Imposibilitado de contar una gran historia que siga avanzando la saga, pareciera como si Wood buscara una pequeña-gran historia en cada número, en lugar de quedarse cómodo en el minimalismo. Los "pedazos de vida" funcionan cuando son eso, pero fallan al querer trascender.

El mejor ejemplo lo tenemos en la primera historia, protagonizada por un artista del grafiti que Wood de manera inteligente nos lo había presentado, casi a la pasada, en aquel #12 que guionó y diseñó.

Decade Later es un artista veterano, que de joven desafiaba a la autoridad y luego se transformó en venerado entre los que decidieron quedarse en la isla de Manhattan. Su relación con una groupie y la mala suerte para caer en una redada son grandes momentos de la historia, que cierra con el personaje contemplando su "gran creación" por última vez, en un momento que funcionaba cuando Gusto (el de los ositos Gummi) abandonaba su montaña que echaba fuego, pero aquí roza la pedorrez.

El segundo número también es algo desprolijo, y está protagonizado por la terrorista suicida que conocimos un tiempo atrás. Lo mejor es el retrato de su supervivencia, lo peor es el confuso juego de poderes y asesinatos que contamina la historia. Ambas están dibujadas de buena manera por el artista titular, Riccardo Burchielli.

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Luego tomará los lápices Danijel Zezelj, un tipo con un estilo muy personal, que a mí no me gusta encabezando una serie, pero me encanta de segundón. Esto puede parecer raro, pero trataré de explicarlo: los dibujos de Zezelj pueden ser demasiado oscuros y complicados. Cuando trabaja sobre personajes previamente creados y diseñados, uno "entiende" de quienes se trata y la acción fluye mucho mejor. Como ocurre con la historia del chino que terminó convirtiéndose en capo de su barrio.

Un buen número, en donde de manera retroactiva se explican algunos hechos de la serie, aunque Wood quiera (de nuevo) sobrecargarlo de dramatismo al final. Pero funciona.

Mi crítica al llegar al final de la tercera historia era que la serie había sacrificado ritmo por un montón de historias que hablaban de personajes demasiado tangenciales o del pasado de uno conocido, pero que no cambiaban el statu quo de la isla. Me tuve que tragar mis palabras al leer la historia de Kelly Connolly, el "fato" de Matty Roth desde que comenzó la serie.

Wood nos demuestra que no tiene miedo de meterse con sus creaciones más queridas, ya sea haciéndoles daño directamente o a través del daño a aquellos que quieren. Este es el punto más alto del tomo, con un Matty que llevará en su conciencia el dolor de no haber demostrado sus sentimientos a tiempo.

El número siguiente es como el primero: habla de un artista, también nombrado en el #12, esta vez un DJ llamado Random Fire. El otro artista invitado del tomo, un conocido de la casa como es Nathan Fox, le pone movimiento a una historia digna de Guy Ritchie, sobre la presentación de una estrella mundialmente famosa en Manhattan y el uso político y militar del hecho. De nuevo, no es perfecta, pero Fox la deja bien arriba.

Cierra el equipo creativo titular, con un recuerdo a la historia de Soames, el capo de los "fantasmas" del gran Central Park. Una historia de traiciones, alucinaciones y difíciles decisiones, con buenos momentos pero que tampoco sirve para entender tanto mejor al fulano.

El tomo es desparejo porque así son la mayoría de sus historias, pero quizás la crítica vaya de la mano con mis exigencias para con la serie, que son grandes debido a los picos de alta calidad que viene logrando. Muchos matarían por tomos como éste, dentro y fuera de la zona desmilitarizada.

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