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El Batman de Grant Morrison (Parte 1)

Por el Cómics

El Batman de Grant Morrison (Parte 1)Sobre fines de julio pasado, y luego de siete años, el escocés Grant Morrison puso punto final a su estadía al frente de Batman. A modo de celebración de la que es una de las etapas más gloriosas en la historia del Caballero Oscuro, damos inicio a una serie de notas que repasan sus distintos momentos. Hoy, una introducción como para ir calentando los motores.

Para los que seguimos día a día las noticias de la industria del cómic gringo, no es ninguna novedad que DC Comics parece ser un lugar jodido. Una editorial con una gestión convulsionada, con un control creativo que roza lo ridículo, y creadores que abandonan sus series semana tras semana, a veces incluso, antes de siquiera redondear un solo número. En ese contexto, hace casi tres meses llegó a su fin la era Grant Morrison al frente de Batman, luego de siete años. SIETE AÑOS. Una cifra nada despreciable para los tiempos que corren. Y para los que no corren, también.

El Batman de Grant Morrison (Parte 1)Contemporáneo del Batman de Nolan, el de Morrison tomó un camino diametralmente opuesto. Mientras que el director de Memento apuntó sus cañones hacia una mirada realista del personaje, en la que hasta se explicaban las triangulaciones comerciales mediante las que Bruce compraba sus capuchas, Morrison no se casó con ninguna versión en particular. Por el contrario, hasta podría decirse que se casó con todas. Como lo aclaró más de una vez en las entrevistas dadas en los primeros pasos de su Batman, qué mejor que hacer de cuenta que todas las historias valen (existan o no en la continuidad oficial) y explorar cómo las mismas pudieron haber afectado la psique de quien, en definitiva, no es más que un tipo de carne y hueso. Precisamente, estos siete años son un fiel reflejo de ese infinito abanico de posibilidades que el personaje admite.

El Batman de Morrison solamente puede existir en los cómics, y eso lo convierte en algo único, en una rareza en medio de una industria cada vez más preocupada en generar historias que puedan adaptarse con facilidad en la gran pantalla. ¿Acaso alguien puede imaginarse a un Batman multicolor (esa maravilla de concepto que es el Batman de Zur En Arrh) con un Batmito en el hombro apaleando delincuentes con un bate de béisbol?.

Para su Batman, Morrison se nutrió de su propia materia prima: el tipo imbatible de su paso por la serie de la JLA, la relación con el Joker de la novela gráfica Arkham Asylum, o la presencia del Diablo en la miniserie Gothic, aunque también apeló a rescatar viejos conceptos olvidados y hasta injustamente ninguneados de la Silver Age. Para los curiosos, recomiendo la lectura del recopilatorio The Black Casebook, un compendio con aquellas historias de Batman de los 50 y 60 que le sirvieron de inspiración. En resumidas cuentas, lo que Morrison hizo fue abrazar ese hermoso caos que han sido estos más de 70 años de vida del Caballero Oscuro, para reinventarlo y llevarlo por caminos aún no visitados.

Su Batman tuvo distintas etapas claramente marcadas, siempre subordinadas a un plan mayor que al principio parecía representar su intención por contar la historia definitiva del personaje, pero que sobre el tramo final reconoce la imposibilidad de hablar en términos "definitivos". Es que cuando de superhéroes se trata, siempre habrá una nueva historia a la vuelta de la esquina.

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Sin embargo, así como aquella imagen de la lápida con la leyenda "To be continued..."  era un final perfecto para Superman Beyond 3D (Grant Morrison y Doug Mahnke, 2008), en tanto no sólo simbolizaba la naturaleza infinita de estos personajes sino que la celebraba, el "It never ends, it probably never will" del final de Batman Incorporated ya no suena tan celebratorio. Por el contrario, hasta deja entrever una cierta cuota de tristeza. De hecho, en las entrevistas previas a la salida del último número de Incorporated, Morrison comentaba que seguramente algunos lectores iban a odiar el final, por ser "muy oscuro y deprimente".

El Batman de Grant Morrison (Parte 1)No es del todo errado (y hasta suena bastante lógico) hablar de las distintas etapas de su Batman apelando a una división que tome como criterio delimitante a los títulos por los que Morrison paseó al personaje. En ese sentido, podría hablarse de un primer recorrido que tiene su cierre parcial en Batman RIP (y que, a mi humilde criterio, es en donde puede encontrarse el punto más alto de toda su estadía al frente del personaje), una segunda etapa que abarca los números publicados bajo el título Batman & Robin más la miniserie The Return of Bruce Wayne, y una recta final con Batman Incorporated. Sin embargo, es precisamente en este último tramo en el que se produce un hecho fundamental que, haciendo una lectura más fina, obligaría a realizar una subdivisión. Ese hecho fue ni más ni menos que la decisión de DC Comics de relanzar desde cero todo su universo, borrando de un plumazo décadas y décadas de continuidad para dar vida a los Nuevos 52.

En ese contexto, el Batman de Morrison se convirtió en una bestia extraña, en una serie a la que se le permitió moverse por fuera de las nuevas reglas del juego (quizás, por la simple razón de que se trataba de uno de los títulos más exitosos de la editorial). Sin embargo, a pesar de esa continuidad, algo se rompió. El volumen 2 de Incorporated (es decir, el volumen posterior al quiebre de los Nuevos 52) tiene un tono totalmente distinto al primero. Con su tabula rasa marketinera, la DC estaba tomando el camino contrario al que Morrison había elegido para sus superhéroes, en este caso, representados en la figura de Batman. Ya con el diario del lunes, hasta podría decirse que su miniserie Final Crisis en la que, entre otras cosas, Morrison entregaba una doble lectura acerca del manoseo que sufren los personajes fruto de los caprichos editoriales, parece premonitoria. O quizás, para ese entonces, ya estaba enterado del sacudón editorial que se vendría poco tiempo después.

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Otro punto interesante para destacar es la recepción que tuvo tanto en los lectores como en la prensa especializada. A pesar de contar con una base sólida de seguidores (durante su salida, siempre estuvo entre los títulos más vendidos de la editorial, y muchas veces liderando los rankings), en los primeros años, darse una vuelta por los distintos foros de discusión podía llegar a ser una tarea bastante frustrante, con hordas de fans poniendo el grito en el cielo y quejándose de lo crípticas que eran las historias. Una vez más, otro ejemplo de las consecuencias de una lectura apurada, que exige respuestas inmediatas y que todo sea entregado de manera completamente digerida. Es extraño cómo, en momentos en que las mejores series de televisión (The Wire, Los Soprano, Lost, Breaking Bad) nos tendrían que haber instruido en el fino arte de la paciencia, de la recompensa a mediano y largo plazo, todavía siguen apareciendo voces con este tipo de exigencias. Pero ese es otro cantar...

El Batman de Grant Morrison (Parte 1)Contrariamente a eso, otro fenómeno que surgió alrededor de la serie fue el de la aparición de un grupo de personas que, mediante una lectura cuidada y detallada, dispararon un alto nivel de análisis que vino a revitalizar el panorama de la crítica comiquera norteamericana. Entre ellos, podemos mencionar a tipos como Tim Callahan (a quien pudimos entrevistar hace poco) o Douglas Wolk, entre varios otros, quienes con sus apuntes y artículos demostraban que lo de Morrison no era simplemente el resultado de noches de divagues lisérgicos.

En lo personal, la era Morrison en Batman siempre ocupará un lugar muy especial en mi corazón comiquero, ya que en cierta forma fue una experiencia que me devolvió la fe en la lectura serializada. En épocas en donde el "writing for the trade" es una práctica generalizada, leer una serie mensual se convirtió nuevamente en una experiencia gratificante, en la que la salida de cada nuevo número llevaba a revisitar los anteriores, siempre en busca de alguna pieza perdida que había pasado desapercibida en una primera lectura.

En cuanto al aspecto visual, a pesar de ciertos altibajos, el balance deja un resultado positivo. J.H. Williams III, Frank Quitely, Frazer Irving, Chris Burnham, son algunos de los nombres destacados que lo acompañaron. El que uno de los picos más altos de la serie lamentablemente haya tenido al poco competente Tony Daniel en los lápices (cuánto más enorme hubiese sido RIP con Frazer Irving, por ejemplo), y la historia haya salido ilesa, no hace más que demostrar la solidez de los guiones.

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Enumerar todas las ideas que Morrison volcó en las páginas de Batman en estos años es una tarea interminable pero extremadamente satisfactoria: el Doctor Hurt (ese villano de identidad desconocida cuyo único objetivo era destruir a Batman en todas sus facetas), la nueva reinvención del Joker, el Batman de Zur En Arrh, el enfrentamiento con Darkseid y la condena de la sanción Omega, Dick como el nuevo Batman, el Club de Héroes y sus distintas versiones de Batman, la transformación de Bruce como BatGod al final de The Return of Bruce Wayne, la vuelta de Bruce y la iniciativa global de Incorporated, el enfrentamiento final con Talia, y un enorme etcétera.

Sin embargo, ninguna es tan importante como la creación de Damian, el hijo de Batman y Talia. En esa obsesión por hurgar en la historia del encapotado, Morrison rescató a la figura del hijo de Batman, aparecido en Son of the Demon (Mike W. Barr y Jerry Bingham, 1987), y le dio forma. Con el tiempo, Damian se convirtió en el personaje más entrañable de la serie, y en uno de los mejores (sino el mejor) personaje aparecido en la DC en mucho tiempo.

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A nivel de su estructura narrativa, la lectura de punta a punta de toda la era Morrison revela dos grandes cosas: por un lado, la forma en que los números de Batman & Robin son en cierta forma una suerte de "espejo" de los que le precedieron, siguiendo esa idea de que la historia se repite a sí misma, primero como drama y luego como comedia; por otro, la clarísima estructura circular. Dentro de ese esquema, hubo varios conceptos que funcionaron a nivel simbólico y que fueron una constante a lo largo de estos 7 años. Sin embargo, hay uno que estuvo presente desde el día uno, y es la idea de "el agujero en las cosas". La noción de "the hole in things", como se menciona una y otra vez, fue mutando en su sentido con el correr de los episodios. Sin embargo, es recién al final cuando adquiere su más claro significado cuando el propio Bruce le dice a Gordon:  "I looked into that hole in things over and over again until it hurt, Jim... and you know what I found in there? Nothing... and a space big enough to hold everything." Quizás, la frase que mejor resume la razón de la existencia de Batman.

Para los que disfrutamos cada momento de su Batman en estos siete años, ese agujero no es ni más ni menos que el vacío que dejó con su final. Ese vacío que transmite el saber que, quizás nunca más habrá un Batman escrito por Morrison. Para que el duelo sea más llevadero, sigamos hablando de él.

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