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Ellis vs. Millar

Por el Cómics

Ellis vs. MillarWarren Ellis y Mark Millar escribieron casi todo el primer volumen de "The Authority", que revolucionó el cómic de superhéroes a fines del siglo pasado. Una lectura de corrido permite descubrir enormes diferencias entre ambos guionistas. Hagamos el ejercicio de compararlos.

Ellis vs. Millar

El primer volumen de The Authority (originalmente un spin-off de Stormwatch) duró 29 números, recopilados en dos grandes tomos. Bah, grandes si los tenés en una biblioteca de tres dimensiones. En formato digital solamente podríamos decir que "tardan un poquito más en bajar".

Devoré ambas recopilaciones en cuestión de un par de días y tenía ganas de hablar de ellas. Recordé que en nuestra larga historia (casi cinco años) ya le habíamos dedicado un muy completo análisis a la serie. Completo hasta mayo de 2011, claro está. Se los recomiendo.

Como mi conocimiento de la serie se remitía al primer envío, decidí hacer una comparación entre sus dos "mitades", aunque la primera consista en 12 números y la segunda en 17. Precisamente de esa forma es que fue recopilado.

La primera mitad, el primer tomo, está escrito por Warren Ellis, quien había creado la mayoría de los personajes durante su pasaje por Stormwatch. No es necesario haberla leído para disfrutar las historias (no lo hice y sí lo hice), y apenas si hay un par de tipos que aparecen en contadas ocasiones y que se da a entender que pertenecían a la "antigua administración". También tenemos reseña, si les interesa.

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Allí conoceremos a Jenny Sparks, Apollo, Midnighter, el Doctor, la Ingeniera, Jack Hawksmoor y Swift. Si quieren saber un poquito más de ellos, pueden leer la reseña que recomendé más arriba. O leer el cómic.

Ellos son la primera y última línea de defensa del planeta Tierra (al menos la Tierra de los personajes de la editorial Wildstorm) contra amenazas demasiado grandes para otros grupos de supertipos. No es casual el parecido con la Liga de la Justicia de Grant Morrison, nacida apenas dos años antes (1997 contra 1999), sino que ambos cómics tienen la misma ambición por contar historias "cinematográficas", sin los problemas de presupuesto que podría aparejar llevar algo así a la gran pantalla.

La ventaja que tiene Ellis es la presencia de Bryan Hitch en los dibujos. Mientras Morrison trabajó con un Howard Porter en su mejor momento, su estilo (que siempre admiraré) dejaba bien en claro que estábamos ante una historieta. El fotorrealismo de Hitch, sin llegar a molestar los ojos como su colega calcador Greg Land, dota a las historias de una seriedad bien entendida.

En esta etapa, los protagonistas no son perfectos, pero tienen las características que uno podría esperar en un grupo de superhéroes: son buenos, se preocupan por el resto de nosotros y no dudan un segundo en ponerse frente a los proyectiles que apunten contra alguna ciudad importante.

Solamente un par de detalles alejan a la primera mitad de la perfección. Los doce números de Ellis y Hitch están divididos en tres arcos de cuatro capítulos cada uno, y cada arco es muy parecido a los otros dos. Todo podría resumirse en "alguien o algo destruye una ciudad, es un trabajo para The Authority". La primera vez se trata de una nación asiática (muy, muy mala), la segunda una Tierra alternativa y la tercera una entidad extraterrestre. Pero siempre tendremos el bombardeo de una metrópoli, nuestros amigos autoritarios revolviendo los escombros y finalmente dándose de golpes contra el malo de turno.

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A Hitch le encanta dibujar decenas de naves o de tipos voladores explotando en el aire o dándose tortazos, y los guiones explotan esa capacidad al máximo. Es interesante recordar que Hitch terminaría dibujando la mismísima Liga de la Justicia, cuando Mark Waid tomó las riendas como guionista, aunque ya se empezaba a abatatar y tomarse un poco más de tiempo para entregar sus páginas. Nos gusta que los dibujantes suden tinta, carancho.

Aquí está el segundo detalle que quería mencionar: las victorias parecen demasiado sencillas. No queda la sensación en ningún momento de que puedan fallar, y los únicos inconvenientes que sufre el equipo se deben a que están aprendiendo a trabajar juntos. Y si experimentan una pérdida invalorable es porque era cuestión de tiempo (algunos héroes tienen fecha de vencimiento).

La relación entre ellos es más "realista" que la de otros grupos, pero nada iconoclasta, aunque la tensión sexual entre Apollo y Midnighter fuera revolucionaria en su momento.

El línea está levantando la bandera. Parece que hay un cambio. Dos cambios, mejor dicho. Warren Ellis se retira de la cancha, siendo suplantado por Mark Millar, mientras que Bryan Hitch es sustituido por Frank Quitely. Comienza el segundo año de The Authority y no podría ser más diferente al primero.

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La mejor manera de comprobarlo es seguir la lectura de corrido. No solamente recibiremos a la "belleza fea" de Quitely, sino que la primera frase escrita por Millar marca la cancha y se distancia no solamente de Ellis sino de la mayoría de los cómics en venta en ese momento.

"¿Por qué los superhéroes no van detrás de los verdaderos bastardos?", se pregunta el cuadradito de texto. Pocas páginas después, los miembros del supergrupo derrocan al presidente de una nación asiática y lo dejan a la merced de la gente que venía explotando y torturando. Su muerte no se ve, pero queda establecida cuando se ve a una decena de personas empuñando cuchillos, palas y martillos.

Mark Millar, señoras y señores. Ámenlo u ódienlo. O disfrútenlo con moderación, que es la mejor forma de enfrentarse a sus historias cargadas de nihilismo, muchísimo morbo y shocks narrativos. Poquísimo contenido pero una forma atractiva, sobre todo si logra hacer clic con el adolescente que todavía llevamos dentro.

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La idea de superhéroes cambiando el mundo es interesante, pero sus héroes se convierten inmediatamente en media whores, obsesionados por codearse con los famosos y por los índices de aprobación. Que también es una idea interesante, pero despegada de lo que veníamos leyendo y que Millar utiliza principalmente para que nosotros imaginemos cómo ser un superhéroe significa poder acostarnos con cualquiera.

Millar fue construyendo su fama, hasta convertirse en el autor que escribe "futuras películas", pero los elementos clásicos ya estaban ahí, desde la lluvia de abortos hasta el héroe que orina sobre el villano.

Los miembros de su Authority son cínicos, sádicos, narcisistas... pero al mismo tiempo obsesionados con que el mundo sea un lugar mejor. Así que sus enemigos serán los poderosos, el poder político y los que controlan la opinión pública. Y para que quede bien claro que son los malos, serán (siempre) racistas y (casi siempre) pedófilos, que no deja de ser otro ingrediente de morbo que introduce Millar en sus historias.

A diferencia de Ellis, aquí los protagonistas suelen estar en verdadero peligro, a punto de ser desmembrados o violados. Cuando recuperan la ventaja y se vengan de esos malos-bien-malos, el lector es engañado para aceptar que los héroes torturen de maneras creativas a sus enemigos porque, vamos, dice el guionista que se lo merecen.

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Hay que reconocer que los desmembramientos, cráneos estallados y otras aberraciones lucen hermosos bajo los lápices de Quitely o de Arthur Adams, quien colabora en unos cuantos números.

Entre los malos-bien-malos se destacaron unos New Authority, que suplantaron a los originales cuando se metieron con los que cortan el bacalao, y tuvieron unos numeritos intercalados, escritos por Tom Peyer y dibujados por un Dustin Nguyen que parecía un tantito apurado.

El cierre de este volumen marca el regreso de Apollo, Midnighter y compañía, poniendo en su lugar a los impostores. Uno de ellos es transformado en gallina para que unos rednecks se lo violen. Y a Millar le siguen comprando los derechos para adaptar sus cómics incluso antes de que salgan a la venta.

Como ven, dos etapas completamente diferentes, que merecen ser leídas de corrido para ser testigos de ese salto, con héroes humanos pero comprometidos en una primera mitad, que luego parecen marearse con la fama y el poder, aunque el guionista no logre convencernos de este cambio de actitud y en lugar de eso nos distraiga con viñetas shockeantes y morbo en cuatricromía.

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