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Ex Machina, el cómic completo

Por el Cómics

Ex Machina, el cómic completoMichell Hundred tiene un superpoder y piensa utilizarlo para hacer el bien. Cuando volar por los aires y capturar maleantes no sea suficiente, se postulará para alcalde de Nueva York. De ambos momentos de su vida habla este cómic que sorprenderá hasta el último minuto.

Ex Machina, el cómic completo

Ex Machina, el cómic completoFinalmente terminé de leer una de esas series ineludibles para aquellos que nos decimos seguidores del cómic y que apuntamos en primer término hacia el llamado mainstream de la industria estadounidense, que por cada historia de superhéroes que suena intercambiable, nos trae un título de Vertigo o Image que justifica la existencia del género.

Brian K. Vaughan es uno de esos autores cuya obra se cuela con frecuencia dentro de las "ineludibles" mencionadas. Ya sea por su Y: The Last Man, Pride of Baghdad o la todavía en publicación Saga, ha demostrado una maestría a la hora de guionar historietas. Mucho se había hablado de Ex Machina, así que no dejé que me lo contaran y leí los cinco tomos en tapa dura que recopilan los 50 números junto a varios especiales.

Entre leer el último capítulo y escribir esta reseña no pasó media hora, así que mi primera sensación es la de haberme bajado de una montaña rusa y saber que tendré que abandonar a los personajes que me acompañaron durante tantas subidas y bajadas. Hablemos un poco de ese viajecito.

El cómic gira alrededor de la figura de Mitchell Hundred, única persona (luego "primera persona") en obtener poderes sobrehumanos en la "visión Vaughan" de un mundo muy parecido al nuestro y una ciudad de Nueva York muy parecida a la que podemos visitar.

Micthell adquiere la capacidad de comunicarse con las máquinas, por sencillas que estas sean, y utilizando este don junto con algunos ingenios que diseñó en sueños, se convierte en el "vigilante" conocido como The Great Machine.

Esta es solamente una parte de la historia, que está contada a través de constantes flashbacks. El "presente", que avanza conforme continúa la serie, cuenta el pasaje del protagonista por la alcaldía de Nueva York, luego de haber abandonado el jetpack, el casco y la ridícula arma de rayos.

La comparación con la serie televisiva The West Wing es tan evidente que hasta aparece en las citas de reseñadores en la portada de los libros. El señor Hundred y su núcleo más cercano de colaboradores (Bradbury, "Kremlin", Wylie) se comportan como personajes salidos de la pluma de Aaron Sorkin y en ocasiones cansa la facilidad que tienen de sacar datos menores de la galera y utilizarlos para rebatir ideas del imaginario colectivo.

Dicho esto, será interesante descubrir cómo el alcalde se enfrenta con problemas mucho más mundanos que un supervillano con ansias de conquista global, relacionados con la libertad de expresión, los derechos sexuales y reproductivos y la relación con la prensa. Tranquilos, que los atentados y las conspiraciones también estarán a la orden del día.

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Durante los diferentes arcos conoceremos el corto (pero muy rico) período superheroico de The Great Machine y se nos irá tejiendo una trama que por momentos recordará a Watchmen, por la forma en que Vaughan deja migajas por el camino y por la forma en que los personajes balancean la eterna discusión del fin y los medios.

Todo esto no funcionaría tan bien sin el invalorable aporte de Tony Harris en el arte, convirtiendo las muchas, muchísimas conversaciones de oficina en páginas que siguen siendo una delicia para el ojo del lector. Es cierto que algunas viñetas puntuales parecen detener el tiempo de la acción en el momento incorrecto del diálogo, sólo para que Harris nos muestre a algún personaje haciendo un gesto particular con las manos, pero en cuanto a lo secuencial, el diseño de personajes y la belleza visual (donde se suman varios entintadores, JD Mettler en color y Jared K. Fletcher en rotulado) no hay mucho que reprochar.

El shock de haber terminado de leer Ex Machina no solamente se explica por abandonar a un buen compañero de días de lectura, sino porque los creadores nos tienen deparadas sorpresas hasta el último número, que si bien no tiene una gran Shyamalanada, obliga a repensar algunas acciones que se arrastran casi desde las primeras páginas del cómic.

¿Acaso me enojé al conocer el final? Tanto como alguien puede enojarse con una página impresa. No porque BKV nos haya engañado con su obra de fantasía, sino porque su cierre (un poco apresurado, sería mi única crítica) nos muestra que su mundo tiene mucho más de real que lo que uno podía sospechar.

Ineludible, sí. Y que abre el juego para conversaciones posteriores, como deberían hacer las buenas obras de arte.

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