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Flinch, Book One

Por el Cómics

Flinch, Book OneUn capítulo más de la saga "DC por fin recopila cómics que compré mensualmente hace unos quince años", esta vez protagonizado por una antología de historias de horror, aunque a veces eran de humor. Lo que nunca faltaba era la incomodidad.

Flinch, Book One

Los cómics antológicos suelen limitarse a proyectos puntuales, experimentos o la necesidad de mantener una marca registrada. De los dos primeros casos tenemos varios ejemplos en Kickstarter, con antologías temáticas o libros que nuclean a varios autores para conseguir la atención del público.

En el caso de las marcas registradas, alcanza con ver algunas de las antologías publicadas por Vertigo en los últimos años, como Time Warp, Strange Sports Stories y antes Weird War Tales y Weird Western Tales. Quizás surgieran como una excusa para unir a diferentes autores con historias relacionadas, pero queda la sospecha de que un abogado de DC dijo "si no publican algo con este título, lo perderemos".

Algunos de estos ejemplos de Vertigo fueron números unitarios y en el mejor de los casos duraron cuatro meses. Sin embargo, entre 1999 y 2001 se editó una antología en forma de serie regular, que llegó a los dieciséis números y cuyos primeros ocho acaban de ser reeditados para beneplácito de quienes la coleccionamos y preferíamos tener un par de volúmenes en nuestra biblioteca.

Desde su portada se anunciaba como "la antología de horror de Vertigo" pero eso no le hace justicia. Flinch significa (entre otras acepciones) "estremecerse" y la cosa va más por allí. Por la molestia, la incomodidad de leer la mayoría de las historias. Esa incomodidad tan disfrutable que suelen tener los mejores títulos de este sello editorial.

Flinch, Book One

Por supuesto que el nivel no es parejo, pero casi todas las historias puntúan de aceptable hacia arriba. Coleccionar esta serie era una interesante forma de sorprenderse mes a mes y de paso descubrir autores.

En este tomo, por ejemplo, tenemos trabajos de Jim Lee, Richard Corben, Brian Azzarello, Garth Ennis, Frank Quitely, Kelley Jones, Ty Templeton y Marc Hempel, entre muchos otros. Algunos nombres me resultaban desconocidos en su momento pero aprendí a quererlos con los años (Quitely, por ejemplo, todavía no había explotado).

Leer los números de un tirón sirve para detectar similitudes en las historias. Varios guionistas apuntaban a la vuelta de tuerca final, tan común en los cómics de Cuentos de la Cripta y similares, que fueran populares en Estados Unidos en los años '50.

Hay muchas muertes sangrientas, especialmente de parte de parejas despechadas, personajes que descubren que los terrores ficticios no lo eran tanto, problemas psiquiátricos varios y apariciones demoníacas. Como suele ocurrir, las historias que menos se basan en elementos sobrenaturales son las más efectivas en eso de hacernos estremecer. Alcanza con nombrar el sencillo racconto de la práctica china de vendarse los pies.

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Unos pocos se animan a jugar con el humor (incluyendo una historieta de Templeton que inspiraría un cuento que escribí quince años después de haberla leído) y unas cuantas funcionarían como episodios de El Caminante, antología televisiva que se caracterizaba porque nadie salía ganando excepto el espectador, que veía al menos un par de senos por episodio.

Si hablamos del arte la cosa será más o menos satisfactoria dependiendo de los gustos de quien lea este tomo. Lo objetivamente positivo es el esfuerzo por darnos una gama muy amplia de estilos de dibujo y de coloreado.

Esperemos que las ventas posibiliten la edición del segundo y último tomo, para que este experimento del siglo pasado se luzca completo en las bibliotecas más afamadas.

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