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Justice League de Geoff Johns

Por el Cómics

Justice League de Geoff JohnsDespués de explicar lo que significó para el lector promedio de DC Comics la llegada de los Nuevos 52 (que ya se fueron), repasamos el buque insignia de la editorial durante esos cinco años: la Liga de la Justicia, formada por sus personajes más poderosos.

Justice League de Geoff Johns

Ah, la "continuidad". Ese concepto que significa que cada historia de 20 páginas que leemos en un cómic de superhéroes forma parte de un universo más grande, construido por la suma de todas esas pequeñas narrativas. Esta herramienta es un arma de doble filo: por un lado, incita a los lectores a investigar otros rincones de ese universo, buscando pistas, causas y consecuencias.

Por otro lado, con el correr de los años (y ante la imposibilidad de que las historias tengan un final definitivo, ya que eso cerraría la canilla de ganancias) la "continuidad" se transforma en un bicho grande que pisa fuerte, que acumula décadas y décadas de conocimiento enciclopédico acumulado, que termina esposando a los guionistas e impidiendo el desarrollo de historias que contradicen todo lo que vino antes.

DC Comics no ha tenido miedo a reescribir su continuidad. Mientras que Marvel trata a su gran universo como un chicle que se estira o se contrae de acuerdo a las necesidades editoriales, DC dio su primer cimbronazo en los años 50, borrando de un plumazo lo que había venido antes, y desde entonces intercala sus "borrones y cuentas nuevas" con otros en los que da un abrazo bien grande para abarcar la mayor parte de su pasado.

El último borrón fue llamado los Nuevos 52, cuando en 2011 cancelaron todas sus series y las relanzaron (52 de ellas) desde el número 1. Además del reseteo numérico, los héroes que las protagonizaban vieron reducidas sus biografías, que ahora marcaba la aparición de Superman, típico inicio de la "Era Moderna de los Superhéroes", como algo ocurrido "cinco años atrás".

Mientras los lectores asustados por la "gran C" volvían a las comiquerías, los de toda la vida hacían volteretas para descubrir qué elementos en la vida de cada personaje todavía formaba parte de su biografía en este nuevo universo. ¿Cuántos Robin tuvo Batman en esos cinco años? ¿Bane le quebró la espalda o no?

Justice League de Geoff Johns

Las series tuvieron suerte dispar, más por la calidad del producto final que por la cantidad de bagaje de sus protagonistas. Algunos aprovecharon esta nueva línea de tiempo para contar historias imposibles (como un romance entre Superman y Wonder Woman), mientras que otros podrían haber hecho lo mismo más allá de tantos cambios.

Lo que más sufrió con los Nuevos 52, y en este sentido la mayoría de los lectores estuvieron de acuerdo, fue otro concepto importante en los universos superheroicos, pero más que nada en el de DC: el "legado".

Desde el primero borrón y cuenta nueva de DC en 1956, con la introducción de Barry Allen, la idea fue que nuevos personajes ocuparan roles conocidos. Barry se transformó en el segundo Flash, no en un velocista con otro nombre. Hal Jordan era un Green Lantern muy distinto a Alan Scott, pero el anillo verde permaneció. Después del borró y cuenta nueva de 1985, fuimos viendo cómo Wally West, Kyle Rayner o Connor Hawke, entre otros, tomaban el lugar de sus antiguos mentores.

En 2011 se dio un paso atrás, devolviendo la titularidad a la segunda generación (años 50-60), desapareciendo a la primera (años 40) y degradando a la tercera (años 80-90) al rol de segundones eternos. Y, lo más imperdonable de todo, agregándole un cuellito al traje de Superman.

Pasaron cinco años y los popes de DC Comics entendieron lo que los lectores querían; no solamente buenos creadores en sus series, sino el mayor respeto posible por lo que se había construido antes.

Ahora que todo está volviendo a la normalidad, o al menos a una normalidad anterior, algunas historias de los Nuevos 52 pueden leerse con otra... tranquilidad. Si una joyita como Final Crisis se disfruta de otro modo sin estar todo el tiempo con la calculadora en la mano pensando qué pieza del rompecabezas calza en la continuidad oficial, lo mismo ocurre con cómics menos ambiciosos, como la Liga de la Justicia que relanzaron Geoff Johns y Jim Lee.

Justice League de Geoff Johns

Después de años de intrascendencia, era el momento justo para devolverle al grupo más poderoso de todos los universos el lugar central que se merecía. Se hizo el intento, y por más que quedó lejos de la majestuosidad de la JLA de Grant Morrison, el enfoque parece perfecto para disfrutarse en atracón, una vez que los números fueron recopilados en 8 tomos, más especiales.

Recordemos que los Nuevos 52 comenzaron "5 años después" de que los héroes aparecieron en la Tierra, pero Johns y Lee dedicaron su primer arco a la primera reunión de sus protagonistas, cuando una invasión extraterrestre (¿extradimensional?) obligó a varios tipos poderosos a unirse contra un enemigo en común.

Estén atentos, porque las acciones sonarán familiares a aquellos que hayan visto algún adelanto de la película de la Justice League: la llegada de Parademonios a nuestro planeta hizo que se encontraran Batman, Superman, Wonder Woman, Green Lantern, AquamanFlash y Cyborg. Esos bichos no eran más que el comité de bienvenida de Darkseid, quien se enfrentó a la liga recién formada y por suerte para todos nosotros ganaron los buenos. Sacale al Linterna y matame a Superman y la película se parece mucho.

Se trata de números con bastante acción y humor, aunque poco desarrollo de personajes, con dibujos a la altura de las circunstancias, siempre que uno guste del estilo de Lee. Esta primera historia debía conquistar al público en general y en ese sentido cumplió con creces.

Justice League de Geoff Johns

La cosa se pone más interesante con los números siguientes, cuando viajamos al presente y descubrimos la relación de la Liga con los ciudadanos del mundo, algo que no siempre estaba presente, en particular cuanto más grandes eran sus aventuras.

Tan importante como los miembros originales, comienza a definirse el personaje de Steve Trevor, aquel "primer hombre" en pisar la isla de las Amazonas, que en su rol de intermediario entre los superhéroes y el gobierno de Estados Unidos nos permite tener una perspectiva humana del funcionamiento de algo tan poderoso, tan ajeno y sobre todo tan caro de mantener, como la Liga de la Justicia.

Johns, único guionista en los 50 números que cuentan una gran historia enmarcada por los enfrentamientos contra Apokolips, no balancea los momentos íntimos y las peleas en la misma forma en que lo hizo (y ganó el reconocimiento de los lectores) en la Sociedad de la Justicia. Sin embargo, se encarga de meternos dentro de la mente de algunos de los personajes, como la mismísima Diana de Themyscira en la Guerra contra Darkseid.

Leyendo los volúmenes de un tirón, cada arco parece encadenarse al siguiente, con un par de "eventos" en medio de los cinco años que terminaron alimentando hasta los últimos números.

Después de un enfrentamiento contra las fuerzas militares de la Atlántida con Aquaman debatiéndose entre dos alianzas, Johns (ahora junto al muy competente Ivan Reis) comienza a sembrar semillas de sus dos eventos. La Guerra de la Trinidad, que enfrentó a la Liga con sus contrapartidas gubernamental (Justice League of America) y mágica (Justice League Dark), parecía explicar lo que había sucedido con aquella continuida modificada por una tal Pandora, pero terminó disparando el enfrentamiento más fuerte y extenso de nuestros protagonistas: la guerra contra el Sindicato del Crimen, las versiones malvadas de Superman, Batman, Wonder Woman... y los demás, llegadas desde un universo paralelo recién destruidito.

El choque se dio en la miniserie Forever Evil (escrita por Johns con dibujos de David Finch), pero en la serie regular se amplió la acción, con los pocos miembros de la Liga que no habían desaparecido en acción. Tranquilos, los demás volvieron al final, para salvar la petisa.

Justice League de Geoff Johns

Ese vacío de poder hizo que los encargados de salvar al mundo fueran algunos de los mismos villanos que se oponían a los buenos, empezando por el archijodido Lex Luthor, quien tanto reconocimiento obtuvo por la derrota del Sindicato (algo que como empresario ya conocía bastante) que se convirtió en protagonista de la serie primero, y miembro de la Liga después.

Con la ayuda de Doug Manhke, un preferido de la casa, continuaron las aventuras, que incluyeron algo parecido a una invasión zombi a escala global y grandes enfrentamientos dialécticos entre Lex Luthor y Bruce Wayne. Leyeron bien, no dije Batman, dije Bruce Wayne.

Antes de despedirse de la serie y del universo de los Nuevos 52 tal como lo conocíamos, Johns se despachó con una historia de escala universal, quizás la más parecida a lo que Grant (y perdonen que lo siga nombrando) nos proponía mes a mes cuando tuvo las llaves del vehículo más poderoso de DC.

El problema de la Darkseid War, que dibujó el creciente Jason Fabok, es que se extiende por demasiados números, sin mencionar los especiales que están recopilados en un volumen aparte y que, sin aportar mucho, entretienen.

Otrora, esa gran batalla que incluía amazonas, el Anti-Monitor y medio plantel del Cuarto Mundo hubiera durado menos números. Aquí, "más es menos", ya que al tener el espacio suficiente, Johns nos detalla la relación entre Darkseid, su hija, Superwoman y la mar en coche, cuando lo que realmente importa es la machaca entre los personajes.

Uno hubiera preferido un mejor final para una serie que por primera vez desde que se fue Joe Kelly se volvió interesante de "seguir", más allá de que en algún momento pudo ser interesante de "leer", que no es lo mismo.

En el mejor recuerdo queda la acción de los primeros números y el desarrollo de personajes especialmente de la época de Forever Evil y cuando Lex se bancó el Lazo de la Verdad y contó las razones por las que quería pertenecer al mismo grupo que su principal enemigo. ¿Se podría haber contado esta historia en la vieja continuidad? Yo diría que sí, salvo algunos detalles de los personajes, obviamente el origen recauchutado, la ausencia del Martian Manhunter y el jodido cuellito del traje de Superman, que se fue para jamás volver.

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