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Lady Killer

Por el Cómics

Lady KillerEn aquellas épocas en las que la mujer parecía relegada a la cocina o la falda del jefe, Josie es una despiadada asesina a sueldo, aunque también es ama de casa y madre de dos niñas. Este conflicto debería promover una buena historia, pero se queda en el "mirá la idea que tuve".

Lady Killer

Un high-concept se le llama a aquellas series o películas que pueden ser definidas (seamos honestos, que pueden ser "vendidas") en una frase corta, que suele llamar la atención. Por ejemplo: "el papa debe salvar al mundo de los extraterrestres".

El cómic Lady Killer, editado por Dark Horse, es bastante high-concept. La premisa es la siguiente: "un ama de casa de los '50 es una asesina a sueldo". ¿Deseas leer más?

Yo lo deseaba y gracias al Cyber Monday (sí, vengo atrasado con mis lecturas) adquirí la miniserie de cinco números a menos de tres dólares. Me encontré con una historia entretenida, aunque demasiado llana. Demasiado concentrada en su frase corta. Y haciendo la gran Mark Millar y esperando vender los derechos.

Josie no es la típica vendedora de productos puerta a puerta. Pese a sus modales y a su impecable tailleur, es una asesina a sueldo que se arroja sobre la pobre víctima ni bien gana su confianza, liquidándola a cuchilladas en la cocina y quejándose por un par de manchitas de sangre. Luego regresa a su hogar a darle de comer a las niñas, recibir a su marido y soportar a su suegra. Allí es contactada por sus empleadores, quienes le encargan otro trabajito.

De esto se compone el primero de cinco números y a uno le queda la sensación de que pasó poco, sobre todo cuando el concepto que dio origen a la serie es tan fuerte, que no merece desperdiciar esa cantidad de páginas para plantearnos la premisa.

Quizás influya que la idea provino de la dibujante (y coguionista junto a Jamie S. Rich) Joëlle Jones, más preocupada por mostrarnos en detalle la pelea a muerte entre dos mujeres de los años cincuenta que en presentarnos grandes conflictos.

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A su favor debo decir que éste es el trabajo más detallado y "lindo" de la artista. Un repaso virtual a su obra la mostraba como alguien a tener en cuenta, pero recién en Lady Killer se destapa como un lápiz al que prestarle mucha atención, sobre todo si continúa con este estilo.

El estilo lo definiría como 101 dálmatas (o La Noche de las Narices Frías, porque nos vienen cagando con las traducciones de los títulos desde hace décadas). El esposo de Josie, por ejemplo, podría perfectamente ser Roger Radcliff, aquel compositor de música que se enamoraba de Anita en el parque.

Joëlle no es ninguna tonta y, además de la ambientación hogareña, se encarga de llevar a la protagonista a otros escenarios clásicos de antaño, como un club al estilo Playboy, una oficina o una fiesta entre vecinos. El coloreado de Laura Allred termina de embellecer cada una de las páginas y en el sentido puramente estético este cómic merece al menos una relectura.

El problema viene de la mano del guion, que quiere que nos preocupemos por la pobre Josie y su doble vida pero no logra plasmar el conflicto. Una reunión con el jefazo incluye esta frase: "Supongo que se toma su vida familiar seriamente, por eso ha dejado que interfiera con sus cosas".

En ningún momento como lectores nos había dado esa impresión, más allá de que en el primer número su "contacto" no la llama en el mejor momento y ella debe inventar una excusa para salir a la puerta. Pero no hay evidencia de una dificultad con su doble vida ni de que (por ejemplo) haya cambiado tanto desde que decidió tener una familia.

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Todo lo que sucede en el resto de la historia es... en el mejor de los casos esperable, cuando no predecible. Josie no podrá completar su próxima misión, por una razón demasiado obvia y que tiene que ver con ser madre. Eso desencadenará el odio de su jefazo, que la mandará matar... excepto que ya la había mandado a matar antes de que fallara. Este desorden narrativo no contribuye a la tensión, sino todo lo contrario.

Allí vendrán las escapadas, los aliados inesperados (dos... inesperados porque son creados en mitad de la ficción para que sirvan de aliados) y la escena final con tiros, sangre y vueltas de tuerca que sorprenderán al lector. Nah, de esas no hay. Pero sí tiros y sangre.

Joëlle Jones ni siquiera pone en peligro a las hijas de la protagonista, tal vez porque era más importante mantener el secreto familiar para una secuela. Aunque un personaje secundario descubra la verdad, sin tiempo para consecuencias.

Lo prometedor es que una nueva aventura (ya confirmada) obligará a los guionistas a modificar la vida laboral de Josie, por razones que entenderán quienes lean el cómic.

No estoy diciendo que sea un desastre ni que sea un desperdicio de papel, sobre todo porque lo leí en digital. Pero unos dibujos tan lindos merecían una historia a la altura de las circunstancias, que valiera más de los 2,99 del Cyber Monday. Usté puede, Joëlle.

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