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Reseña: Copra

Por el Cómics

Reseña: CopraDurante el 2013, Michel Fiffe se convirtió en una industria de un solo hombre, y publicó 12 números de Copra, una serie que es el fruto del amor del historietista por los cómics del Escuadrón Suicida de fines de los 80. El resultado: una de las maravillas ineludibles del año que nos dejó.

En la vida de todo aquel que ama la narrativa secuencial, existe un momento en que la historieta comienza a vivirse de una manera un tanto más consciente. En ese sentido, seguramente no esté solo cuando diga que para aquellos que tuvimos nuestra temprana educación comiquera a principio de la década de los 90 (gracias a los títulos de la desaparecida editorial española Zinco), el Escuadrón Suicida de John Ostrander, Luke McDonnell y Kim Yale ocupa un lugar especial en nuestro corazón.

Por supuesto que no se trata de un simple ejercicio nostalgioso. Cuando uno vuelve a esas historias hoy, a más de veinte años de su publicación, de inmediato se topa con una realidad que rompe los ojos: la serie sigue teniendo una vigencia sorprendente, y no en vano es considerada como una de las grandes series superheroicas de todos los tiempos. Aunque tratándose del Escuadrón, eso de "heroico" es, cuanto menos, discutible.

Para el pre adolescente que era por aquellos años (esta reseña se está volviendo peligrosamente autobiográfica, ustedes sabrán disculpar), el toparse con un cómic en el que los protagonistas eran un grupo de forajidos de la peor calaña, enviados a las misiones que nadie quería llevar adelante, y cuya expectativa de vida era más baja que la de un hincha de Nacional en la Ámsterdam un día de clásico, sin dudas era de lo más llamativo. La maestría de Ostrander y compañía consistió en superar el novedoso gancho argumental, y dotar a sus personajes de una tridimensionalidad tal que, como lectores, verdaderamente nos importaba el destino de aquellas lacras lideradas por la enorme Amanda Waller.

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Los compendios 1 a 3 (recopilan del número 1 a 9). El cuarto está en camino.

Recuerdo exactamente cuál fue el primer cómic del Escuadrón con el que tuve contacto (esas cosas quedan marcadas a fuego en la memoria): fue el número 5 de la edición española (el 10 en la versión original gringa). En la tapa, Batman aparecía acorralado contra la pared, al tiempo que era increpado por una gorda, negra y retacona, que vestía un traje gris de oficinista (la gran Amanda, por supuesto).

A mediados del año pasado, leí en el sitio Comics Alliance una entrevista al historietista independiente Michel Fiffe (a quien no tenía el gusto de conocer) a propósito de su nueva serie, Copra, que no era ni más ni menos que un homenaje al viejo y querido Escuadrón. Por si fuera poco, Fiffe comentaba que su primer contacto con la serie lo había tenido durante su infancia, en un breve período en el que su familia se trasladó a España, y gracias a las ediciones de Zinco.

No quedaba otra alternativa, TENÍA que leer Copra.

En una industria que se mueve fundamentalmente a partir del work-for-hire, Copra aparece como una obra propulsada casi exclusivamente por el amor. O mejor dicho, por el amor y admiración de su creador por un grupo de personajes y por los historietistas que los llevaron adelante.

Para rastrear los orígenes de Copra habría que remontarse a Deathzone, un fan cómic de 16 páginas del que Fiffe apenas imprimió un par de centenares de copias, y en el que le rendía tributo al Escuadrón, enfrentando al grupo una vez más a la Jihad, sus clásicos archienemigos.

Deathzone preparó el terreno y fue el impulso que motivó a Fiffe a crear Copra, su propio Escuadrón Suicida, integrado por un combo de personajes nuevos que se mezclan con otros que claramente remiten a viejos conocidos. Es que en las páginas de Copra fácilmente podemos identificar a los análogos de Deadshot, Waller, Shade, y varios más.

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El plan de Fiffe era extremadamente ambicioso, y básicamente consistía en convertirse durante un año en una suerte de OMAC (en este caso, algo así como un One Man Army Comicbook creator), con el objetivo de auto publicar 12 números, a razón de uno por mes y de forma ininterrumpida. Imaginen a un tipo que se compromete (consigo mismo y con sus lectores) a sumergirse en un loop creativo casi enfermizo, en el que tendrá solamente 30 días para guionar, dibujar, entintar, colorear, imprimir y llevar al correo el producto de esas 4 semanas, para que cada número llegue a tiempo a la puerta de cada uno de sus lectores. Si eso no es amor, que alguien me lo explique...

Desde esa óptica, hasta podría decirse que Copra es la historieta en su estado más visceral, y por qué no, en su estado más puro. Claro que, todo esto tendría escaso valor si el resultado fuese decepcionante. Sin embargo, nada más alejado de la realidad. Fiffe es un dibujante de la hostia, y en todo su arte subyace (y digo subyace porque nunca se trata de algo literal) la influencia de Steve Ditko, Frank Miller, Klaus Janson, y otros tantos maestros. Sin embargo, lo que hace especial a Fiffe es que no se parece a ninguno de ellos.

Su estilo es absolutamente único y resume los elementos más cinéticos del mainstream superheroico, mezclados con una notoria sensibilidad indie. Como si se tratase de una especie de Frankenstein hecho a partir de retazos de Kirby y algún historietista alabado en The Comics Journal.

Su diseño de personajes es hermoso, y logra que cada uno de ellos tengan rasgos totalmente distinguibles, gracias a la economía de trazos en algunos casos (el villano Vitas, por ejemplo) o la sobreutilización de los mismos en otros.

La genialidad de Copra radica en que no se trata de una copia apenas retocada de la obra original que la inspira. Por el contrario, lo que Fiffe hace es captar a la perfección la esencia y el corazón de aquellas viejas historias de los 80, y sentirlas como propias, y que nosotros los lectores le creamos. Y por supuesto que se le cree, porque el resultado es de una honestidad envidiable.

Fiffe planificó su historia para ser contada en 12 números, y dentro de ese extenuante plan de publicación (repito, piénsenlo por un minuto: estamos ante un solo tipo que se encarga de guionar-dibujar-entintar-colorear-rotular-diagramar-mandar a imprenta-colocar en el correo, un cómic de 24 páginas todos los meses) no hay tiempo para respirar. Uno de los grandes aciertos de Fiffe (quizás alcanzado de manera inconsciente, pero no por ello es menos destacable) está en lograr que esa sensación de vértigo se perciba en cada página. Copra pasa de primera a sexta y ya no hay tiempo para detenerse.

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Viñetas al margen, un detalle no menor es el excelente producto final. Desde la notable calidad de impresión, hasta el tipo de papel de buen gramaje, estamos ante un cómic que avergüenza a las cada vez más descartables revistas individuales de Marvel y DC.

A lo largo de su salida, Copra fue incrementando su base de seguidores, y el tiraje original de unas 400 copias se quedó cortó. La mayoría de los números están agotados, aunque pueden visitar la web de Fiffe para chequear la disponibilidad. Afortunadamente, la comiquería Bergen Street Comics de Brooklyn tomó la iniciativa de publicar unos hermosos compendios, y se prevé la publicación de un tomo que recopila los 12 números. Les aseguro que la atención es excelente y los costos de envío a Uruguay son muy razonables.

Marvel, que hoy en día parece bastante más atenta que DC en la captación de artistas talentosos, anunció en las últimas semanas la incorporación de Fiffe a sus filas, en tanto será el responsable de los guiones de la nueva serie All-New Ultimates.

De todas maneras, Fiffe ya dijo que de ninguna manera hemos visto lo último de Copra, y promete nuevas historias para el futuro cercano. Larga vida al Escuadrón, larga vida a Copra.

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