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Reseña - Doctor Strange: The Oath

Por el Cómics

Reseña - Doctor Strange: The OathLuego de varios intentos para relanzar al Hechicero Supremo de la Marvel, finalmente en el 2006 fueron Brian K. Vaughan y Marcos Martin quienes dieron en la tecla con su excelente miniserie Doctor Strange: The Oath. En ella, rescataron la mejor tradición del personaje e introdujeron nuevos elementos para su futuro. Lástima que la editorial no pensó lo mismo.

Reseña - Doctor Strange: The Oath

El Doctor Strange es uno de esos personajes que, como tantos otros surgidos en la edad de oro de Marvel, tiene un origen tan ridículo como maravilloso: Stephen Strange era un cirujano brillante, egocéntrico y codicioso, que un día sufrió un accidente automovilístico que lo dejó al borde la muerte. Sus colegas lograron salvarle la vida pero –y acá viene la genialidad- no las manos. El daño en los nervios fue de tal gravedad que le advirtieron que nunca más podría volver a sujetar un escalpelo. El peor castigo para alguien cuya vida y profesión depende de sus manos. Luego vendría el viaje al Tibet para buscar una solución y el posterior encuentro con un maestro de las artes ocultas, hasta lograr convertirse en el Hechicero Supremo de la Casa de las Ideas.

Reseña - Doctor Strange: The Oath¿A qué voy con esta perorata propia de una entrada de Wikipedia? A que poco antes de que, primero Brian Michael Bendis en su etapa al frente de los Avengers y después Mark Waid en su miniserie Strange, tomaran al personaje y le quitaran todo aquello que lo hacía encantador, el guionista Brian K. Vaughan (Y: The Last Man, Saga) y el dibujante Marcos Martin (Batgirl: Year One, Daredevil) marcaron el rumbo a seguir. Rumbo que, como no es de extrañar, la editorial decidió dejar de lado.

Lejos de sumarse a cierta tendencia de la última década de reescribir la historia de los personajes de siempre con un tono más oscuro y dramático (como si de alguna manera eso fuese un signo de madurez), abrazaron aquellas primeras aventuras de Stan Lee y Steve Ditko, y el resultado fue Doctor Strange: The Oath, miniserie de cinco números publicada entre 2006 y 2007.

Quizás, la mayor virtud de Vaughan en The Oath sea la de haber encontrado un disparador que reúne ambas facetas del personaje, la mágica y la científica, y desde ahí contar una historia que continuamente pone a prueba a Extraño y sus creencias.

La historia abre con un Extraño herido de bala que, acompañado por su fiel asistente Wong, llega al consultorio de la Enfermera de Noche para ser atendido y salvar su vida. Unas páginas más tarde, nos enteramos que el disparo se produjo cuando el matón a sueldo conocido como el Bandolero le robó a Extraño un particular elixir que éste obtuvo en una dimensión paralela y que podría significar, ya no solo la cura del tumor cerebral fulminante de Wong, sino también un elemento que cambiaría para siempre el mundo de la medicina (por motivos que no voy a revelar, claro está).

Vaughan demuestra un eficaz y quirúrgico manejo de los flashbacks (una posible influencia de su paso como productor y guionista de la serie de televisión Lost), que lejos de ser utilizados como un mero elemento decorativo-narrativo, aportan información vital sobre la trama y sus personajes.

En cierta forma, y aún con sus notorias diferencias de tono y estilo, The Oath podría emparentarse con la excelente serie Immortal Iron Fist de Ed Brubaker y Matt Fraction, en tanto ambos títulos se desarrollan en una Nueva York plenamente reconocible en términos reales (con referencias locativas fácilmente rastreables), pero que bajo su fachada esconde un submundo que desborda fantasía.

Desde Chinatown hasta el Bronx, cada negocio o edificio puede significar la puerta de acceso a una realidad paralela o a una amenaza desconocida, y en ese sentido, Vaughan rescata cierta sensación de aventura y de fantasía urbana de la que carece gran parte del cómic superheroico más reciente.

Reseña - Doctor Strange: The Oath

Igual de significativa es la incorporación de un personaje casi olvidado como la Enfermera de Noche (quien maneja un consultorio médico para superhéroes; otra idea exquisita), que conceptualmente calza a la perfección en ese mundo construido por el autor, y además provee a Extraño de un ideal contrapunto femenino. Relación que Vaughan exprime al máximo, en parte gracias a su capacidad para escribir diálogos filosos y de timing televisivo.

Desde los lápices, el español Marcos Martin aporta su talento innegable, que evoca al maestro Ditko sin resignar su propia identidad, que es la de esa suerte de línea clara que tanto bien le ha hecho a cierto cómic de superhéroes de los últimos años (principalmente con sede en varios títulos de Marvel), y que artistas como Paolo Rivera o Javier Pulido también llevan adelante. El Extraño de Martin remite al actor Vincent Price, sin caer en el ridículo fotorrealismo de dibujantes como Greg Land. El trabajo del español se destaca particularmente cuando la historia se dirige a la veta más "ditkoniana" del personaje, es decir, aquella de un Extraño que enfrenta a seres de otras dimensiones y que sirve de excusa para que aquel despliegue todo su caudal mágico. La paleta de colores vivos de Willie Schubert colabora de gran manera a crear la atmósfera buscada.

Una posible crítica que se le podría hacer a The Oath radica en las respuestas que da el autor a ciertos acontecimientos (esto fundamentalmente lo podemos encontrar en las motivaciones de uno de los villanos de turno), ya que apela a una mirada conspirativo-corporativa que, en el contexto de la historia, parece incorporada a la fuerza y un tanto por fuera del tono general de la miniserie. De ninguna manera esto va en detrimento del resultado final, altamente disfrutable e inteligente.

Alguna vez, Joe Quesada dijo que la poca participación del Doctor Strange en el universo Marvel reciente se debía a que dicho universo no tenía reglas claras para el mundo de la magia. Sin embargo, como contradiciendo las palabras del pope de la Casa de las Ideas, Vaughan y Martin trazaron el camino. Quizás, a veces, el caos sea la respuesta.

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