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Reseña: Superman - Birthright

Por el Cómics

Reseña: Superman - BirthrightHace unos diez años, DC Comics presentó con bombos y platillos un nuevo origen de Superman en cómic, de la mano del talentoso Mark Waid. Hay aciertos, elementos modernizados, y una influencia de Smallville que lo arruinó, al menos para mí.

Reseña: Superman - Birthright

Había leído Superman - Birthright de prestado hacía muchos años. No me había gustado, pero con la llegada de una película que volvía a contar su origen me pareció interesante añadirlo a mi biblioteca del Hombre de Acero. Sigue sin "cerrarme", pero ahora recuerdo por qué.

Primero que nada, hay que volver a un tema que renació con la salida de la película. Hay muchos Superman. Con Batman parece más fácil de entender, porque incluso dentro de las cuatro películas de la penúltima saga (las de Burton y Schumacher) había más de una interpretación del hombre murciélago.

La idea arraigada en la mente de muchos es que Superman siempre fue igual, basados en la imborrable imagen de Christopher Reeve o la presencia de infinito merchandising (gran parte de éste basado en los diseños del tipo que definió todo el universo DC para mí: José Luis García-López).

Pero desde 1938 hubo muchos Supermanes y quienes se expusieron a ellos encontrarán cosas que le gustan y le disgustan. Superman saltó, voló, mató, creció, sonrió, lloró, gracias a guionistas que querían contar historias que se separaran de las anteriores.

Por mi edad, el origen de Superman es Man of Steel, la miniserie de John Byrne. Así que cuando Mark Waid (junto a Leinil Francis Yu) llegó para contar el origen a las "nuevas generaciones", me sentí viejo pero le di una oportunidad. Y hay varias cosas en las que no falla.

Reseña: Superman - BirthrightCon el doble de páginas, Waid tiene tiempo de contar lo que ocurrió desde el momento en que Clark Kent dejó Smalville hasta el que llegó a Metropolis. Para algunos esto nunca tuvo importancia, mientras que para otros ese tiempo solamente fue de unas horas, ya que pasó de un centro poblado al otro.

Waid se centra en el trotamundos Kent, algo que a Batman le sentó muy bien, cuando se contaron historias de su aprendizaje alrededor del mundo y los maestros que le enseñaron las distintas disciplinas. Aquí la historia no contará acerca del desarrollo de sus poderes (que ya están desarrollados), sino de sus aventuras como periodista, mientras sufre alguna que otra decepción de parte de la raza humana. Como nos ha pasado a muchos.

Esa es una de las dos ideas fuertes que nos vende el guionista. La otra, que en parte aparece en la película, es la de Superman como primera evidencia de que existe vida en otros mundos (y, como puede ser leído con independencia de otros cómics de DC, también es la historia del primer supertipo del mundo).

El Kriptón de Birthright recupera algo de color, sin perder el ascetismo de Byrne. Su Metropolis es moderna para los tiempos que corren, como debería serlo siempre. El problema es Lex Luthor.

Cuando digo "el" problema, digo "mi" problema. Dentro de este Superman casi infinito, hay características inalterables y otras sobre las que se experimentó bastante, y el némesis humano de Kal-El es una de ellas.

En Birthright hay una influencia ineludible, y que venga Mark Waid a casa (mandá SMS porque no tengo timbre, Mark) y me lo desmienta: la serie Smallville. No es casualidad que sus productores hayan escrito el prólogo del cómic.

Poco puedo decir de la serie, que me ahuyentó en su primera temporada con su "monstruo de kriptonita de la semana". Más allá de juicios de valor, redefinió la relación entre Clark y Lex Luthor e influenció (a pedido de DC o no) la maxiserie en cuestión.

Me sale el fanboy de adentro. Suelo tenerlo a raya, pero a veces es más fuerte que yo. Odio la idea de que Clark y Lex crecieron juntos (que no es nueva, de hecho el propio Jerry Siegel la introdujo en los sesenta), de que tienen la misma edad y de que crecieron juntos, teniendo súper aventuras mientras luchaban contra la incomprensión de sus compañeritos del liceo.

Que arranquen. "Mi" Lex Luthor es claramente el de 1985, el empresario que tiene el amor de la gente de Metropolis gracias a sus millones, y que ve cómo la llegada de un héroe de colores primarios pone en riesgo ese amor y las actividades ilegales en las que participa.

"Mi" Lex Luthor es mucho mayor que Superman, es el Franco Macri que quiere levantarse a Lois "Flavia Palmiero" Lane. Uno de los mayores dilemas de mi juventud era entender por qué mi macaquito de Lex Luthor estaba vestido de verde y violeta y tenía una escafandra que le daba poderes. Si "mi" Lex Luthor rara vez se ensucia las manos... tiene a un montón de tipos que lo hacen por él.

Sí, "mi" Lex Luthor está influenciado por Kingpin, gracias por participar. Tomen un chupetín por sabihondos.

Superado este trago amargo de la historieta (mentira, es insuperable para mí), llegamos a la historia final, que tiene cositas que luego se vieron en el cine de la mano de Zack Snyder. Hay una presencia kriptoniana que hace cuestionar de qué lado está el superhéroe, hay destrucción a gran escala y hay una larga escena de acción en Metropolis, durante la cual Superman se ríe poco y nada. Lo aclaro porque la sonrisa de Superman últimamente obsesiona a unos cuantos.

También hay una subtrama traidísima de los pelos, protagonizada por Luthor, acerca de la comunicación con Kriptón. Otra vez me atrevo a afirmar de dónde viene (vení a desmentirlo, Waid, traé Coca-Cola y galletitas). Todo está en función de una hermosa escena final, el punto más alto de los doce números. Pero se pierde tiempo, espacio y credibilidad solamente por esto.

No mencioné el dibujo hasta ahora, porque poco se puede agregar acerca de la calidad de L.F. Yu. Funciona en las escenas conversadas y también en las de acción, aunque muchas veces sus personajes quedan de boca abierta y parece que sólo falta dibujarles el hilito de baba que les cae.

¿Vale la pena leer Birthright? Vale la pena, porque su peso dentro del "canon" de Superman es importante. ¿Aporta elementos interesantes? Aporta. ¿Es el origen definitivo del personaje? Ni en pedo. ¿Voy a dejar de hablar como Juan Carlos Scelza? Ya mismo.

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