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Suicide Squad (1987)

Por el Cómics

Suicide Squad (1987)Gracias a la película del Escuadrón Suicida se reeditaron aquellos cómics a los que le debe la vida. En 1987 John Ostrander comenzó a contar aventuras con una fuerte carga política, morales discutibles y subtramas interesantes. Esto podremos ver en los dos primeros tomos.

Suicide Squad (1987)

En el mes de agosto desembarcará en el cine un grupo de personajes del Universo DC que en su mayoría son poco conocidos. Su misión será conquistar al gran público con una actitud jodida y una moral cuestionable. Se trata del Escuadrón Suicida, un grupo comando compuesto fundamentalmente por presos (villanos y supervillanos) que cumplen misiones para el gobierno a cambio de una reducción en la pena. Claro que para eso habrá que terminar la misión con vida.

El Escuadrón Suicida es uno de esos grupetes de DC Comics creado a fines de los años '50, que ni siquiera comandaba su propia revista y que se dedicaba a mostrar cómo cuatro tipos comunes combatían amenazas muy particulares. Si fuera por ellos, no habría película este agosto. Es hora de introducir al guionista John Ostrander.

Pasó el tiempo y como había sucedido en la Silver Age, sangre nueva tomó un título viejo y lo reinventó para los tiempos que corrían. Corría el año 1987 y el mundo miraba con detenimiento el Reloj del Apocalipsis ante el temor a un ataque nuclear que terminara con todo.

Ostrander comandó el crossover Legends, en donde los planes de Darkseid buscaban desacreditar a los superhéroes del planeta, que todavía estaban acomodándose luego de que la Crisis en Tierras Infinitas les diera un sacudón en la continuidad.

Suicide Squad (1987)

Allí imaginó a la enorme (no solamente en físico) Amanda Waller, esa empleada del gobierno estadounidense que queda a la cabeza de la Task Force X, apodado el Escuadrón Suicida por encargarse de las misiones más peligrosas, cuyo porcentaje de mortalidad es bastante alto.

Para contar con "voluntarios", se instaló en la prisión de Belle Reve y prometió beneficios como la conmutación de las penas a aquellos malhechores que se bancaran llevar una muñequera cargada de explosivos y hacer los deberes para el Tío Sam.

No recordaba lo increíblemente político que es este cómic. En sus 18 primeros números (recopilados en dos tomos junto a otras historias que no hacen más que poner en evidencia lo cohesivo que era el Universo DC en los '80) nuestros pícaros reclutas se infiltran en el país ficticio de Qurac, mezcla de varias naciones "enemigas" de Medio Oriente, viajan hasta la Unión Soviética, Colombia y de nuevo a tierras comunistas.

Cabe aclarar que estas misiones no consistían en recuperar un antiguo medallón colombiano o destruir a un extraterrestre que se hacía pasar por soviético, sino que daban golpes al terrorismo en su propia puerta, rescataban prisioneros políticos de un Gulag o desbarataban una red de traficantes de cocaína con el aval del presidente Ronald Reagan, presente en varios de los números de la serie hasta ese punto.

Suicide Squad (1987)

Hubiera sido fácil hundirse en el chauvinismo, pero Ostrander hace gala de una sensibilidad bastante decente para un tipo que escribía en la editorial que al mismo tiempo sacaba cómics de Batman y Superman para todas las edades. Hay malos, sí, pero Estados Unidos jamás queda bien parado y las diferencias entre el gobierno y la capa de Waller se hacen más evidentes con el correr de las páginas.

Otro aspecto importante para destacar es cómo Ostrander construye la historia como si se tratara de una extensa novela. Los personajes tienen arcos argumentales que ya no abundan tanto en los cómics de Marvel o DC, quizás porque los editores apuestan menos a los procesos y más a los resultados del partido del miércoles (allá los cómics se ponen a la venta el miércoles).

Suicide Squad (1987)

El elenco es amplio y muy variado, con villanos que están allí por diversión, por necesidad o por un instinto suicida mal resuelto. Con menos viñetas por número también existe un puñado de trabajadores secundarios de la prisión, que sirven para que la historia gane en profundidad y en (queda raro decirlo) realismo.

Al guionista lo acompaña en los números regulares el dibujante Luke McDonnell, con un estilo ideal para los tiempos que corrían, que luego pudo sonar viejo pero que los años se han encargado de devolver el merecido respeto. No hay grandes innovaciones de diagramación de página ni de viñetas, pero las complejas historias de Ostrander se entienden a la perfección y uno siempre puede imaginar el tablero en su mente y saber dónde está cada una de las piezas.

En los dos tomos hay material adicional. El primero comienza con un Origen Secreto del Escuadrón que al mismo tiempo nos permite conocer a los personajes y nos recuerda que en aquella época había tipos que dominaban la continuidad al dedillo. La historia de Rick Flag es un poco entreverada, pero uno puede sentir cómo una aguja imaginaria da puntadas y une un montón de historias para que ninguna deje de tener sentido.

El segundo tomo es más picado, ya que incluye un anual (¡en Nicaragua!) conjunto con la Patrulla Condenada, quien por entonces no tenía tanta chapa y presentaba personajes que estaban a punto de ser toqueteados sin pudor alguno por Grant Morrison.

También se incluye un número de la Liga de la Justicia Internacional que cumple la misión de darnos ganas de volver a leer los tomos de la Liga de la Justicia Internacional (son seis y están preciosos), más otro Origen Secreto basado en una de las reclutas y su extraña historia en un mundo alternativo.

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Lo mejor de este año y medio de aventuras está en las visitas a la Unión Soviética del final del primer tomo y el medio del segundo. Y el "tie-in" con Legends, la gran historia que les dio el puntapié inicial, al menos permite que avancen las subtramas.

Todo indica que las misiones que cumplirán los suicidas del cine, muchos de los cuales se repiten de los cómics de Ostrander y McDonnell, tengan menos de político y más de superheroico. El mundo es un lugar distinto y es (todavía) más difícil encontrar "enemigos" que no generen polémicas y pongan en peligro la taquilla local y la internacional. Pero sabemos que el alma de las historias ochenteras estará ahí, que habrá desalmados jugándose el pellejo solamente por razones egoístas y que más de uno de ellos no volverá a su celda por la noche. Y no porque hayan conseguido la libertad.

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