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The Filth

Por el Cómics

The FilthEstamos tan acostumbrados al nuevo modelo de "menos es más", que olvidamos que en ocasiones "más es más". En esta oportunidad, de los rincones oscuros de Grant Morrison llega una historia de espionaje, pornografía y el amor incondicional a una mascota.

The Filth

The FilthGrant Morrison es un guionista de cómics con una gran imaginación. Es muy difícil que alguien que entienda del noveno arte se atreva a refutar esa frase. Habrá quienes comulguen más o menos con los rincones menos "lineales" de la obra del escocés, pero es innegable que es una verdadera usina de ideas.

Un ejemplo de la generación frenética de pensamientos es The Filth, que quizás se encuentre en la zona más "entreverada" del espectro de creaciones morrisoneanas, pero que en su gran mayoría nos ofrece una historia comprensible, si aceptamos que algunos de sus elementos no lo son.

El protagonista de esta aventura delirante es Greg, un pobre diablo que vive en Londres junto a su gato Tony. Como ocurre en las historias de espías, descubriremos que en realidad Greg es Ned Slade, un agente secreto de una organización que controla la realidad desde las sombras. Greg quedará tan sorprendido como nosotros.

La Mano (la organización) está formada por agentes que visten atuendos estrambóticos y pelucas de colores para pasar desapercibidos. Sus misiones van desde evitar que unos nanoseres aniquilen a la especie humana hasta evitar que unos espermatozoides gigantes embaracen a la especie humana.

No es caprichosa la elección de las células sexuales masculinas como arma. En todo el cómic se repiten las temáticas relacionadas con la actividad sexual, su libertad y su libertinaje. Otras obras de Morrison repiten el esquema de villanos imposibles con planes inverosímiles; en The Filth el diferencial está en la mezcla de un espionaje al estilo The Avengers (la serie de los sesenta) con la pornografía online del siglo 21.

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En cada uno de los trece números de la obra encontraremos suficientes ideas como para una decena de miniseries, empezando por el chimpancé ruso asesino. Algunas de estas ideas se relacionan con inquietudes clásicas de Morrison, como los personajes que saltan de la bidimensionalidad de un cómic a una realidad superior, o la interacción de los protagonistas con su posible creador, o al menos una parte de su cuerpo.

El arte de Chris Weston es perfecto para mostrarnos la suciedad fluorescente en la que se mueven los miembros de la Mano, así como la aburrida suciedad de los momentos en los que Ned vuelve a ser Greg y lo único que lo preocupa es la salud de su gato. Habrá tiempo para que el lector se pregunte si tantas locuras no son solamente producto de la imaginación de Greg y la respuesta correcta es que lo más divertido es que sean reales.

Las locas misiones de Ned Slade nos irán revelando a un villano recurrente, así como a una organización que irá desconfiando de su agente estrella, sentimiento que se volverá mutuo. Habrá tiempo para un gran desenlace final entre Ned y la Mano, que por ambicioso será a la vez el que más pueda asustar al lector. Por suerte a esa altura el cómic estará más que amortizado.

Si no solamente gustan del Morrison de la JLA o los X-Men y no se sonrojan por un poco de pornografía en sus vidas, cálcense la parruqueta de colores y tírense de cabeza en la mugre.

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