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Un paseo por el Infierno

Por el Cómics

Un paseo por el InfiernoJohn Constantine es uno de los bastardos más interesantes de la historia del cómic. Creado por Alan Moore para Swamp Thing, todavía sigue deleitando a sus lectores con algunas de las peores decisiones alguna vez tomadas por un ser pensante. El mago de la clase obrera londinense, analizado en un paseo por su vida.

PELIRROJA: ¿Vos sos John Constantine?
JOHN: Sip
PELIRROJA: Sos un jodido
JOHN: Bueno, se reveló mi secreto (Rake at the Gates of Hell - Hellblazer #79)

No se require mucha intuición para darse cuenta que John Constantine es mi personaje de cómic preferido (hint: ver nick). Hellblazer es la serie más longeva y una de las más emblemáticas de Vertigo, la línea para adultos de DC. En el siguiente informe realizaremos un repaso general de la vida del miembro londinense más famoso de la Brigada de la Gabardina. No buscamos en esta columna hacer un análisis detallado de la continuidad del personaje, que es mejor que ustedes mismos descubran (digamos que ahora John está enfrentando complicaciones con el registro civil) o mencionar la película Constantine (cuanto menos se diga al respecto, mejor). Simplemente, la idea es repasar las características generales de uno de los personajes más carismáticos de la historia del cómic.

JOHN CONSTANTINE, HELLBLAZER

Un paseo por el InfiernoJohn Constantine, Hellblazer, nació en 1985 en las páginas de Swamp Thing, creado por Alan Moore como personaje secundario de "American Gothic". Antes de que se genere ninguna confusión, recordemos que el apellido, como dice Moore, rima con `wine', y no con `teen', por lo que se pronuncia “constantain”. La génesis de John dice mucho de lo que llegaría a ser como personaje. Alan Moore creó al místico a pedido de Steve Bissette y John Totleben, los artistas de Swamp Thing, quienes querían incorporar a un personaje que se pareciese a Sting (el cantante de The Police, para los que se hayan criado y vivan debajo de una roca). Alan creó a John Constantine como un Gordon Summers con los números seriales borrados, por la paranoia que genera en el inglés las reacciones de DC ante estas similitudes.

Lo interesante que cuenta Moore es que, luego de crear a Constantine, una noche mientras disfrutaba bebidas espirituosas en un boliche londinense, vio entrar a John Constantine por la puerta: un rubio cuarentón, con una gabardina arrugada y una actitud socarrona. Dice Moore que quien entró no era parecido a John Constantine, sino que era John Constantine. Parece que el recién llegado le guiñó un ojo y todo. Moore estuvo casi a punto de ir a hablarle… pero nunca se animó.

Esta visión de John perduraría en el tiempo. Al día de hoy, Constantine se viste igual y tiene la misma sonrisa, la del “maestro de la magia de la mala suerte”, como lo anunciaban un poco equivocadamente las publicidades iniciales de Vertigo. Poco tiempo después de su pasaje por Swamp Thing, la editorial lanzaba la serie regular a cargo de Jamie Delano y John Ridgway, con el maestro Dave McKean haciendo las portadas con el estilo habitual que caracterizó a Sandman.

La serie es la más longeva de la línea Vértigo de DC, con más de 280 números publicados. Como dato anecdótico, “Hellraiser” fue el primer nombre elegido para la serie, pero Vertigo buscó evitar confusiones con la obra de Clive Barker cambiando el nombre a “Hellblazer”.

Numerosos e ilustres guionistas hicieron sus primeras, segundas o terceras armas en Hellblazer: Jamie Delano, Garth Ennis, Paul Jenkins, Warren Ellis, Brian Azzarello, Mike Carey (que con Jenkins son a mi juicio los mejores guionistas de la serie), Denise Mina, Peter Milligan etc. También arrancaron o se consagraron en Hellblazer muchos dibujantes de primera línea, como Mark Buckingham, Tim Bradstreet (EL dibujante de portadas de Hellblazer por excelencia, a mi juicio), Steve Dillon, Marcelo Frusin, Leonardo Manco y Sean Phillips.

Un paseo por el Infierno

LOS PRIMEROS AÑOS DEL QUERIDO BASTARDO

“No necesitás nada mágico para adivinar el futuro de la mayoría de las personas. Envejecen, se casan, tienen hijos, consiguen un trabajo y mueren… ¡y eso es demasiado depresivo para mí!” (Rake at the Gates of Hell)

¿Quién es John Constantine y qué lo caracteriza? El inglés es el misterio personificado, pero hay algunas cosas concretas sobre su vida que se saben con certeza. John nació en Liverpool, el 10 de Mayo de 1953, empapado en sangre y siendo responsable de la muerte de su hermano mellizo, que nació estrangulado por el cordón umbilical compartido (esta línea argumental se complejizaría en un futuro, pero por ahora es suficiente). Su nacimiento ya anunciaba el lúgubre futuro del muchachito londinense, que desde ese día desarrolló en extremo su poder más grande: ser un absoluto peligro para la su gente querida y conocidos. John siempre tuvo el factor “Kimba” demasiado latente (recordemos, Kimba el leoncito blanco de la serie de nuestra infancia, que despobló varias junglas animadas; si se hacía amigo tuyo eras boleta ese mismo capítulo). Para ser justos, la mayoría de las veces esta peligrosidad para los cercanos se manifiesta contra su voluntad, y cuando ocurre es más bien por un cúmulo de pésimas decisiones y situaciones desafortunadas que por voluntad, obra y gracia del mago inglés.

Un paseo por el InfiernoHay un chiste bastante amargo en el entorno del mago inglés, que dice que la forma más segura y rápida de morir en Londres es hacerte amigo de John Constantine. Los ejemplos son incontables, recientes y lejanos, pero para que se hagan una idea su mismísima hermana, Cheryl, terminó atrapada sin escapatoria en el Infierno a consecuencia de la venganza de un demonio que odia profundamente a John.

A los catorce años, Constantine empezó a interesarse en el ocultismo y comenzó sus estudios extravagantes y autodidactas en las artes mágicas. Lo que en una primera instancia fue una forma de escapismo de la crueldad de su padre, que lo odiaba (un real hijo de puta, que hoy por hoy, como bien imaginan, está muerto y en el infierno, siendo torturado por hordas de demonios), se transformó en una obsesión. Las escenas familiares que pueden deducirse se sucedieron en bonita secuencia (insultos, rebeldía, amenaza), pero todo estalló cuando el padre de John quiso prenderle fuego a sus libros de magia. El enojo consecuente de Constantine lo hizo reaccionar por primera vez con un hechizo defensivo que casi mata a su progenitor. Para su enorme sorpresa y consternación, este fue el momento en que el joven londinense se dio cuenta de que la magia funcionaba, aunque no siempre como uno quiere.

MEMBRANA MUCOSA

Un paseo por el InfiernoPoco tiempo después, John fue a Londres, que pasaría a ser su centro de operaciones, nexo espiritual y ciudad de sus amores. Ahí conoció a Chas Chandler, su mejor amigo y uno de los pocos con este rótulo que sobreviven al día de hoy. Luego de ver el famoso recital de los Sex Pistols en el Roxy Club, y probablemente a causa de la borrachera mayúscula que tenía, John decidió formar la banda punk “Membrana Mucosa” (como el mismo Constantine confiesa, una banda espantosa). Los años de rebeldía adolescente del inglés se sucedieron en una mezcla de rock, sexo y alcohol hasta que desencadenaron un suceso terrible que marcó a fuego (literalmente) la vida del mago inglés: Newcastle.

NEWCASTLE: CAÍDA Y RECONSTRUCCIÓN DE CONSTANTINE

John siempre vivió al borde del abismo, pero la embarró hasta el fondo en esta ciudad. Al concluir una gira que lo llevó a la ciudad de Newcastle, y sin demasiada maestría de lo oculto todavía, John intentó detener a un elemental del miedo local, una especie de demonio, con consecuencias nefastas. Luego que Constantine intentara fallidamente un exorcismo, una niña, Astra, terminó siendo devorada por un pozo que se abrió al infierno (¿se percibe el patrón?). Esto dejó a un horrorizado y traumatizado John con el brazo de la pequeña en sus manos, arrancado por la fuerza con la que se cerró el portal. ¿La consecuencia? Una locura galopante que le implicó años en un manicomio.

Sí, señores, John Constantine pasó varias lunas en un psiquiátrico. Cuando finalmente salió del manicomio de Ravenscar, traumatizado y lleno de dudas y temores, pero decidido a esconderlos tras un pucho, ya teníamos al John definitivo, el que sigue encendiendo cigarrillos y sonriendo socarronamente en los rincones más oscuros del Londres oculto.

AL DÍA DE HOY

Un paseo por el InfiernoMás de veinte años después de Newcastle, Constantine es más magníficamente jodido que nunca. Nadie sabe con certeza cuáles son sus poderes mágicos (aunque sus capacidades son evidentes) y nunca queda claro si lo que presume saber es en realidad cierto o puro “bluffing” (que sin duda ES el poder más desarrollado del inglés). El don de Constantine, si tiene uno, es su carisma brutal, que lo lleva a impresionar con su actitud, presumiendo de un conocimiento místico que nunca queda claro si sería capaz de poner en práctica.

Para ponerles un ejemplo, si recuerdan los números de “Los Libros de la Magia” que escribió Neil Gaiman, cuando Timothy Hunter hace la recorrida por el mundo mágico DC de la mano de Phantom Stranger, Doctor Oculto, Mister E., y el mismo John Constantine (que conformarían la emblemática "Brigada de la Gabardina" de DC - Vértigo), tenemos quizás uno de los momentos más emblemáticos de John. Zatanna, a cargo de Tim, lo lleva imprudentemente a una reunión de personajes mágicos del bajo mundo. La cosa, controlada al principio, estalla desembocando en una horda de seres sedientos del poder del futuro “mago más grande” del Universo DC, que cercan a Zattana y Timothy con ánimo de destrozarlos.

En ese momento aparece Constantine en la puerta y se genera un silencio profundo. Constantine enciende un cigarrillo, cae una copa en algún lado, y dice tan sólo una frase: "Nadie toca al chico". Cuando los engendros lo miran con odio, Constantine sólo les contesta, con una sonrisa: "Saben quién soy o deberían. Conocen mi reputación". Nadie hace un movimiento y Constantine se lleva a Tim y Zattana, quien indignada, le confiesa que no entiende lo que pasó ahí. Además, increpa duramente a John por ser un inconsciente por enfrentarse a tantas entidades poderosas sin poderes de una magnitud similar. Al mismo tiempo, Zattana admite que los invitados de la fiesta le tenían miedo. Cuando le pregunta cómo lo hizo, John contesta: "Magia… aunque un mago nunca cuenta el truco".

Un paseo por el InfiernoEste es John Constantine, maestro del `bluffing' mental. Probablemente no habría podido detener ni al mozo de la fiesta, pero los intimida, los engaña, los atemoriza con la PROMESA del poder, y eso alcanza.

John utiliza este procedimiento constantemente y funciona el 99% de las veces (no pregunten qué pasa ese otro 1%).

A veces se acusa a Constantine de amoral, aunque lo percibo como un tipo con intenciones más o menos decentes y reacciones similares a las que tendría un individuo normal ante situaciones extremas. John es bastante cobarde y prefiere no inmiscuirse demasiado, pero cuando las papas queman, desde su fragilidad humana, salva el tocino colectivo de la humanidad una y otra vez. Es el tipo que fue al infierno y volvió, literalmente, varias veces. Es el fumador empedernido que luego de engañar al triunvirato del Infierno para que le curaran el cáncer de pulmón los manda al diablo (literalmente), fumándose un cigarrillo en la cara de Satán mientras se ríe de él (muerto de miedo por dentro). Es el tipo que encontró un pozo con agua bendita y decidió hacer una “cerveza celestial”, que después dio a probar al “Primero de los Caídos” (el diablo, vamos) con consecuencias catastróficas e hilarantes. Es el tipo que le dice “Nigel” a Satanás sólo para molestarlo. Es uno de los magos más enigmáticos del Londres actual, aunque siempre necesite que Chas, hoy en día taxista, lo lleve a todos lados, porque no sabe manejar.

Un paseo por el InfiernoConstantine es el personaje más cáustico y sarcástico imaginable. Ladrón, cínico, bastardo, embaucador, jodedor, magus… John Constantine es todo esto y principalmente un crítico agudo de la clase política inglesa, un “blue-collar wizard” que desconfía plenamente de las clases dominantes y de las huestes del Cielo y del Infierno por igual. John es un fumador empedernido que se emborracha regularmente con cerveza Guinness o Gin Tonic y no puede dejar de ver a los fantasmas de sus amigos muertos, que lo acosan regularmente. Un tipo que “cabalga la autopista de la sincronicidad” para estar en el momento que más se lo precisa, en el lugar en que menos querría estar. Un hombre capaz de tomar las decisiones más erradas para intentar remediarlas, posteriormente, con decisiones aún peores que nos generan la proverbial palmada en la frente, por más que sepamos que ante la misma situación y problemas, quizás hubiésemos reaccionado igual o peor. Constantine es profundamente falible y humano, un enigma que fuma sin parar y se emborracha buscando algo de paz de los esqueletos en el ropero de su pasado y de las malas decisiones futuras, que sin duda no dejarán de venir

Mike Carey es el que mejor resume a John en una frase magistral, dicha por el mismísimo Constantine, en `The Gift' (Hellblazer #213). Ojo, acá John no se está regodeando; realmente está sufriendo por tener este don, que define más adelante como una "maldición": “Mi talento es para la mentira, para clavar el cuchillo cuando la gente menos lo espera. Entonces, me alejo con una sonrisa y un saludo antes de que se den cuenta de que están sangrando”. John Constantine, mago caótico, borracho empedernido y hechicero punk de la clase obrera londinense, es uno de los personajes más disfrutables en su compleja y contradictoria humanidad que los cómics alguna vez nos brindaron. Seguramente lee esta reseña desde algún lugar de Londres tomando Gin Tonic, sacudiendo la cabeza ante la inmensa cantidad de sinsentidos que aquí aparecen, mientras se prepara para salir a la noche a tratar de enmendar otro entuerto que costó la vida a unos cuantos inocentes.

Por las dudas, dejemos de leer aquí, no sea que llamemos la atención del inglés por aquí también y terminemos peor que un loro que se hace amigo de Kimba.

JOHN AL DIABLO: Todo lo que siempre quise fue un mundo libre de tu género, ya fuese en el Parlamento, el senado y la Junta, o el Infierno y el Cielo. Quizás no tenga sentido, entonces. Muchas personas son demasiado pequeñas o están demasiado asustadas como para ser libres. Capaz que inclusive te quieren donde estás, cagándote en ellos. Pero al igual que un vendedor que está demasiado ansioso por arreglar el mercado y comprarse a sus clientes, te gusta explotar esto. A la mierda. A la mierda contigo. Por lo que valga, siempre fuiste el enemigo. Así que podés escuchar lo que tengo que decir: (…) No me avergüenzo de nada. No me avergüenzo. (Hellblazer # 44, Dangerous Habits, Part 4: My Way, Garth Ennis)


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