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Fundación (la novela)

Por el Libros

Fundación (la novela)El anuncio de una serie televisiva de "Fundación" fue la excusa perfecta para releer los siete libros escritos por Isaac Asimov acerca de un viejito que quiso salvar el futuro del Imperio Galáctico vendiendo enciclopedias. Aquí, la primera novela, publicada en 1951.

Fundación (la novela)Días atrás, aquellos que leímos en parte o completa la saga de novelas de la Fundación escritas por Isaac Asimov (excepto algunas entregadas publicadas luego de su muerte) recibimos una excelente noticia: la eternamente dilatada adaptación audiovisual está más cerca que nunca de concretarse. Para hacer la noticia aun más placentera, se trata de una serie televisiva en la que andan metidos la cadena HBO y el guionista Jonathan Nolan. Al menos las chances de que se trate de un producto de calidad están intactas.

Menudo acontecimiento motivó en quien escribe las ganas de revisitar la obra, leída hace unos quince años. Con mi memoria de chorlito, sería casi todo novedoso.

Antes de comenzar con la primera reseña, señalo un par de datos inútiles: me limitaré a las siete entregas de Asimov directamente relacionadas con la Fundación. Es sabido que la Trilogía del Imperio Galáctico y la Serie de los Robots pertenecen a la misma continuidad, pero no les daré pelota en este momento. Por último, leeré las novelas en el orden en que fueron publicadas, para evitar que una precuela me bata que Anakin Skywalker se transforma en Darth Vader y todo eso.

Ahora sí, vamos al libro que nos trajo hasta aquí. La historia (en más de un sentido) comienza decenas de miles de años en el futuro. Hari Seldon es un viejo sabio que desarrolló una herramienta matemática para predecir el desarrollo de las civilizaciones y con pocas cuentas llegó a la conclusión de que el Imperio Galáctico era boleta aunque aun no lo supiera.

Menudo conocimiento es muy peligroso, especialmente para aquellos que se encuentran atornillados en cargos del Imperio Galáctico, así que la idea es deshacerse de él cuanto antes. Por suerte, Seldon lo tiene clarísimo así que idea un plan para que sus psicohistoriadores no corran peligro y a la vez minimizar los daños que se vienen.

La idea es establecer una Fundación en el extremo de la galaxia, la que se encargará de recolectar los saberes del momento antes de que la barbarie arrase con todo y publicar la obra con el nombre de Enciclopedia Galáctica. De esta manera, el período oscuro se reducirá en una punta de años. No son palabras mías, sino de Hari. Bueno, quizás él lo dijo con otras palabras.

Asimov escribió como una serie de relatos (algunos dicen "cortos", ya quisiera yo que uno de mis relatos superara las cincuenta páginas) en los que se tocan varios momentos en la vida de este proyecto, empezando por los instantes previos a su aprobación. Cada uno de los cinco momentos está construido principalmente en base a diálogos, sean conversaciones privadas, juicios públicos, acaloradas discusiones o charlas triviales.

La "acción" propiamente dicha suele ocurrir en un segundo plano, cuando directamente no nos es contada tiempo después de que se haya desarrollado. De esta manera nos encontraremos en un mundo de "ciencia ficción" en el que se describen unos pocos disparos y en donde, justamente, el éxito está en terminar con los conflictos sin recurrir a la violencia.

Hari Seldon e Isaac Asimov quedan frente a los lectores como dos tipos optimistas y pacifistas, que valoran la inteligencia. Sin embargo, el plan del primero no es perfecto y muchas veces esa inteligencia está puesta en función del abuso de poder, ya sea religioso como económico. No sé si Seldon diría que "el fin justifica los medios", pero seguro que Salvor Hardin sí.

¿Salvor quién? Casi todos los relatos tienen protagonistas diferentes, ya que suelen estar separados por décadas de desarrollo de la fundación. Después de Seldon, Hardin es el protagonista más importante del libro, debido a las decisiones que tuvo que tomar en los momentos de crisis.

Y si digo crisis, hablo de Crisis de Seldon, que son eventos claves en el desarrollo del plan de la Fundación y en los que, ocasionalmente, los protagonistas reciben una ayuda de ultratumba del mismísimo Hari. Cuando no los confunde aun más con sus palabras.

Hay misterio en todas las historias. Asimov era muy efectivo a la hora de escribir cuentos que cerraba con un moño en los últimos párrafos, revelando secretos o dando un nuevo sentido a todo lo escrito. Sin tratarse de un Shyamalan que depende demasiado de las "vueltas de tuerca", el ruso gustaba de esperar al instante final para decirnos, de una vez, cuál era el plan de quien comandaba las acciones.

Un dato no menor, que en parte pueda perdonarse por el momento en el que fueron escritos (años '40 y '50) es la falta de mujeres, ya no en los puestos de toma de decisiones sino en la historia en general. La aparición de personajes femeninos es escasa y uno espera que en 20.000 años la cosa esté mucho más pareja que en la actualidad.

La obra puede ser apreciada por aquellos "peleados" con la ciencia ficción de tecnojerga, en la que se describen artículos imposibles y uno debe aceptar que el héroe derrotó al villano gracias a la utilización de un chisme que hace justamente lo que estaba precisando. Si bien se habla de un manojo de artilugios, queda claro para qué sirve cada uno de ellos. Y, de nuevo, lo que gana las batallas es el ingenio.

Por lo breve, esta entrega es una cómoda puerta de entrada al universo de Hari Seldon y todos los que vinieron después. Y aunque la serie de HBO no vaya a ser una interpretación "à la" Juego de Tronos de lo que ocurre en el papel, siempre está bueno haber leído el material original. Aunque sea para jetear al otro día con los compañeros de la oficina.

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