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Garbage Pail Kids: las Basuritas

Por el Libros

Garbage Pail Kids: las BasuritasEn 1991, un álbum de figuritas con dibujos de niños horrendos se convirtió en enemigo acérrimo de las maestras. Dos décadas después, las Basuritas (originalmente llamadas Garbage Pail Kids) comenzaron a ser recopiladas en un muy coqueto libro. Lo recomendamos.

Garbage Pail Kids: las Basuritas

Garbage Pail Kids: las BasuritasMe acuerdo que el fenómeno de las "Basuritas" pegó en Uruguay en 1991. Yo estaba en sexto de escuela y algunas maestras hacían redadas en el recreo y requisaban las figuritas que encontraban.

Esto habla de un tiempo más inocente, en donde alguien podía sentirse horrorizado al ver el dibujo de un niño desbordante de mucosidades y el tontísimo nombre de ISAAC A. MOCOS.

El origen de estos dibujos del demonio era Estados Unidos (¿dónde más?), producidos por la compañía Topps. Surgieron en 1985 con un título que parodiaba a los Cabbage Patch Kids (Garbage Pail Kids) y el cerebro del mismísimo Art Spiegelman. Sí, Maus y MATIAS QUEROSO vienen de la misma mente.

Lo que en el Cono Sur fue un álbum de figuritas, en el norte eran tarjetas coleccionables autoadhesivas, con quince "series" en su época del gloria (los uruguayos apenas conocimos una fracción de tanta asquerosidad) y una película abominable, más oscura que los Fantastic Four de Roger Corman.

A principios de abril, Topps editó un libro llamado simplemente "Garbage Pail Kids", conteniendo reproducciones de las cinco primeras series de cómics. Dentro del libro no van a encontrar mucho más que eso: cada tarjeta ocupa una página, con los dos nombres del personaje y su número (en inglés, cada dibujo tenía dos nombres posibles para hacerlo más coleccionable, y así nuestro ALEX PLOSIVO allá era ADAM BOMB y también BLASTED BILLY).

Con esto alcanza para convertirse en un libro absolutamente necesario para cualquier hijo de los ochenta, pero los diseñadores lo dotaron de una sobrecubierta que se asemeja al envoltorio que contenía un chicle y cinco stikers, como se vendía por entonces.

Además, viene con un prólogo de Spiegelman, un epílogo de John Pound (artista de cientos de Basuritas) y un sobre con cuatro stickers de cuatro dibujos originales que nunca habían sido impresos.

Como puede apreciarse en la fotografía, el libro no es de gran tamaño, pero lejos de ser una desventaja, lo hace un material manipulable, que merece incontables visitas. Los dibujos resistieron el paso del tiempo y, pese a que uno es menos impresionable, siempre habrá algún dibujo que le recuerde aquella persecución de la que uno era objeto en la escuela.

Juntamos las Basuritas y así nos fue. Las maestras tenían razón.

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