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Good Omens

Por el Libros

Good OmensEn 1990 dos talentosos escritores, Neil Gaiman y Terry Pratchett, escribieron juntos una novela humorística sobre el Anticristo y el Armagedón, con ángeles, Jinetes del Apocalipsis y cazadores de brujas. Contra todos los pronósticos (todos, ¿eh?), me aburrí como un hongo.

(Disclaimer: la reseña la escribí antes de la muerte de Terry Pratchett. No fue modificada con la excusa de que "uno cuando se muere es más bueno" porque el libro no se murió, el que se murió fue su autor)

Good Omens

A la hora de enfrentarme a cualquier "producto cultural", tengo una máxima que me ayuda a la hora de determinar si me resultó o no satisfactorio: no hay uno que tenga 100% de aprobación ni uno que tenga 100% de desaprobación. ¿Qué significa esto? Que incluso la película más venerada por el público tiene aquellos que la consideraron un bodrio infumable, y hasta la bosta más burbujeante tiene seguidores acérrimos.

Tuve que abrazarme de esta frase para entender, procesar y confesar que no me gustó Good Omens, la novela que escribieron en equipo los talentosos Neil Gaiman y Terry Pratchett. Durante años escuché/leí cosas muy buenas de la misma, no de esas que construyen expectativas imposibles de igualar en la vida real, pero sí comentarios de las más diversas fuentes acerca de cómo me iba a divertir cuando la leyera.

No fue así. El año pasado la empecé a leer dos veces y en ambas ocasiones me quedé antes de la mitad de sus casi 400 páginas. Es cierto que el año pasado dejé más de una decena de libros por la mitad y como ahorita vengo en racha, decidí que la tercera fuese la vencida.

Llegué hasta el final, pero cometiendo un pecado imperdonable para cualquier lector. Terminé de leer un libro que no me estaba gustando, y que sabía que no había Shyamalan en el mundo capaz de escribir una vuelta de tuerca que rescatara por retroactividad cada página que iba pasando con dificultad.

Muchachos: la vida es corta. No vale la pena terminar un libro que no nos está gustando.

Todo arrancó bien. La cosa va del nacimiento del Anticristo y un plan para desatar, de una vez por todas, el Armagedón en la Tierra. En medio de esto aparecen Aziraphale y Crowley, un ángel y un demonio, respectivamente. Ellos son los protagonistas de los pasajes más disfrutables de la historia, en la que no falta el humor.

El problema (o uno de ellos) es que la historia se divide en demasiados grupos de personajes. Tenemos a una pandilla de niños, los Jinetes del Apocalipsis, una organización de cazadores de brujas y hasta una familia de certeros profetas. Los grupos se mezclan poco, más allá del evidente y esperado encuentro masivo cuando lleguemos al final.

Será interesante la construcción del personaje de Adam (el Anticristo) y las relaciones con su grupete de amigos, pero la verdad es que en esos capítulos deseaba tener a mano una espada llameante para rebanarme las bolas y cauterizarlas en el mismo movimiento.

Mencioné la presencia del humor. Se nota que Gaiman y Pratchett se divirtieron de lo lindo escribiendo esta obra, a la que plagaron de chistes en los diálogos, descripciones y pies de página. Hay escenas enteras que funcionarían a la perfección como pequeño cuento humorístico, pero que unidas conforman un cuento interminable de los últimos días de la humanidad, que parecen transcurrir cada vez con más lentitud.

En una variación de aquella paradoja de Aquiles y la tortuga, yo era Aquiles y el final del libro era la tortuga. Cada vez que pasaba las páginas, parecía que el final estaba un poquito más lejos... y a esa altura me había emperrado con terminar de leerlo (repito: no intenten esto en sus casas, disfruten de la vida).

Incluso dentro de mi experiencia traumática, el "gran final" me pareció sumamente anticlimático y fue sucedido por una serie de epílogos que hicieron que el final de la tercera de El Señor de los Anillos pareciera el de Los Soprano.

Por favor no me tomen como referencia. En Internet (y en la vida) seguramente encuentren el testimonio de miles de personas que se rieron en voz alta y que dicen que es de lo más divertido que leyeron en sus vidas. Chau, me voy a ver Benny Hill.

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