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Hannibal Rising: la novela

Por el Libros

Hannibal Rising: la novelaDecir que somos un sitio "Hannibal Lecter friendly" suena más horrible de lo que realmente es. Aquí hemos reseñado los dos primeros libros de Thomas Harris y las dos primeras temporadas de la serie de TV. Ahora le toca el turno al libro/precuela, de la mano de nuestro Hank Scorpio.

Hace unos meses, impulsado por esa gran serie que es Hannibal, Hijo de Chuck Norris reseñó las dos obras más importantes de la saga Lecteriana. Red Dragon nos presentó al personaje, mientras que The Silence of the Lambs, ayudada por la oscarizada interpretación de Anthony Hopkins, terminó de consolidar a Hannibal Lecter como uno de los villanos más fascinantes e icónicos de la ficción contemporánea.

Como el público se quedó con hambre (y seguramente el dotor también), Thomas Harris se vio obligado a echar más carne literaria al asador. Así surgieron Hannibal (1998) y Hannibal Rising (2006), secuela y precuela respectivamente, que sacaron al refinado caníbal gourmet de su celda en Baltimore y lo posicionaron como protagonista de sendas novelas.

En su momento, ambas obras fueron vapuleadas por lectores y críticos por no colmar expectativas y desviarse en ciertos aspectos de los personajes ya establecidos por Harris. Con la tercera (y por ahora say it isn't so última) temporada de Hannibal recientemente estrenada en Estados Unidos y sabiendo de antemano que Bryan Fuller incorporaría personajes, circunstancias y elementos de ambas novelas, a este fannibal le pareció propicio darle otra oportunidad a las "ovejas negras" de los best-sellers de Harris y reevaluarlas en el nuevo contexto que le otorga la serie.

Detrás de la máscara

Hannibal Rising: la novelaA pesar de que Rising fue publicada años después que Hannibal, la voy a reseñar primero, ya que la misma explora la juventud del Dr. Lecter. Muchos consideran a Rising como un libro oportunista e insatisfactorio, con Harris escribiendo apurado y a medio pelo a cambio de un grueso cheque. Es verdad que por entonces el interés por el personaje (tanto del público como de Sir Hopkins y tal vez hasta del mismo autor) estaba empezando a mermar, ya con cuatro adaptaciones cinematográficas a cuestas y recaudaciones de taquilla decrecientes. El consenso popular es que Rising terminó de sepultar al personaje, al menos hasta la improbablemente brillante adaptación de Fuller.

Por aquellos años estaba de moda psicoanalizar y justificar las maldades de los boogeymen más famosos del cine. Cucos varios como Leatherface, Michael Myers, Jason Voorhees y Freddy Krueger contaron con reimaginings (no vayan a llamarlas remakes, eso sería cutre y trillado) y precuelas que exploraban sus orígenes. También tuvimos a la interesante Behind the Mask: The Rise of Leslie Vernon, un híbrido de documental y slasher independiente que seguía las andanzas de un asesino serial ficticio y seguramente obligó a Thomas Harris a modificar el subtítulo original de su precuela para evitar confusión.

Tal vez influenciado o presionado por las tendencias del mercado, el autor decidió estirar uno de los capítulos de su novela previa (el flashback que nos muestra a un Lecter-niño en su Lituania natal a principios de la Segunda Guerra Mundial) y estructurar Rising casi como un screenplay pensado para la inminente versión fílmica. Por ende, estamos ante la novela más breve y lineal de todas (poco más de 300 páginas), caracterizada por capítulos cortos, descripciones escuetas y poco material que no llegó a adaptarse para la pantalla.

El museo de la mente

El punto de partida de la novela es un concepto que Fuller viene empleando en lo que va de su tercera temporada (y que parecería ser el único punto débil de Lecter). En el prólogo, Harris nos explica cómo la retorcida e impenetrable mente de Hannibal está estructurada como un museo, donde sus recuerdos, fragmentados y selectivos, están albergados en distintas cámaras, algunas más accesibles que otras. El autor justifica la economía (y para muchos tosquedad) de su escritura como el resultado de un collage de reminiscencias alteradas y reportes policiales, de testigos y víctimas del doctor. Las descripciones del joven Hannibal son caprichosas y reveladoras, explayándose únicamente en las mujeres que le brindan afecto incondicional (su madre; Lady Murasaki) y los hombres a quienes respeta por su intelecto (su tutor; su tío). El resto sufrirá un castigo peor que la muerte misma: su falta de curiosidad.

La infancia de Hannibal es, en un principio, idílica y privilegiada, rodeada de sirvientes, lujo y cultura. De sangre noble, el mozalbete pasa sus primeros años en el castillo Lecter, construido por soldados capturados por su tátara tátara tátara Hannibal el Terrible. Ahí se dejan entrever varios de los leit motivs del universo lecteriano: el jabalí en la cresta familiar, el contrapunto barroco como música de fondo, la fluidez en los idiomas del aplicado canibalcito y su desarrollado sentido del olfato. Su tutor, el señor Jakob, inculca en el infante Hannibal la curiosidad intelectual que regirá su futura afinidad por Will Graham y Clarice Starling, casi como si se tratara de una materia de estudio: "si alguien aparenta ser poco interesante, investígalo más a fondo".

Todo esto se ve interrumpido por la invasión Nazi a tierras rusas, conocida como Operación Barbarossa. Es aquí que Hannibal y su hermanita Mischa quedan huérfanos y terminan en un hostal manejado por simpatizantes del tercer Reich y rodeados por lobos hambrientos, durante uno de los inviernos más crudos de la historia. Un grupo de soldados alemanes amotina el establecimiento y después de adueñarse del botín de la dinastía Lecter (que poco tiene que envidiarle a los de la New York Comic Con), empiezan a ver a los nenes entre dos panes.

Hannibal Rising: la novela
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Después de ser rescatado por un tanque soviético, un Hannibal casi mudo es entregado a un orfanato populista convenientemente ubicado donde antes era el castillo Lecter. Después de verse envuelto en unos quilombos internos donde lo vemos dar sus primeros pasitos en eso de "castigar a los descorteses", aparece un tío pintor (de lienzos, no de los otros) que se lo lleva para París. Obsesionado por el destino de Mischa, teen Hannibal se deja querer por su tía, la exótica Lady Murasaki.

La nipona poco a poco se convierte en la persona más importante e influyente en su vida. Le enseña a defenderse a través del kendo, a apreciar la buena música y las ceremonias orientales, supervisa sus dibujos en carbonilla y le da clases de caligrafía. ¡Toda una Escuela MaPá! Hannibal considera a Murasaki como un alma gemela, otra sobreviviente de los horrores de la guerra obligada a regirse por códigos de honor muy particulares. También es la única persona que saca a relucir los últimos retazos de humanidad que le quedan a su traumado sobrino político.

A pesar de las advertencias de Murasaki, Hannibal le agarra el gustito a esto de "asesinar-hacer un tableau con el finado-preparar un entremés". Lamentablemente, el resto de la novela se convierte en una mezcla de El Vengador Anónimo y Kill Bill (con lista y todo), rebajando a una de las mentes criminales más brillantes desde Sepp Blatter a poco más que un asesino serial del montón y de pocas palabras.

Aún así, hay indicios de su imperturbable serenidad, falta de remordimiento y superioridad intelectual, siendo capaz de meterse en la cabeza del Inspector Popil e invertir los roles. Durante una interrogación policial, el sospechoso sostiene que un feriante que ofendió el honor de Murasaki "se mató a sí mismo, murió a causa de su propia estupidez e indecencia". Todo mientras su pulso no sube de 72 (¡como cuando mordisqueó a esa pobre enfermera!) y el polígrafo muestra menos curvas que una gimnasta olímpica.

De ahí en más, la historia se desarrolla sin mayores sobresaltos y en forma predecible, salvo por una forzada y absurda revelación final que intenta justificar el gusto de Hannibal por la carne humana. Los bonomianos ajustes de cuentas se van acumulando (algunos en vistosos tótems) y una vez cumplida su misión de venganza en Europa, el mejor estudiante forense de París consigue una pasantía en una prestigiosa universidad médica de Baltimore.

La sobremesa

La principal crítica que le podemos adjudicar a Hannibal Rising es que se trata de una novela de suspenso sin suspenso. Tratándose de una precuela, una vez que engrana, ya sabemos cómo va a terminar todo. Por otra parte, nunca sentimos que Hannibal se encuentra ante adversarios dignos. Popil está más pintado que la policía de Maldonado, los duelos con los bullies arios son estrictamente físicos y atrás quedaron los riquísimos y estimulantes (para los lectores y para el mismo Hanni) intercambios con Will y Clarice. Si bien vemos a Lecter en acción, algo que se infiere en Red Dragon y Silence of the Lambs, Harris logra mejores resultados en Hannibal (la novela), donde un Lecter más veterano le hace moñas y caños a granel al FBI, Interpol, el obsesionado magnate porcino Mason Verger, el Inspector Pazzi y unos sicarios sardos. Pero para los más puristas, el principio del fin ya se hacía notar en esa novela, por el simple hecho de dar mayor protagonismo a un personaje que, discutiblemente, funciona mejor en pequeñas dosis y sin un pasado definido.

Una constante es el cuidado trabajo de investigación de Harris, tanto en la ambientación histórica, como en los episodios bélicos y culturales de la trama. Si bien el modus operandi de Hannibal es una amalgama de los asesinos seriales más tristemente célebres de la historia, no fue sino hasta haber leído Hannibal Rising que tuve que trazar paralelos con la juventud del monstruo disfrazado de ser humano conocido como Andrei Chikatilo.

Hannibal Rising: la novela

La adaptación cinematográfica se puso en marcha al mismo tiempo que Harris terminaba la novela y tuvo su estreno estadounidense en febrero del 2007, a pocos meses de salido el libro. A diferencia de Red Dragon, Hannibal Rising no fue tratado como un blockbuster repleto de caras conocidas y taquilleras, sino que se le dio un enfoque europeo con presupuesto modesto, actores en ascenso y cuidada producción. El elegido para ocupar el sillón de director fue el británico Peter Webber (La chica con el arete de perla) mientras que el francés Gaspard Ulliel (La hermandad de los lobos) puso fin a una búsqueda internacional que incluyó a Hayden Christensen, Macaulay Culkin e, irónicamente, Hugh Dancy, para interpretar al joven Lecter.

Harris deja muy poca cosa fuera de su propio libro. Brillan por su ausencia personajes secundarios como el señor Jakob, la aprendiz de Murasaki (que sin embargo Fuller recientemente incorporó a su seriún), y el tío Lecter, quizás para suavizar la incestuosa relación entre el caníbal y la geisha. También se descarta una trama bastante importante en el libro, vinculada con las obras de arte confiscadas por los Nazis, al mejor estilo Operación: Monumento.

Las pésimas críticas más la "insolente" y jokeresca interpretación de Ulliel (por aquel entonces era imposible pensar en Lecter sin Hopkins) le dieron a Rising una mala reputación y la hicieron fracasar en la taquilla, además de mandar a hibernar al personaje por un buen tiempo. Quizás la decisión de Harris de desmitificar a uno de los villanos más misteriosos y únicos de la ficción, al convertirlo en otro serial killer con infancia fulera y tendencia a morder caras como lo describe Popil en su perfil psicológico, decepcionó a sus seguidores. Hasta el mismo Mads Mikkelsen se ha distanciado de Rising en forma indirecta, argumentando que para un actor es banal tener una excusa para justificar las acciones de los personajes.

Hannibal Rising: la novela

Hannibal Rising: la novela

Por último, hay que resaltar que Fuller conoce los libros de la H a la L y los trata a todos con el mismo grado de respeto. Uno de los mayores aciertos de su adaptación serial es cómo se incorporan personajes, temas y detalles de los mismos de una manera fresca. Si bien no siguen la cronología a rajatabla, éstos encajan perfectamente en el universo Harrisiano y su inclusión recompensa a los lectores más atentos. Un dicho sajón asegura que "la marea alta eleva a todos los barcos" y eso es exactamente lo que logra el showrunner.

Hannibal Rising es, sin dudas, la más floja, liviana y predecible de las novelas de Harris. Dicho esto, su lectura es de todas formas recomendada para aquellos seguidores del personaje intrigados por conocer "el origen del mal". Pero, más que nada, para poder apreciar aún más el rico universo que viene construyendo Bryan Fuller hace ya tres temporadas. "Un amuse-bouche, más que una entrée", diría el Chef Lecter.

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