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Inspector Diamond Gerace y el Edificio del Sol

Por el Libros

Inspector Diamond Gerace y el Edificio del SolEl inspector Diamond Gerace es un desagradable miembro de la policía, que vomita por los rincones y mea en las macetas. Su presencia grotesca parece desentonar en una aventura de tinte más realista, y las ilustraciones no encajan ni con una parte ni con la otra.

Inspector Diamond Gerace y el Edificio del SolA la hora de elegir el próximo libro para leer, los prestados tienen prioridad por sobre los propios, ya que los primeros hay que devolverlos mientras que los segundos pueden seguir acumulándose en todos los rincones de la casa (y lo hacen).

Dice Internet que el inspector Diamond Gerace nació en las páginas de la Barcelona, en esas secciones que nunca leo. Para ser honesto, leo los titulares de las noticias, alguna bajada y la tira de Gustavo Sala, porque es amigo. Con eso alcanza y sobra para amortizar el precio de tapa.

Gerace es creación de Javier Aguirre, fundador de la revista y uno de los que estuvo detrás de otros libros relacionados a ésta, como el brillante "Puto el que lee". En este caso, Aguirre nos presenta un caso policial de este detective tan vago como desagradable.

No exagero con lo de desagradable. La idea del autor es presentarnos a un policía que hace que José Luis Torrente parezca un obsesivo de la limpieza en comparación. Gerace se mea encima, vomita por los rincones y tiene continuos ataques diarreicos, que son descritos en profundidad.

La excusa para seguir sus pasos es la explosión de un edificio en pleno cordón de rascacielos de Buenos Aires, lo que moviliza a todas las fuerzas del orden, incluyendo al peón que menos ganas tiene de moverse por el tablero. No hay que ser más vivo que él para intuir que terminará siendo un colaborador directo para la resolución del caso.

Aguirre hace equilibrio por la delgada línea entre la parodia realista y la caricatura extrema, y la tensión perjudica el disfrute de la obra. Hay grandes hallazgos, como la forma en que el inspector se refiere a sus colegas más jóvenes o la utilización de algunos vocablos más comunes en la Madre Patria. Sin embargo, en 180 páginas, tanto consumo de Brandy puede volverse repetitivo.

Por otro lado está la investigación policial, con chivos expiatorios, cámaras de seguridad y cobertura de los medios de comunicación. Si bien el asunto es tratado con humor, tiene verosimilitud, la que se pierde cuando Gerace vuelve a mear en una maceta.

El libro se empieza y se termina de leer de un día para el otro, con bastante agilidad y sin aburrir. Está salpicada de dibujos de Daniela Acerbi y el resultado es similar a lo que mencionaba antes. Su estilo, que recuerda a aquellas animaciones de Alejo y Valentina, parece un tercer punto de vista diferente alrededor de la historia. Y la novela sufre aun más su trastorno de personalidad.

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