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Los Límites de la Fundación

Por el Libros

Los Límites de la FundaciónAl principio el enemigo era la Fundación, luego la Segunda Fundación y ahora el temor a lo desconocido se centra en un misterioso grupo de anti-Mulos. Un "elegido" llegará hasta sus pagos para decidir el futuro del universo. Y terminará votando al menos malo.

Los Límites de la FundaciónParece que hubiera pasado mucho tiempo desde la última reseña y la verdad es que así fue. Las tres primeras partes de la tril... de la Saga de la Fundación fueron leídas por quien escribe en pocos días cada una, sin embargo luché casi dos semanas con Los Límites de la Fundación, su cuarta entrega en orden de publicación.

¿A qué se debió esta lucha? Para empezar, a un tema matemático: Los Límites... tiene el doble de páginas que los volúmenes anteriores. Es fácil coparse con un libro cuando uno llega al sprint final y en este caso no se veía por ningún lado.

La lucha también está en lo que se lee en esas páginas, porque Isaac Asimov perdió el carácter episódico en favor de una novela completa. Lo que antes eran dos o tres aventuras encadenadas, con dos o tres grupitos de personajes, ahora es una gran historia con los mismos personajes que se van intercalando, contando una historia en base a sus interacciones, a sus diálogos. Esta última parte no cambia.

Acompañaremos a Golan Trevize (y su banda) desde la página 11 a la 474, algo bastante normal en el mundo de las novelas, pero que aquí se hace trabajoso, como demostrando que el buen Asimov es el Asimov que coquetea entre el cuento y la nouvelle. Las patillas no mienten.

Algo hay que hablar de lo que ocurre. Todo continúa en el milenio previsto por Hari Seldon para que, de las ruinas del Imperio Galáctico, surja un Segundo Imperio que traiga paz y conocimiento a la galaxia. Estamos justo en la mitad de ese período y las cosas parecen estar en calma.

Esto no es más que una fachada, ya que la Primera Fundación (cuna del desarrollo tecnológico y armamentístico) sospecha que la misteriosa Segunda Fundación (cuna del desarrollo mental y telepático) controla sus acciones, mientras que la Segunda cree que una organización (¿Tercera Fundación?), aun más misteriosa, controla las acciones de ellos.

El autor abusó un poquito de esta paranoia. Cabe recordar que, cuando todo comenzó, era el Imperio el que tenía miedito de Hari Seldon y su (Primera) Fundación, y todo así.

Seldon fue el que creó el plan de 1.000 años gracias al desarrollo de la "psicohistoria" y cinco siglos después el rumbo de los acontecimientos anda bien... demasiado bien. De ahí las sospechas de unos y otros de que existen poderes cada vez más ocultos tironeando de los hilos.

Mientras ambas fundaciones (1 y 2) lechonean confiadas en que todo saldrá bien porque Seldon lo predijo, este muchacho Trevize comienza a convertirse en figura vital para el futuro de la civilización. ¿Por qué? No pregunten mucho, lo cierto es que su rol recuerda al de aquel cuento Sufragio universal, del mismo autor, en el que una computadora solamente necesitaba el voto de una persona para determinar al presidente. La clave era saber elegir a la persona correcta.

Rebobinemos un poco, porque antes de un nuevo mexican standoff en el que Trevize tiene que tomar una importantísima decisión, lo tendremos a la caza de un McGuffin: el planeta Tierra. Habrá que esperar a la siguiente novela para entender de qué va la historia con el lugar de origen de la humanidad, pero el lector primerizo no lo sabe. Cree que "verá" la Tierra en este libro y se encuentra con que lo más lejos (o cerca) que llegará es el extraño planeta Gaia.

Fundación y Gaia sería un título más adecuado para este libro. Se trata del mundo de misteriosos seres, bautizados por los demás como "anti-Mulos" y del que escapara, precisamente, el deforme conquistador. Parece obvio que Asimov inventó este origen del Mulo (ya no es un mutante, sino uno más de un planeta único) muchos años después de su primera aparición. RETCON ALERT.

Gaia plantea una tercera alternativa a las fundaciones. Sus habitantes forman parte de un todo, una mentalidad colectiva. Como un gigantesco organismo del que las personas son sus células. Es cierto que conservan un poco de individualismo... pero es muy poco, al menos para mi gusto.

Trevize deberá elegir entre un futuro con la Primera Fundación como triunfadora, con la Segunda, o con la idea de ese ente del que todos formaríamos parte. El autor utiliza a Gaia como símbolo de un mundo en el que todos "tiramos para el mismo lado". Sin embargo, tomado literalmente, es una peligrosa supresión de los que nos hace únicos, y que permitió el desarrollo de la especie humana como la conocemos.

Es cierto que una gran cantidad de individuos apesta y hace todo lo posible por llevarnos al tacho global, pero si me preguntan prefiero arriesgarme a mantener el libre albedrío y perder, que convertirme en mero glóbulo blanco planetario. Se aceptan otras opiniones en los comentarios. Dicho esto, está bueno que se plantee la discusión interna y en ese sentido Asimov no pinta a ninguna de las tres facciones como "mucho peor" que la otra, por más de que el desenlace esté casi cantado.

De haber sido el Trevize de la votación, hubiera votado en blanco. Me cuesta ir por el "menos malo".

Quedan un par de elementos por mencionar antes de retirarme a leer el siguiente libro, Fundación y Tierra (¡Ahora con mucha más Tierra!). El primero es que en un momento de la novela se habla de la leyenda de los robots, aquellas máquinas de forma humana que ayudaban a las personas. En ese preciso instante me di cuenta de que los robots no habían aparecido en toda la saga de la Fundación. Punto para el autor, que contó una saga futurista, con naves espaciales, y logró disimular la falta de uno de los componentes más importantes de su ficción. Vamos, que el tipo inventó las tres condenadas leyes de la robótica.

Como negativo dejo el tratamiento de los habitantes nativos de Trántor, que por momentos son descritos como los negros de Tintín en el Congo, con la salvedad de que la novela es de 1982. Estoy dispuesto a aceptar que parte del problema está en la traducción. Parte.

Dejamos por un rato a Trevize con su (cuestionable) decisión, al viejo verde de Pelorat dando otro poquito de vergüenza ajena y a él/ella/ellos/ellas/Gaia. Volveremos a verlos en cualquier momento.

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