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Prince of Thorns

Por el Libros

Prince of ThornsMark Lawrence es un autor primerizo, no obstante lo cual su ópera prima, “Prince of Thorns”, levantó bastante revuelo en tanto prometía ser uno de los debuts fantásticos de 2011. Despiadada, visceral, diferente; enterate si esta combinación funciona, a continuación.

Prince of ThornsLa literatura fantástica en 2011 no se corresponde con ninguno de los caminos trillados y preestablecidos que podría llegar a reconocer o esperar un lector habituado a formas más tradicionales del género. Mucho se ha hablado de autores como George R. R. Martin, Steven Erikson, China Miéville o Richard Morgan (por nombrar los primeros cuatro nombres que me vienen a la cabeza) y su reinterpretación – reformulación –reinvención del género fantástico, por lo que esta reseña no es el lugar para hacerlo. De todas maneras, vale mencionar un hecho simple y constatable: la literatura fantástica actual en nada se parece a las obras tradicionalmente asociadas al género.

La noción de “antihéroe”, por poner un ejemplo, difiere sustancialmente inclusive de su incepción iconoclasta en obras seminales del género fantástico (podría argumentarse, para ejemplificar, que Frodo Baggins es un “antihéroe” o al menos un “héroe humilde” en yuxtaposición con su contrapartida más heroica, Aragorn). El cambio de foco desde lo “épico-macro” a lo “épico-como-marco-de-contraste-personal” ha sido cada vez más prominente, con un auge de obras fantásticas centradas en la visión de la “escoria del mundo” (Rob Zombie dixit). Quien haya leído las historias de Malazan de Steven Erikson o el Ciclo de la Compañía Negra de Glen Cook sabe que los protagonistas, en estos casos, son gente tan reprochable, en su crisol de grises apenas cromatizados, como los villanos de las historias más clásicas. Fiddler, Quick Ben, Croaker, Elmo y One-Eye, por ejemplo,  son representantes claros de esta tendencia a analizar los procesos interiores de los personajes desde su perspectiva íntima y contradictoriamente verosímil, con voces tan ambiguas como humanas.

Prince of ThornsA este ilustre (en realidad, es exactamente lo contrario) conjunto se suma el Príncipe Honorous Jorg Ancrath, el titular “Príncipe de las Espinas” de la novela homónima de Mark Lawrence. Una voz distinta, perturbadora, en tanto Jorg es uno de los personajes más oscuros y enloquecidos de la literatura fantástica de los últimos años.

No nos engañemos: Jorg sería el “villano” de otras obras (si nociones tan simplistas pudiesen aplicarse a este tipo de literatura exponencialmente más compleja que cualquier división maniquea de la moralidad), ¡y qué villano sería! Permítanme analizar brevemente la trama de la historia para contarles por dónde va esta revisión de puntos de vista protagónicos.

“Prince of Thorns” está contada en primera persona a través de la visión de Jorg, un príncipe autoexiliado del reino de Ancrath. En el mundo pseudo-medieval donde se desarrolla la historia, un antiguo imperio se fracturó en cien Reinos que luchan entre sí por supremacía (hasta acá nada nuevo, aunque la conceptualización del contexto de la historia conlleva numerosas sorpresas que se revelan avanzada la novela, en particular en lo relativo a los orígenes de este mundo). Jorg sufrió un encuentro brutal a los 10 años de tierna edad, en un ataque al convoy en el que viajaba con su familia que arrojó como trágico resultado la violación y muerte de su progenitora y el brutal asesinato de su hermano menor. El príncipe logró salvarse, apenas comenzado el ataque, al caer en un espino que lo ocultó de sus atacantes, mientras la planta venenosa lo drenaba de sangre y emponzoñaba irreversiblemente. Jorg nunca fue el mismo después del ataque, lo que lo llevó a huir de su reino para buscar venganza contra el Conde de Renar, responsable de esta atrocidad.

Adelantemos cuatro años el reloj. Jorg es ahora líder de una banda de forajidos de la peor calaña, liderando los cuales comete todo tipo de atrocidad concebible (asesinatos, masacres, violaciones, robos, etc.). Los compañeros de Jorg son lo peor concebible en el género humano, y en cierta medida, son la herramienta que el príncipe utilizará para consumar su venganza…

Detengámonos un segundo a analizar esta dinámica. La narración de Jorg de los actos de su banda de desagradables es absolutamente despidada. Jorg se mueve constantemente entre la amoralidad absoluta, un implacable sentido de la venganza y la locura más extrema; el veneno del espino todavía corre por sus venas, pero no hay excusas, no hay culpables externos, ya que las acciones de Jorg son de Jorg y de nadie más…

… y este es el protagonista de la historia, con sus protagonistas secundarios asociados. Un asesino, violador y obseso con la venganza que busca retribuir al mundo con un mar de dolor interno.

El cambio de foco protagónico funciona, ya que la voz de Jorg, un poco demasiado envejecida para su edad (el producto de las atrocidades sufridas), es absolutamente hipnotizante. Si bien es imposible no sentirse repugnado por las atrocidades que comete, es muy difícil abstenerse de terminar alentando al príncipe en su búsqueda de venganza. La habilidad mayor de Lawrence radica en distorsionar la perspectiva y el punto de vista, hacer de un ser desagradable el protagonista de una historia clásicamente asociada al “héroe contrariado, en búsqueda de retribución” y no perder al lector en el proceso.

La narrativa tiene un paso frenético y fracturado temporalmente, ya que los capítulos alternan entre la actualidad y el pueblito que el Príncipe esté pasando a cuchillo en ese momento, y cuatro años atrás, antes de la tragedia que inició esta locura sangrienta en el titular de la novela. La historia lleva al lector por el camino de la retribución de Jorg hacia quienes lo transformaron en lo que es, cuestión de la que no se lamenta, por suerte; mucho podría criticarse el hecho de que Jorg achacase su naturaleza brutal a factores externos. En mérito de Lawrence, Jorg demuestra ser lo que es porque elige serlo; otro camino reduciría el impacto.

Ni siquiera sus asociados cercanos están exentos de la “atención” del Príncipe. Jorg asesina, intimida, destroza y traiciona a sus compañeros más cercanos, cuestión que lo acerca más y más a ganar el “juego” que percibe subyace a la lucha por el trono (rastros de Martin), por lo estén preparados para acciones impensables a cargo del adolescente más sanguinario de la literatura fantástica.

“Prince of Thorns” puede resultar difícil de digerir para muchos, pero es uno de las mejores novelas fantásticas del año y la recomiendo sin reparos. Desconozco si alguna traducción castiza está en curso, pero no dudo que así sea, dada la calidad de la obra de Lawrence que, a pesar de tener una resolución razonablemente autocontenida, constituye el primer paso en una serie – trilogía ("The Broken Empire").

Si tienen la oportunidad, déjense enganchar (o “espinar”) por la historia del Príncipe más oscuro de todos. Terminarán cubiertos de sangre, pero seguro se quedan con una sonrisa en los labios.

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