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Reseña: El asesino hipocondríaco

Por el Libros

Reseña: El asesino hipocondríacoUn asesino a sueldo tiene a su indefensa víctima frente a sus ojos, pero no puede matarla porque se lo impiden sus decenas de enfermedades imaginarias. Este relato en primera persona tiene momentos muy divertidos, aunque puede volverse repetitivo conforme avanzan los capítulos.

Reseña: El asesino hipocondríaco

Reseña: El asesino hipocondríacoLa premisa es interesante. Un asesino a sueldo que cree sufrir todas las enfermedades habidas y por haber. Un relato narrado en primera persona, con los sucesivos intentos de este sujeto por terminar con la vida de su objetivo. Sin embargo, hay algo que no cierra. ¿O seré yo, que estaré sufriendo un síndrome de inconformidad literaria? Creo que tengo fiebre, debería ver a un doctor...

El misterioso M.Y. es argentino pero vive desde pequeño en España, donde se gana la vida matando gente. En realidad poco se sabe de él, y no queda claro quién podría interesarse en contratar a alguien tan torpe, pero muchísimas comedias gloriosas tienen a esta clase de protagonistas. No le busquemos la lógica.

Durante las 210 páginas de esta novela, el asesino intercalará sus experiencias "laborales" con las historias de vida de otros hipocondríacos como él, todos ellos famosos. En las primeras habrá tiempo para la descripción de las más extrañas enfermedades, y las dificultades que estas le representan a la hora de realizar las actividades más cotidianas (y las otras).

Sin embargo, el personaje creado por el español Juan Jacinto Muñoz Rengel cansa un poco, más allá de que sea la idea. Pese a la longitud antes mencionada y a estar escrito en capítulos muy cortos, el libro se torna repetitivo en la segunda mitad, y no hay biografía famosa ni desarrollo (mínimo) de la relación entre víctima y victimario que acelere la lectura de esas páginas.

M.Y. es un personaje excusa para describir dolencias cada vez más disparatas, y quizás como cuentos independientes, fracasando con diferentes víctimas. Pero eso lo digo de atrevido nomás.

Se lee de un tirón y quizás más de uno pueda disfrutar más que yo de las desventuras de este hombre que tiene un pie mucho más grande que el otro, ve a través de las paredes, tiene a su hermano gemelo pegado del cuello y una vez casi fue mamá.

Aunque todo eso junto resulte un-poquito-demasiado.

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