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Reseña: El Verano de los Juguetes Muertos

Por el Libros

Reseña: El Verano de los Juguetes MuertosUn inspector con problemas de ira debe investigar la muerte de un jovencito de la alta sociedad. Esto disparará una trama repleta de secretos, traiciones y todas esas cosas que ya vimos una y otra vez en las series del cable. Entretiene sin reinventar la pólvora.

Reseña: El Verano de los Juguetes Muertos

Reseña: El Verano de los Juguetes MuertosLas series televisivas me enseñaron que cualquier crimen se resuelve en una hora (cuarenta y cuatro minutos si no tiene cortes), con un par de sospechosos que no resultan serlo hasta que una evidencia surgida sobre los minutos finales del episodio logra la confesión del asesino. Casi siempre se trata de un asesinato.

Es difícil pasar de la pantalla a la página con un típico caso televisivo, y no sentir que los protagonistas tardan demasiado tiempo en resolver el misterio, aunque solamente sean cinco días. De todas maneras, "El Verano de los Juguetes Muertos" se lee de un tirón (o un par de ellos) y logra el primer objetivo, que es entretener al lector.

Lo que Toni Hill (Barcelona, 1966) no logra, es crear una obra trascendente. La historia no es previsible, pero abunda en figuritas repetidas como el imperfecto miembro de la fuerza policial, las familias de la alta sociedad con oscuros secretos, y la mujer fatal que se lía con el imperfecto.

Al principio del libro, saltan a la vista algunas herramientas del autor para darnos la información más básica, como el nombre de los personajes y algunas de sus características.

Hill funciona mejor cuando sus personajes están conversando, que cuando le toca describir lo que piensan o hacen. El punto más bajo son las escenas cachondas, en una de las cuales aparece la frase: "sus cuerpos ardían y sus manos, que hallaban rincones conocidos, pedazos de piel caliente que se convertían en resortes perfectos, sólo servían para avivar el fuego".

Para hacer justicia, los puntos más altos están en las interacciones entre los protagonistas, que incluyen al inspector Héctor Salgado (que estuvo en problemas por calentón) un par de compañeras de trabajo (sin caer en violencia de género, ambas podrían haberse transformado en un solo personaje) y todos los ricachones.

Las 360 páginas se pasan a buena velocidad, aunque lleven un poco más que una hora (o cuarenta y cuatro minutos). El autor intercala momentos de sus diferentes creaciones, revelando pequeñas piezas de información en la búsqueda de la verdad final.

Quien lea la novela encontrará recompensas a intervalos regulares, lo que sirve para mantener la atención, como esas escenitas vendedoras antes de ir a la tanda, que nos hacen soportar la tanda publicitaria.

Sobre el final de la historia, un par de paquetes de información nos son entregados a través de largos textos escritos por los personajes. Que ocurra eso tan cerca del final huele a salida fácil, y Hill lo podría haber resuelto de mejor manera.

Si buscan una versión escrita de las series policiales, que apuntan a fórmulas conocidas para lograr el entretenimiento, EVJM es una opción. Pero con seguridad habrá libros que cumplan ese requisito y dejen algo más.

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