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Reseña: Inferno

Por el Libros

Reseña: InfernoDan Brown está de regreso, con sus capítulos de tres páginas, sus recorridos por los museos y sus personajes que saben de todo excepto de lo que el lector tiene que aprender en ese momento. Inferno es un thriller pochoclero, demasiado parecido a los anteriores.

Reseña: InfernoTengo la teoría de que el éxito mundial de Dan Brown le llegó por casualidad. El tipo escribía sus novelas en un teclado defectuoso, con teclas como Control y Shift que se le apretaban solas. Cuando terminó, se dio cuenta de que había hecho decenas de saltos de página sin querer y le había quedado una novela con 100 capítulos cortos. El resto fue historia.

Más allá de esta recreación (tan real como la de los pastores en la madrugada), es indudable que uno de los ganchos más fuertes de la literatura de Dan Brown está en esos capítulos que se leen como taponazo y que suelen terminar en una revelación, o en la promesa de una revelación, como la última página de un cómic de Geoff Johns.

No es el único mérito de Brown, que sabe construir historias que transcurren a un ritmo frenético, como si fueran episodios de 24 en los que Jack Bauer tortura cuadros de pintores renacentistas para impedir un atentado terrorista. Al igual que 24, esta forma de contar se vuelve repetitiva con el correr de los libros/temporadas.

Robert Langdon, protagonista de las últimas novelas, será el encargado de tener la mayoría de esas revelaciones. Así que en más de la mitad de los capítulos, cuando estemos llegando al final, lo leeremos decir "ya sé lo que significa esa pista", para revelarlo al comienzo del capítulo siguiente.

Para cuando uno empieza a cansarse de este recurso, ya pasó la mitad del libro y a una velocidad de lectura considerable, por lo que alcanza con ponerse el piloto automático y aprovechar un par de viajes en ómnibus más para llegar al desenlace de la historia.

Brown maneja bien esos ritmos y su punto más elevado es un sencillo "Shyamalan" que después arruina un poco, al condimentarlo con elementos de "The Game", aquella película de David Fincher.

Y lo que más molesta, si uno presta atención (como cuando empezás a prestarle atención a la respiración y después no podés dejar de hacerlo) es cómo los dos protagonistas, Langdon con su memoria eidética y una muchacha superdotada, "se olvidan" de cosas todo el tiempo, para que uno se las explique al otro y de esa manera al lector. Esto sucede casi todo el tiempo en el cine y la televisión, aunque se encargan de tener a un personaje novato para que todos le expliquen a él.

Una característica destacable de El Código Da Vinci y de algún otro de sus títulos, era la capacidad de Dan para inventar una conspiración basado en elementos inconexos del pasado (algo que también hacían los editores de El Péndulo de Foucault, de Eco), como detalles en las obras de arte o la ubicación de edificios históricos. Pues bien, en Inferno eso se pierde, ya que el único "misterio" está basado en pistas creadas en la actualidad, transformándose en una suerte de "¿Dónde en el mundo está Carmen Sandiego?".

Como thriller en papel, Inferno funciona por su capacidad de engancharnos capítulo a capítulo, pensando "uno más, si total son tres páginas" y construyendo una aventura con misterios interesantes (y de los otros). La capacidad de Brown para describir bellezas arquitectónicas y artísticas sigue intacta, aunque la repetición de fórmulas podría agotar a quien ya estuvo en contacto con su obra.

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