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Reseña: Los Supremos

Por el Libros

Reseña: Los SupremosEn 2013 se editó la antología de cuentos "Los Supremos: Superhéroes y cómics en el relato hispánico contemporáneo", que contaba entre sus participantes con nuestro Hijo de Chuck Norris. Para darnos su super-visión del mismo, recibimos al periodista y escritor Ramiro Sanchiz.

Suprema ironía

Es tentador comenzar una reseña de Los supremos – superhéroes y cómics en el relato hispánico contemporáneo, el reciente compilado de narrativa breve publicado por la editorial boliviana El Cuervo, afirmando que el prólogo del compilador –el peruano Salvador Luis– es más interesante que la gran mayoría de los cuentos incluidos. En realidad no es cierto, al menos formulado de esa manera, pero no cabe duda de que el prólogo en cuestión es un texto inteligente y esclarecedor, seguramente entre lo más lúcido que se ha escrito sobre el género superhéroes en América Latina. Va una cita larga a modo de prueba:

Es justo señalar que los superhéroes no emanan precisamente de un plan de dominación mundial que resalta los intereses de la burguesía o las clases dominantes del "Imperio" (aun con todo el aparato de mercadotecnia y publicidad que los envuelve o el uso nacionalista que se les dio durante el quinquenio de la Segunda Guerra). Los comic books de superhéroes, como todos los productos culturales, pertenecen a un contexto y por ende resumen una especificidad social, en este caso enraizada en los Estados Unidos. Dicha especificidad, sin embargo, no debe tomarse a la ligera a partir del principio hegeliano del amo y el siervo, pues ni los creadores de superhéroes son señores todopoderosos en busca de obedientes ni los lectores del género sus esclavos. La asociación entre ambos grupos recae más bien en la afinidad por un producto cultural, en el intercambio simétrico y la comunicación recíproca. (p.17)

Salvador Luis logra, en definitiva, proponer una reflexión interesante y valiosa –con un sólido aparato bibliográfico y cierto ímpetu académico– sin que en momento alguno sea dejado de lado o minimizado el lugar del fan, del lector de historietas. Ese acercamiento empático, por llamarlo de alguna manera, parece ofrecer un relieve especial a las palabras del prólogo, enmarcadas, además, en un relato de corte autobiográfico (que sirve, además, de aporte a una posible historia de la lectura de historietas de superhéroes en Latinoamérica).

Reseña: Los Supremos

Algo similar –y ya saltando a los textos compilados– propone el español José Óscar López en su epílogo, que fusiona autobiografía con una reflexión sobre las historietas muy diferente a la del prologuista y compilador, más cercana a una hermenéutica o “interpretación” de la figura del superhéroe que a una lectura más atenta al contexto cultural del género.

En cualquier caso, tanto el prólogo como el epílogo trazan líneas fértiles de lectura de los cuentos incluidos. Por ejemplo, es posible leer el libro atendiendo a los elementos de distancia o parodia o ironía, estrategia prevista por Salvador Raggio, quien moviliza las nociones de "dislocación", "reenmarcación" y de "revisiones y apropiaciones paródicas" (p.29). Así, ese distanciamiento o ironía es rastreable a lo largo del libro y sus modulaciones a cargo de cada uno de los autores establecen un sistema de diferencias.

Los aportes del uruguayo Ignacio Alcuri, por ejemplo, incorporan tanto la distancia irónica como un tratamiento erudito. Sus dos cuentos ("La súper solución" y "Cuatro crisis y un funeral") pueden leerse como una parodia del género superhéroes (se trata, además, de los textos más abiertamente humorísticos del libro) en la que la distancia con respecto al objeto parodiado no está resuelta lisa y llanamente con una ironía de tipo crítico o demoledor sino que interactúa con una clara exposición del conocimiento de su autor acerca del género, ofreciendo un entramado complejo que bien podría ser leído desde las ideas de Eloy Fernández Porta en su ensayo Afterpop. Entre los posibles ejemplos de esta peculiar distancia irónica cabe citar una nota a pie de página en la que se aclara que cierto elemento de la trama funciona "desafiando todas las leyes de la óptica" (en "Cuatro crisis y un funeral"); ejemplo de lo que hemos llamado acá erudición (o conocimiento enciclopédico del género) podría ser –sin buscar demasiado– la referencia a Kanjar Ro en "La súper solución". A la vez, es fácil leer en esta línea tanto el título del otro cuento mencionado, con su referencia a las periódicas “crisis” del universo DC (y su incorporación al relato incluyendo más guiños –verdaderos guiños dentro de guiños–, como la mención a una "crisis de identidad") como el gesto de visibilizar tan notoriamente un error de corte científico, casi como si se quisiera señalar que ese tipo de errores son harto comunes en el género o, incluso, que el género vive de ellos o a pesar de ellos.

En el extremo opuesto del distanciamiento podríamos ubicar "Los ojos de Nabu", del mexicano Antonio Ramos Revillas, que narra una historia fácilmente asimilable al cómic de superhéroes y por tanto ofrece una parodia del género (porque traduce el lenguaje de la historieta a uno notoriamente diferente, el de la ficción literaria) en apariencia del todo libre del componente humorístico o crítico. El cuento remite (del mismo modo que la sección del libro que lo incorpora) a la lucha entre los Señores del Caos y los Señores del Orden, del universo DC, y narra el origen de un avatar del más prominente de los segundos.

Una lectura más atenta podría, de todas formas, poner en duda la afirmación de que este texto está “completamente libre” del distanciamiento irónico; la incorporación de un bloque completo del cuento "El Aleph", de Borges, parece llamar la atención sobre el fondo digamos “textual” de ciertos procedimientos, sobre la escritura misma, el tono o incluso el estilo, de modo que el tono por momentos ampuloso del relato podría quedar asimilado a una posible afirmación de corte "así se traduce a la narrativa literaria el lenguaje gráfico-secuencial de los comics de superhéroes". Esta última hipótesis, de todas formas, es enfrentada por el propósito más bien didáctico de aclarar –en una nota a pie de página– el origen de ese bloque, de paso incorporando a Borges, de alguna manera, al universo ficcional convocado.

En última instancia, la de Ramos Revillas es una estrategia compleja, y su resultado textual contrasta en muchos sentidos con los cuentos de Alcuri, casi como si plantearan dos extremos de la selección. El otro cuento aportado por el mexicano, sin embargo, plantea un enfoque considerablemente más ligero y humorístico (en el que la ficción de superhéroes toca la tradición del relato de aventuras de un modo a su vez irónico o distanciado, en tanto encontramos a Batman, Superman y otros héroes integrando un club de lectura que comenta El castillo de los Cárpatos, de Verne), lo cual genera un relieve todavía mayor para "Los ojos de Nabu".

Quizá uno de los mejores textos del libro es "Epílogo", del cubano Jorge Enrique Lage, en el que leemos la peripecia de un superhéroe contratado por Fidel Castro. El entrelíneas político está clarísimo, pero no depreda el relato superheroico sino que, al igual que los textos mencionados más arriba, ofrece otra interacción compleja. El propósito humorístico es mucho más notorio en "Batidora", el otro texto aportado por Lage, que resulta efectivo en su brevedad pero que integra, de todas formas, la zona más olvidable del compilado.

Más alejado del tratamiento de fan ofrecido por Alcuri o incluso Ramos Revillas (en esa dimensión o desde ese punto de vista el uruguayo y el mexicano integran el mismo equipo, en tanto ambos se paran desde el lugar de la erudición) aparece el boliviano Maximiliano Barrientos con sus cuentos "Los lobos" y "Comic". En ambos lo superheroico es trabajado como un disparador más de sentido –entre otros tantos–, y sus menciones a personajes como Daredevil o los integrantes de la Liga de la Justicia funcionan más como un elemento extrañador de la trama que como una ironía, una apropiación o un comentario sobre el género. Indudablemente se trata de dos de los mejores cuentos del libro, en particular "Comic" –con sus empleados de un restaurante de comida rápida disfrazados de superhéroes–, que parece compartir la sensibilidad literaria de los escritores estadounidenses de la alt-lit y confirman a Barrientos como uno de los escritores más atendibles de la literatura latinoamericana reciente.

Cerca de "Los ojos de Nabu" en cuanto a uso del distanciamiento podría ubicarse "El hombre sin miedo", del español Iván Humanes, que se apropia de la voz de Daredevil y narra una aventura posible del héroe, como también lo hace el otro cuento incluido de este autor, titulado "Zombi". Sin resultar fallidos –de hecho ambos son ágiles y fluidos–, están entre los textos más anodinos u olvidables del libro. A la vez, en el área menos distanciada o irónica hay que incluir el excelente "Órganos", de Guillermo Barquero, de Costa Rica.

Uno de los textos más singulares (desprovisto de erudición historietística y descentrando totalmente el elemento paródico o irónico) es "Simón el supremo", del ecuatoriano Miguel Antonio Chávez, que reescribe la narrativa (o una narrativa posible) de los evangelios incorporando elementos del comic de superhéroes. A la vez, el otro cuento de Chávez, "Great powers, great responsabilities" trabaja la noción de superpoder en el contexto de la vida cotidiana y genera también, como cabe imaginar, un fuerte efecto de distanciamiento irónico, más asimilable a las propuestas de Alcuri.

También cercano al tratamiento humorístico de Alcuri están los aportes del argentino Pablo Natale, en particular "Las aventuras de Otto Lidenberg, el supercoleccionista", aunque en este relato no está del todo presente un discurso narrativo sobre el género superheroico, sí especialmente visible en los textos del uruguayo, que funcionan como metanarraciones. El otro texto de Natale, “El señor de los himnos salvajes”, que ofrece un notorio contraste con su predecesor, es sugerente y también otro de los mejores momentos del libro.

Evidentemente un panorama tan variado como el que ofrece Los supremos posibilita diversas líneas de lectura y estrategias de acercamiento a los textos. A la vez, un análisis más detallado de las estrategias movilizadas por estos textos exigiría el manejo y la puesta en evidencia de un marco teórico capaz de definir adecuadamente "ironía", "distancia", "parodia"; sin embargo, incluso en un acercamiento como este, más rasante, es importante no olvidar que el esquema de las apropiaciones incorpora varias dimensiones, entre ellas la de traslado o traducción de un lenguaje (la historieta) a otro (la narrativa literaria) y el diálogo entre las tradiciones nacionales (Argentina, Uruguay, Costa Rica, España, México, Bolivia, Perú, Cuba, Ecuador) a las que cabría vincular a sus autores y el contexto cultural original de las ficciones de superhéroes, tema atendido por Salvador Raggio en el prólogo, así como también vale la pena considerar la variedad de estrategias movidas por autores que pertenecen, en líneas generales, a la misma promoción o “generación” (el mayor es José Óscar López, que nació en 1973, y los menores Natale y Alcuri, de 1980). En ese sentido Los supremos es una excelente muestra del estado de la nueva narrativa latinoamericana y su arsenal de procedimientos de apropiación de lenguajes y tradiciones.

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