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The Silence of the Lambs: la novela

Por el Libros

The Silence of the Lambs: la novelaHannibal Lecter ya había aparecido en una novela y la novela ya había sido llevada al cine, pero fue en esta historia de Thomas Harris en la que el caníbal conquistó al público, primero en el papel y luego en el celuloide. Dicen que menos es más, excepto en su caso.

The Silence of the Lambs: la novelaMi experiencia como lector de Red Dragon fue cuesta arriba, y sólo se acomodó en cuanto aparecieron las primeras imágenes de la nueva temporada de Hannibal, en la que contarán esta historia. Con Silence of the Lambs la cosa fue distinta, no sólo porque la novela es bastante más corta, sino porque hay mucho más Hannibal Lecter. Y uno nunca tiene suficiente Lecter.

En el libro anterior me sorprendió lo poco que aparecía el caníbal. Todo giraba en torno a Francis Dolarhyde, tanto en el presente (sus crímenes y la relación que parecía alejarlo de ellos) como en el pasado (los terribles hechos que forjaron su personalidad). Lecter se limitaba a un par de intervenciones, importantes para la trama, y a dejarnos en claro que era un tipo con el que no convenía joder.

El autor Thomas Harris parece que entendió el filón que tenía entre manos y para la segunda historia del Lecterverso le dio un papel preponderante. Aquí los protagonistas son Clarice Starling y él, con Jack Crawford y el asesino serial de turno (Buffalo Bill) en un segundo plano.

Aquellos que hayan visto la película de Jonathan Demme con Anthony Hopkins y Jodie Foster se encontrarán con que la novela fue fielmente adaptada, con atajos para que la historia entre en menos de dos horas, pero tocando los puntos claves de la narración. Y por más que mi memoria apesta, no tuve grandes sorpresas en las páginas.

Eso no impidió que disfrutara la historia de la joven aprendiz del FBI que es sacada en medio del curso por Crawford para lograr la colaboración de Lecter en la búsqueda de un tipo que anda desollando muchachitas (que no es lo mismo que deshojando margaritas) en Estados Unidos.

Si lo que más queda en la mente del espectador de cine eran aquellos encuentros entre Clarice y Hannibal en los que intercambiaban información ("quid pro quo"), lo mismo sucede en la novela. La extensión permite un desarrollo mayor de los diálogos, con lo que logramos tener alguna pista de lo que motiva al peligroso asesino.

Lecter, en el libro, es casi un vampiro que se alimenta de los sentimientos negativos de quienes lo rodean, ya sea el odio de Frederick Chilton cuando se burla del rechazo a sus escritos o los momentos difíciles en la infancia de Clarice, con los corderos que están en el título original y que fueron cambiados por "inocentes" porque aparentemente los latinos somos imbéciles.

La mayor parte de la historia transcurre en un período de tiempo muy corto, en una cuenta regresiva que comienza cuando Buffalo Bill comete el "error" (nótese las comillas) de secuestrar a la hija de una senadora. Todo pasa en los tres o cuatro días estimados antes de que el pillo mate a su víctima.

Harris logra transmitir el nerviosismo de los involucrados, aunque al final quede la sensación de que demasiadas cosas ocurrieron en pocos días, entre charlas con Lecter, traslados peligrosos, problemas personales de Crawford y el miedo de Starling a que el FBI la deje repetidora por faltas.

Lecter tampoco puede ocultar algunos puntos del libro que aparecen como inferiores con respecto a su antecesor: Clarice se vuelve interesante cuando la vamos conociendo, pero nunca termina de convencer la elección de ella como "nueva Will Graham". Lo que sí queda claro es que ella no es Will Graham.

De Jame Gumble (Buffalo Bill) sabremos poco y nada hasta el final del libro. En Red Dragon conocíamos hasta de canto la historia del villano de turno y aquí nos vamos al otro extremo. Son pocos los episodios basados en su punto de vista o el de la pobre muchachita secuestrada, y suelen estar entre los que corren más lento. Especialmente uno, sobre el final, en el que nos enteramos acerca de su sala de costura y es de lo más aburrido de todo el libro.

Crawford, mientras tanto, tiene motivos para irse alejando de la historia y sólo por eso lo perdonaremos. Es el mismo manipulador de siempre, pero con razones para estar bastante distraído.

Y por último está Lecter: seductor, misterioso y muy, muy paciente. Este caso le dará la oportunidad perfecta para salir de su celda de máxima seguridad y está claro que la pensaba aprovechar. Sin embargo, en una movida cojonuda del señor Harris, en la recta final del libro nos deja entrever que Hannibal no era tan inteligente como parecía y en realidad ligó bastante, lo que disminuye un poco sus "poderes".

Si Anthony Hopkins volvió a ser Lecter en otras dos películas y luego vino otra sobre su juventud y una maravillosa serie de televisión, fue porque Silence of the Lambs (la novela) funciona y porque su adaptación logró capturar eso que la hace funcionar. Lo capturó y lo tuvo varios días en un pozo bajo tierra para luego arrancarle la piel.

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