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NYCC: Día Uno

Por el Miscelánea

NYCC: Día UnoEl primer día de la Convención de Cómics de Nueva York fue tranquilo en cuanto a la presencia del público, pero movidito en relación a mi actividad dentro del gigantesco Javits Center: el otro periodista acreditado de nuestro grupo de viaje y yo nos hicimos adictos a las compras de cómics.

NYCC: Día Uno

Dejamos atrás a las oficinas de DC y nos dirigimos al evento que sirvió de excusa para acercarnos hasta esta ciudad: la Convención de Cómics de Nueva York. El último gran bastión de las convenciones cuyo principal atractivo son las historietas, dejando al cine y a los videojuegos en un (muy honorable) segundo puesto.

Lo primero fue acercarse al mostrador de profesionales y prensa, para retirar la acreditación correspondiente, que no tiene otra ventaja que no sea la de saltearse el precio de la entrada: no sirve para saltearse las filas en una charla ni para entrar si está llena. Pero la legitimación a Multiverseros llegó, y aquí está la prueba.

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Al poco tiempo me di cuenta de que una cobertura "periodística" sería imposible. El Javits Center es realmente inabarcable y sentía que podría disfrutarlo menos si me esforzaba por ser Clark Kent. Tomé el camino más sencillo, el de ser un Jimmy Olsen, sacando fotos que sirvieran de ayuda-memoria, para después volcar mis emociones a través de la página.

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Como pueden ver en la fotografía anterior, el jueves el inmenso centro de convenciones estaba bastante despejado. El ingreso era solamente para quienes tenían los pases de cuatro días, así que se podía circular con relativa tranquilidad. Ese fue el día en que Andrés Accorsi y yo fuimos bautizados "adictos", debido a las horas que pasamos revisando los stands que vendían cómics, buscando "tepés" que nos faltaran en nuestras extensas colecciones.

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Esta imagen describe la mayoría de los puestos que recorrimos ese primer día. En la convención está la zona de artistas, la de editoriales, las empresas que promocionan los productos, y la zona del "paco" (Accorsi dixit), donde los precios eran tan bajos, que adoptamos la unidad de medida del dinero "tepé", equivalente a 5 dólares. Algo que costara 15 dólares, costaba 3 tepés. Así aprendimos a cuidar el dinero... para poder dilapidarlo mejor.

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El primer día compré una gran cantidad de tepés. Encontré tomos recopilatorios de miniseries que tengo en finitas, gangas, cosas que pintaban muy bien y otras que Accorsi prácticamente me obligaba a comprar, asegurando que mi vida cambiaría con la lectura de tal o cual historia (si cambia con cada una de ellas, otra que Resurrection Man voy a ser).

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Como pueden ver, la oferta era enorme. En la zona del paco podían encontrarse cómics con algunos añitos, a precios inflados por los coleccionistas, o cómics con algunos añitos, a precios irrisorios. Mientras tanto, mi espalda se iba destruyendo con cada nuevo tomo que se sumaba a la mochila. Al final tuve que cargar una bolsa en cada brazo, porque no daba abasto (la mochila).

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De esos cómics que aparecen en la foto, por ejemplo, no compramos ninguno. Fíjense que a mitad del precio de tapa, un tomo de 20 dólares te salía 10, o sea, dos tepés. Con dos tepés, en algún otro puestito te podías comprar dos tepés. ¿Se entiende? Porque dos de mis compañeros de viaje todavía no nos entienden.

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Sí, hicimos cosas de las que no nos sentimos orgullosos. Pero ya les hablaré de mi botín de guerra y comprenderán por qué valía la pena pasarse horas y horas del primer día revolviendo cajas, antes de que llegaran otras personas y se llevaran nuestros tesoros.

Nuestro día no terminaría allí, porque al menos dos de nosotros zarpamos rumbo al Bronx, para asistir a uno de los picos más altos de mi visita a Nueva York, pero esa es otra historia. Una en la que cargo con kilos de libros durante horas y horas...

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