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NYCC: El botín

Por el Miscelánea

NYCC: El botínDel viaje a Nueva York traje un montón de recuerdos imborrables acerca de la Convención de Cómics y otros sitios turísticos de la isla de Manhattan. Y también traje un montón de cómics, DVDs y muñecos para los que tuve que comprar una segunda valija.

NYCC: El botín

Esta nota se hizo esperar demasiado, lo sé. Por un lado, tenía que recopilar todos los elementos adquiridos durante el viaje, para la obligatoria producción fotográfica. Por el otro, temía que andar mostrando mis tesoros fuera tomado como algo petulante. Al final me decidí: había que compartir la alegría.

Así que separé los objetos por categorías, los fui depositando por tandas sobre la mesa del comedor, y nuevamente puse en práctica mis pésimas aptitudes para la toma de imágenes. Pasen y vean.

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Era obligatorio empezar por los cómics. Si bien estaba en mis planes adquirir tomos durante la Convención de Nueva York, jamás pensé que fueran tantos. Es que estaban tan baratos... y me dejaban firmar los cheques con un sello, Marge. ¡Con un sello!

En fin. El primer cómic que llegó a mis manos fue Spaceman, que recibí de regalo al finalizar mi visita a DC Comics. Restaban seis días para que se pusiera a la venta, así que fue toda una exclusividá.

Salvo ése y uno más que adquirí en St. Mark's Comics, el resto de los que aparecen en la foto fueron comprados en los diferentes puestitos de la Con. En su gran mayoría a 5 pesos (dólares), más algunos a 3 (los 100-page de DC) y uno que compré a mitad de precio de tapa el último día. Bastante DC y Vertigo, algunas cosas de Marvel recomendadas por Andrés Accorsi y un puñado de cosillas de otras editoriales.

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Si soy yo el que prende la tele en casa, suele ser para disfrutar de algún envío televisivo o cinematográfico que adquirí de antemano. Hasta que cerró el videoclub del supermercado, revisaba periódicamente la batea de DVDs usados a la venta, para aumentar una colección de películas que seguramente no vea jamás.

Cada uno tiene sus problemas (los míos son unos cuantos), así que durante el viaje también continué con mi costumbre de agrandar la devedeteca.

Durante los primeros cuatro días, que pasé dentro del Javits Center, lo único que adquirí fue el volumen que recopila todos los cartoons del Hombre Plástico. Sin el doblaje en español (ni subtítulos en nuestro idioma), pero desde hace un tiempo que soy fundamentalista del idioma original. Y en el caso del inglés, también lo entiendo bastante.

En los últimos cuatro días, cuando recorrí otras tiendas de la isla de Manhattan, encontré joyas nuevas y usadas, como temporadas de shows que jamás vi a la venta por acá (Mr. Show, Flight of the Conchords, Louie) y un par de títulos que me faltaban de las aventuras animadas de DC (Wonder Woman, Superman/Shazam).

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En esta categoría, debo confesar que no compré específicamente aquellos coñemus (gracias Accorsi por pegarme la palabra) que más me gustaban, sino que buscaba la combinación personaje de DC-baratija. Sólo hubiera pagado buen dinero por Plastic Man, y nunca apareció.

Lo que sí encontré fue una promo de tres por 20 pesos, alguno que estaba barato de primera y otros que vieron desplomados sus precios en las últimas horas del domingo. Toditos de DC, y de un tamaño considerado. Nada de macaquitos: señores macacos.

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Tengo una relación muy particular con la ropa. Durante años, mi madre podría haberme elegido el vestuario de cada día; alcanzaba con que cada mañana ella dejara arriba de la pila la remera que quisiera que yo usara. Con esto trato de pintar a un ser humano al que poco le importa el diseño de las telas que cubran su desnudez. Y los precios de esta rama de la producción freak no eran los más bajos.

Igual me compré alguna cosa. El último día, pasé por el local de merchandising oficial, y haciendo un ejercicio de introspección ("¿qué pasa si en una semana me arrepiento de no haber comprado esto?") decidí llevarme la remera y el hoodie (buzo con capucha para los mortales) de la convención.

Ese domingo hubo mucha venta de saldos de cómics y juguetes, pero muy poca de remeras. Solamente una dominicana (o similar) vestida de Gatúbela, que azotaba a sus clientes con la cola de su disfraz mientras hablaba en español, vendía tres remeras a 20 pesos. Eran todas de Marvel, ugh.

La última remera la compré en el Disney Store y está genial.

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Antes del final, me interesaba mostrarles las cosas que pude conseguir sin abrir la billetera (los freebies). Si hubiera dado más vueltas alrededor de los stands principales, hay grandes chances de que hubiera conseguido más porquerías. Pero pululé sobre todo por la zona de DC y allí conseguí algunos #1 de los "New 52" gratarola (Swamp Thing, Justice League), el del Free Comic Book Day y uno de la serie Arrow. Allí también ligué pines y caretas de Alfred E. Neuman (de cartoncito) y la Corte de los Búhos (plástico).

Una mención especial merece el gigantesco local de Craftsman, una conocida marca de herramientas. En colaboración con DC, con dibujos por Christian Duce, se elaboró un cómic en donde la Liga de la Justicia es salvada de un poderoso enemigo por el tipo que les arregla los autos, gracias a su destornillador eléctrico (marca Craftsman, por supuesto). El cómic era entregado a todo el mundo de forma gratuita.

Por ahí también se ve el programa de la convención, unos posavasos, libritos de muestra y un cómic completo que adapta el Libro del Apocalipsis, que el último día dejaron de regalo en la sala de prensa. Quizás no vendió como esperaban.

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Para el final dejé a las joyas de la corona, el orgullo de la colección personal NYCC2012. Objetos varios que volvieron dentro del equipaje de mano, para reducir la posibilidad de que se extraviaran (una de mis dos valijas llegó un día después, aunque la aerolínea lo hizo adrede).

Lo primero que obtuve fue mi pase de prensa. ¿Gratuito? Supongo, considerando que la llamada telefónica para pasar una decena de páginas por fax y así acreditarme la pagó mi viejo. Eso le pasa por tener fax. El primer día en NY fue el espectáculo de Seinfeld (ahí está la entrada) y la reunión en el pub para celebrar el final de Scalped (al fondo está el papel que dice "Reserved DC Comics" que robé de nuestra mesa al final de la noche).

En la convención compré el destornillador sónico funcional del undécimo doctor (funcional porque se despliega y tiene luz y sonido, nomás), en Forbidden Planet el Bender parlanchín con ojos intercambiables, y en St. Mark's el broche de Mano del Rey.

El dispensador de jabón con forma de águila lo compré el último día, en un supermercado en donde todo el tiempo (TODO EL TIEMPO) se escuchaban versos del Corán. Me costó 2 pesos, pero en mi mente hubiera pagado hasta 10.

Hora de guardar el botín de nuevo. Esa mesa debe utilizarse para comer. Ustedes comprenderán.

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