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Visita a Comicópolis 2015

Por el Miscelánea

Visita a Comicópolis 2015Se llevó a cabo en Buenos Aires la tercera edición del Festival de Historieta conocido como Comicópolis y allí estuvimos, armados de mucha curiosidad, un celular que no saca fotos como uno quisiera y pesos argentinos adquiridos al valor oficial. Aquí está la crónica.

Del 17 al 20 de setiembre (técnicamente sePtiembre, porque fue del otro lado del río), se desarrolló la tercera edición de Comicópolis, el Festival Internacional de Historieta que se lleva a cabo en Tecnópolis. Aprovechando que mi "marido argentino" Gustavo Sala se haría presente, abusé de su hospitalidad como él ha sabido abusar de la mía y me embarqué hacia Buenos Aires.

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Para entender lo que es Comicópolis hay que entender lo que es Tecnópolis. Se trata de un parque, mezcla de nuestro LATU y nuestra Rural del Prado, pero de dimensiones argentinísticas. Allí hay una serie de muestras relacionadas con la ciencia y la tecnología, más otras que van rotando a lo largo de los meses que permanece abierto. La entrada es gratuita y este no es un dato menor a la hora del evento que me convocó.

Hasta allí llegué munido de mi teléfono celular y su torpe cámara de fotos. La idea era disfrutar de los tres días del evento (llegué el viernes) y no de hacer una "cobertura", lo que no impidió que tomara unas cuantas imágenes, especialmente para refrescar mi memoria.

Por ejemplo, ni bien llegué en camioneta al lugar, me recibió un altar a la Virgen del Luján en forma de tanque de guerra, con una pintura en el medio donde puede verse otro tanque. "Toto, tengo la sensación de que ya no estamos en un país laico", dije para mis adentros.

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Ingresé por la entrada de servicio así que lo primero que vi fueron los grandes pabellones del festival; habría tiempo para el resto del recinto. Si antes lo comparaba con el LATU, Comicópolis ocupaba varios pabellones, casi todos interconectados, en donde se desarrollaban las charlas, exposiciones, el combate de dibujantes y por supuesto había una gran cantidad de puestos de venta, privilegiando la historieta por sobre otra parafernalia, por una mayoría absoluta y abrumadora. A los fanzines los mandaron arafue, lo que generó una polémica, aunque de poca monta y profundidad irregular. Como los fanzines.

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Cabe mencionar que Tecnópolis depende de la Presidencia de la Nación, así que el jueves aproveché mi cercanía al artista antes conocido como Sala (y ahora también) para comerme un pancho nacional y popular, aunque ellos le digan salchicha.

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Hablando de Sala, su papel durante todos esos días fue el de conductor del llamado Combate de Dibujantes, que enfrentaba a 16 artistas en duelos de tres rounds sobre un ring. En cada round debían dibujar consignas pergeñadas por el conductor o alguno de los presentes, quienes elegían con sus aplausos al ganador. Después de varios combates y de que la garganta de Sala lo diera prácticamente todo, Diego Parés se coronó campeón, gracias a una combinación de exquisito dibujo veloz y muchísimo histrionismo en cada una de sus presentaciones.

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Como ocurre en esta clase de eventos, los cosplayers estuvieron a la orden del día, sin embargo no estaban por todas partes, sino que tenían uno de los pabellones externos (que confieso que no visité) y recién el domingo se vio una cantidad mayor. Yo aproveché para practicar uno de mis hobbies preferidos: sacarle fotos a los que sacan fotos a los cosplayers. Cada uno tiene el problema que quiere.

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Los invitados fueron uno de los puntos fuertes de Comicópolis, destacándose la presencia de Art Spiegelman (Maus), Howard Chaykin (American Flagg!), Jason (I Killed Adolf Hitler), Miguel Gallardo (Makoki) y Willem (Charlie Hebdo). Al menos para mí. Queda claro que esta crónica es bastante subjetiva.

Algunos de ellos se movían con dispositivos de seguridad, otros caminaban tranquilamente entre la gente. El mismísimo Willem trabajaba en su libretita, pasando desapercibido para la mayoría de los presentes. Por supuesto que estaba repleto de otras figuras, menos marquesineras (de marquesinas), incluyendo algunas de nuestro terruño. De ellos destaco al ascendente Juan Sáenz Valiente y a Pedro Mancini, que me firmó su Alien Triste.

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La primera de las charlas a la que asistí, tenía a Miguel Gallardo como protagonista y además de repasar su carrera, se refirió a su historia de vida como padre de una niña autista. Su relación con ella a través de los dibujos se convirtió en el libro María y yo (2007), que luego motivara la realización de un documental. En esta oportunidad nos presentó la "secuela", titulada María cumple 20 años.

De toda su charla, lo que caló más hondo fue cuando contó que la edición del segundo libro ilustrado lo llevó a comprobar que en muchas cosas María no había evolucionado y que eso fue devastador para él.

El documental de 2010 puede verse en YouTube y es tan duro como recomendable.

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Al costado de Comicópolis, relacionado por razones obvias con el festival, se encuentra una increíble muestra sobre El Eternauta, la afamada historieta de H.G. Oesterheld y Francisco Solano López. Lo interesante de esta muestra permanente es que toma la invasión extraterrestre como un hecho histórico "que nadie te contó" y partiendo de esa base muestra vestimenta, reconstrucción de los invasores y de la "Batalla de River", junto a entrevistas y otros elementos audiovisuales. En Internet pueden encontrarse mejores imágenes de todo lo que allí aparece, aquí van mis chapuceras tomas.

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El último día lo aproveché para recorrer el resto del parque, no sin antes descubrir lo que luego sería noticia: el obelisco porteño se había quedado sin punta. Se trataba de una intervención artística, aunque el remisero opinó con mucha seguridad que lo estaban estirando, cual alargamiento peniano de monumento.

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Ahora sí, en Tecnópolis aproveché otro hermoso día de sol para recorrer los espacios al aire libre, ya que otras exposiciones con componentes audiovisuales obligaban a hacer minutos de cola. Una de las atracciones más interesantes (de lejos y de cerca) es la de los dinosaurios, con modelos a escala dotados de cierto movimiento.

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Lo otro que llamó mi atención fue el espacio de Pakapaka, la señal infantil estatal, que entre su programación tiene como estrella a Zamba, un niño que viaja en el tiempo para presenciar los sucesos más destacados de la historia argentina, desde la independencia hasta la última dictadura (¡con Videla y compañía cantando!) y la Guerra de Malvinas. Más adelante tendrá "asombrosas" excursiones donde conocería a otras figuras del continente, de todas las épocas. Como el mismísimo José Gervasio Artigas, con quien me saqué una foto.

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Me quedaba tiempo para un par de actividades más. Otra interesante charla tuvo como invitados a Willem (quien se salvó de la masacre de Charlie Hebdo porque nunca iba a las reuniones de redacción), Diego Parés y el cubano radicado en Bolivia Frank Arbelo. Conducida por Andrés Accorsi, miembro de la organización (y del grupo de viaje de mi primera visita a la NYCC), la charla versaba sobre los límites del humor.

Por supuesto que el más directo fue Willem, aunque su charla fuera entrecortada por hablar en inglés y con ayuda de una traductora. Pero dejó la frase más interesante del fin de semana al preguntarle por sus límites. "Nadie tiene que darme permiso para hacer nada. Hago lo que quiero. Nadie es sagrado". Y recordó una frase ajena que dice que el humor tiene que reírse de todos, pero no con todos.

También fueron interesantes las intervenciones de Parés, quien reconoció que la polarización de su país llevó a que en un momento debiera "elegir bandos" y se definió como oficialista. El dibujante dijo que no haría humor con un funcionario corrupto del gobierno porque existen medios que seguramente lo harán. Más allá de las diferencias de opinión, su honestidad fue irreprochable.

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Quedaba tiempo para más. Art Spiegelman presentó su espectáculo Wordless!, con música de Phillip Johnston, que consiste en el repaso de obras mudas de la historieta de mediados del siglo pasado, especialmente aquella que había sido concebida en forma de grabado y gozó de una popularidad que sus hermanos de la tinta y el papel envidiarían.

Lo más interesante fue la introducción, ya que la sucesión de obras que tenían ideas similares (el héroe engañado, su amor imposible, el pasaje por la justicia, el capitalismo feroz) volvían repetitiva su presentación, aunque eran esos los momentos en los que la banda de Johnston le ponía su arte al asunto. La luz bajaba y el celular ya no daba más.

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Y la sorpresa. Uno de los espacios de Comicópolis era la exposición Minas, con dibujos acerca de mujeres de todas las épocas de la historieta argentina, desde Landrú hasta Quino, desde Solano López hasta Divito, desde Maitena hasta Fontanarrosa. ¿Quino dije? Pues mientras admiraba los originales escuché un aplauso y luego un apelotonamiento de gente, y me encontré frente a Joaquín Salvador Lavado, a quien le robé un poquito del alma que le iba quedando. A mi estilo, es decir, con una foto horrible.

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El último día llegaba a su fin y los locales de comida cerraban. Ya no quedaban las rabas que había disfrutado el sábado, pero desde otro local gritaron "¡queda la última arepa! ¿Quién la quiere?". Y yo, que no sabía lo que era una arepa y que después de haberla comido mantengo la interrogante, alcé mi mano y la reservé. Como era la última, vino cargadita.

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Y así terminó mi visita a la vecina orilla, ciudad con la que de a poco me voy amigando. Ya no me siento (tan) como Homero Simpson al visitar Nueva York. Me traje recuerdos, tres figuras de plomo de DC, un par de cómics y algo que en la Aduana creyeron que era un fajo de billetes y ocasionó que me revisaran la mochila. Eran sobres de figuritas.

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